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Verdad y reto #0: Verdad incomoda

Todos tenemos nuestro restaurante favorito o la lista de los restaurantes a los cuales nosotros consideramos buenos, pero ¿qué es lo que hace que un restaurante sea bueno?, el servicio, la comida, la ubicación, el precio, el estatus, el chef que lo dirige o la sensación que nos provoca comer ahí, hablar de gustos es difícil ya que todo gira alrededor de percepciones y cuestiones personales, pero, ¿qué pasa cuando tienes el poder de enlistarlos y que tu palabra sea referente mundial de lo que es bueno?  

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La necesidad del ser humano de clasificar y etiquetar todo ha dado paso a lo que hoy conocemos como “crítica especializada” que durante mucho tiempo ha servido como herramienta de desarrollo y autocuestionamiento, hoy en día en el ámbito restaurantero existen listas de altísimo prestigio a las cuales todo chef aspira con entrar algún día, esas listas se vuelven la obsesión de muchos chefs y cocineros, capaces de llevar al Olimpo a un restaurante o a hundirlo en el inframundo. 

La guía Michelin (si como las llantas) es la guía soñada de todo restaurante, pocos son los que se encuentran en esas guías y aún más pocos son los que tienen las codiciadas tres estrellas, para dejarlo aún más claro vamos explicarlo con una analogía: 

Una estrella te convierte en Luke Skywalker. 

Dos estrellas te convierten en Darth Vader. 

Tres estrellas te convierten en Yoda asimilando la fuerza.  

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La guía Michelin está envuelta en misticismo y leyendas urbanas, los inspectores son anónimos y hacen reservaciones bajo “alias” que cambian cada vez que van a inspeccionar un restaurante y todos los veintitrés de enero entre las 4p.m. y las 6p.m. llaman a los restaurantes para hace les saber cuántas estrellas consiguieron ese año, las estrellas no son vitalicias y se pueden perder de la misma forma en la que se consiguieron. 

Consistencia en todos sus aspectos, eso es lo que la guía busca. 

Este es el catalizador para la fama y los reflectores que hoy en día todos conocen sobre la gastronomía, esta es la ilusión que motiva a muchos a estudiar esta carrera, pero nadie cuenta que solo un grupo muy pequeño y selecto la alcanzan, hace falta una vida entera de dedicación y sacrificio para pertenecer al gremio. 

El estar en una lista representaba no solo fama y dinero, también significaba tener el escenario perfecto para transmitir un mensaje y poder conectar con millones de personas, ser un factor de cambio social, generar conciencia en la gente de la industria y lo mejor de todo es que siempre había quien escuchara. 

Las tendencias de consumo local y responsable nacieron de los verdaderos merecedores de estas listas, gente que tiene un interés más allá de lo económico y es consciente de que hay cosas que tienen que cambiar en orden de no asesinar al planeta, esas personas son las que se rompieron el alama para poder llegar a transmitir su mensaje, no solo por la fama y cumplir con el estatus quo. 

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Después empezaron a nacer nuevas listas replicando el modelo de Michelin y ahí fue cuando todo se fue al CARAJO. 

La naturaleza del ser humano siempre busca sacarle provecho a una situación, al ver el gran auge que existía alrededor de la industria restaurantera las listas en lugar de ser un reconocimiento al trabajo arduo se volvieron un negocio (no digo que todos los restaurantes en dichas listas no lo merezcan) poco a poco se ha convertido más en una estrategia de marketing que en el galardón soñado, es triste ver que año con año cadenas con el suficiente dinero compran su lugar dentro de las listas, dejando fuera a restaurantes que se rompieron el alma dando lo mejor para alcanzar la gloria. 

(Bien sabes que estoy hablando de ti bar de ostras) 

¿Cuándo la prensa y las organizaciones se dejarán de prostituir por una cuenta? 

¿Cuándo volverán a ser críticas y no colaboraciones? 

¿En qué momento es más conveniente vender tu alma que hacer un trabajo imparcial? 

La industria necesita periodismo especializado e imparcial, solo de esa manera volveremos a retomar el camino y seguir empujando a la restaurantera a nuevas fronteras ya que la falsa ilusión de éxito lleva a mantenernos estáticos y poco a poco mata la creatividad que alguna vez se pudo alcanzar. 

 

“El éxito es algo maravilloso no me mal interpreten, pero puede ser peligroso y limitante” 

Rene Redzepi  

Fotos tomadas de @Chefstalk

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