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¿Y si en 2021 diseñamos nuestra ropa en lugar de comprarla?

La moda es creatividad, de eso no cabe duda. Pero como en cualquier disciplina artística, su proceso requiere de una gran dedicación y de tiempo. De esto último hemos tenido bastante, en un año en el cual (al menos por unos meses) los conceptos de trabajo, bienestar y ocio estaban envueltos en las cuatro paredes de nuestro hogar. Entre clases de fitness online, visitas virtuales a museos, tutoriales de repostería, videollamadas y coloquios en la red, la lista de actividades en casa parecía no tener fin. Si se suma a esto la creciente sensibilidad en torno a la sostenibilidad, vemos cómo tendencias como el DIY (hazlo tú mismo) o el upcycling han resultado ser una vía para canalizar la necesidad de un cambio en nuestros hábitos de consumo que pasa por reciclar y reutilizar antes que comprar. ¿Pero conservaremos esta actitud una vez pasada la pandemia?

Durante la cuarentena, el hazlo tú mismo parecía más bien una forma de matar las horas con una tarea manual o de actualizar el armario cuando comprar costaba más. En Singer, por ejemplo, reportan que en los meses de confinamiento sus ventas de máquinas de coser aumentaron en un 130%. Según cuenta aquí el investigador de marketing Jason Dorsey, podría ser el principio de un nuevo estilo de vida y de consumo, sobre todo para la generación Z. “En este caso se juntan la tendencia maker y el impulso creador, que son muy potentes en esta generación, junto con el deseo de ser prácticos y frugales con su dinero. Hacerse su propia ropa combina las dos claves y además da un resultado tangible, muy individualizado y que expresa una conciencia social. Continuará después de la crisis, sobre todo porque la economía tardará mucho en recuperarse”.

“Hacer nuestra propia ropa combina el impulso creador y el deseo de ser prácticos, obteniendo un resultado tangible, muy individualizado y que expresa una conciencia social”

A diferencia de anteriores generaciones –a quienes normalmente se les transmitía la tradición de la costura en casa–, los nuevos costureros aprenden por su cuenta buscando vídeos didácticos o incluso un tipo de formación más metódica. Desde 2016, Beatriz González es la cara al frente de Bye Bye Manoni, una tienda-taller en la que crear y personalizar ropa mediante cursos de confección. A pesar de tener que cerrar su espacio en el barrio de Patraix (València) debido a las restricciones, siguió en contacto con sus alumnas vía WhatsApp o elaborando pequeños tutoriales en Instagram, notando cómo el interés en estas técnicas iba aumentando. Y sin barrera generacional de por medio. “Las edades [en los grupos] son muy variadas. Nuestra alumna más joven tiene 9 años y tenemos adolescentes que van de 14 a 16, pero se trata sobre todo de personas interesadas en hacer y aprender a ‘hacer con las manos’. Ya sea costura, bordado, macramé… cualquier actividad que requiera de poca logística y que le permite a uno crear en casa o en compañía”.

Este movimiento explica, también, la reciente proliferación de cuentas de pequeños creadores emergentes que han encontrado en las redes sociales una prodigiosa fuente de inspiración y un escaparate. Con el DIY y el upcycling por bandera, han creado un universo en Instagram y Pinterest en el que la moda se reinventa para dar lugar a piezas únicas como las zapatillas de patchwork de Helen Kirkum, las réplicas de bolsos de lujo a partir de envoltorios de comida de Camera 60 Studio –que puedes hacer en casa gracias a las plantillas recortables que se descargan en su web– o los shorts hechos de guantes de moto de Nicole McLaughlin.

Pero las grandes marcas no se quedan atrás. Todo y que el movimiento DIY posee cierta esencia anticomercial, muchas firmas de alta costura han puesto en marcha proyectos e iniciativas en línea con esta tendencia, o directamente forma parte de su modus operandi. Siguiendo la estela de lo que promovía Martin Margiela en los 90, la diseñadora parisina Marine Serre elabora el 50% de sus piezas a partir de materiales reciclados, o la estadounidense Emily Adams Bode transforma colchas antiguas en pantalones y chaquetas para hombre. El actual director creativo de Louis Vuitton, Virgil Abloh, presentaba el mes de agosto el manifiesto Upcycling Ideology, una nueva hoja de ruta para la maison que iba acompañada de una colección con looks reciclados de otras temporadas en combinación con otros nuevos. En los pasados Green Carpet Fashion Awards debutaba la nueva colección cápsula de Miu Miu, Upcycled, formada por 80 diseños únicos creados a partir de prendas de los años 30 a los 80 seleccionadas en tiendas vintage y mercadillos de todo el mundo. ¿La más reciente incorporación? La de Inditex, que hace poco sacaba al mercado sus propios kits de bordado en Stradivarius.

Sin embargo, la implicación de estos actores en la filosofía del DIY, a primera vista contraria a sus intereses empresariales y económicos, genera dudas sobre si se trata de una progresión de los valores de marca o de una estrategia de greenwashing. Sea como fuere, está claro que quien quiera participar de este movimiento deberá comprometerse firmemente con lo que representa –que es, en definitiva, la ruptura del sistema tradicional por un futuro sostenible–, o fracasarán. El Covid-19 pasará, pero la mentalidad de posguerra make do and mend (arréglatelas con lo que tienes y enmienda lo que se estropea) que hemos recuperado en 2020 nos acompañará en el nuevo año y probablemente más adelante, por convicción y necesidad.

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