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Verdad y reto #2: Postura y coherencia

La comida como todo es negocio y por lo tanto necesitamos de clientes que compren lo que producimos para de esta manera poder seguir generando un servicio de calidad. 

Pero, ¿Qué pasa cuando el cliente prefiere el status que la calidad? 

Seamos bien honestos, la mayoría de restaurantes que triunfan en esta ciudad (GDL) son restaurantes donde importa más la vista que el fondo, donde puedes sacar una foto bonita en los baños para después etiquetar al lugar y presumir que estuviste en el restaurante de moda o donde la mesa cuesta más de lo que cuestan sus ingredientes. 

La gente dejo de consumir cocina de calidad para empezar a consumir apariencias, se sorprenderían si supieran que sus cortes “carísimos de Paris” son cortes de calidad media sin nada espectacular y que en realidad están pagando el precio de sentarse en ese lugar y por favor no salgan con que un lugar bonito o cubiertos finos hacen que la comida sepa mejor. 

No me malentiendan, comer en un lugar lindo siempre se agradece, pero nunca se debería anteponer las apariencias sobre el sabor y la calidad de los alimentos, esto solo envenena a la industria y la hace sentirse con el derecho de cobrar cantidades exorbitantes por platos relativamente sencillos, no quiero señalar a nadie, pero en qué momento se considera justo pagar $400.00 pesos por una ensalada de frijol o $340.00 pesos por un par de tuétanos y todo justificado por ser el lugar de moda. 

Este tipo de conductas del comensal es lo que ocasiona o justifica el abuso de los restauranteros. 

El comensal debe aprende a no dejarse engañar por fachadas lujosas o zonas “fresas”, existen joyas de la gastronomía regadas por toda la ciudad donde realmente pagas por lo que consumes (no significa que la buena comida tenga que malbaratarse), GDL es una ciudad llena de propuesta gastronómica que se encuentra cada vez más subyugada por los grandes grupos restauranteros contra los cuales no puede competir por sí misma. 

De la misma forma que se necesitan chefs abiertos a nuevas tendencias, se necesitan comensales abiertos a nuevas experiencias. 

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Asumir el costo ir a nuestros restaurantes favoritos no está mal, todos tenemos ese lugar donde ni siquiera pensamos en la cuenta ya que el disfrute y satisfacción de estar, lo vale. 

Así mismo cabe resaltar a esos clientes que siempre buscan más y mejores experiencias, esos que han sido motor de proyectos restauranteros ambiciosos y los cuales cualquier restaurante está feliz de recibir. 

La excelencia está en la diversidad y el modo de progresar en conocer” 

Alain Ducasse

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