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TRABAJO. Que la primera imagen cuente

Aún con mucha experiencia en el ámbito laboral y con buena cantidad de entrevistas sobre nuestras espaldas, no es atípico que frente a un nuevo cara a cara para intentar conseguir un puesto de trabajo que realmente nos importa, nos hagamos una cascada de preguntas sobre si nuestro currículum o nuestra imagen y desenvolvimiento, serán suficientes para conseguirlo.

La incertidumbre sobre cómo será la persona que nos entrevistará, qué valorará prioritariamente, y en cuál de toda la información que llevamos a cuestas se centrará. Esta situación implicará un tintineo constante en nuestra cabeza hasta el mismo momento de sentarnos frente a él/ella.

Pero a pesar de todo lo que nos podemos imaginar previamente al momento de la verdad, lo que nunca deberíamos perder de vista, es que al margen de una experiencia laboral impecable y acorde con los requisitos de la tan deseada oferta, la primera imagen, mejor dicho, nuestra primera imagen, será la que cuente para el resto de la entrevista.

Y cuando hablamos de la primera imagen, si hay un factor determinante en la misma, éste será la vestimenta y la imagen personal, que aunque no sea lo único, será casi crucial para la mayoría de los selectores de personal, aunque éstos muchas veces lo nieguen.

Esto no quiere decir que sólo por algún detalle que el entrevistador considere subjetivamente  “poco atinado”, dejará de centrar su atención a nuestro currículum porque ya estaremos descartados. Sin embargo, cuanto menos lugar demos a esto, más primarán nuestras dotes formativas y laborales.

Pese a las diferencias entre un puesto de trabajo y otro, y a los distintos perfiles personales que pueda tener cada candidato, los expertos coinciden en que la vestimenta y el aspecto personal deben estar basados en un mínimo de sentido común y de la ocasión.

Así las cosas, aunque a los que cuidan escrupulosamente su imagen personal les parezca utópico, los analistas coinciden en que se repiten los mismos errores relacionados con la imagen personal en muchos candidatos que se presentan a entrevistas de distintas áreas y sectores de actividad. Estos son:

  • Acudir en ropa deportiva y veraniega. Los más jóvenes son los que incurren en este error más habitualmente. Sus costumbres arraigadas, y el descuido e informalidad propios de la edad no les permite distinguir las diferencias de imagen entre la ropa de casa o deporte, y la requerida para postularse  a un puesto de trabajo. A pesar de ser conscientes de ello, muchos no lo consideran lo suficientemente importante como para que influya en la valoración general de la entrevista. Están equivocados.
  • Accesorios excesivos y prendas con mensajes. En este caso debemos preguntarnos, ¿tiene algo que ver una entrevista laboral con nuestras aficiones políticas, deportivas o personales?; la respuesta es no. Los eslóganes están de más. Asimismo, el exceso de complementos tecnológicos o de moda, ya sean gafas de sol, mochilas, sombreros, colgantes, tabletas o móviles, no suelen dar una imagen positiva en el entrevistador. Según los coach, un bolígrafo y el CV encima de la mesa revelarán atención y una actitud focalizada en la entrevista y en lo que el entrevistador tiene que exponernos.
  • Tatuajes y piercings. A pesar de su instauración y aceptación en todos los ámbitos sociales, el exceso de ellos -por lo menos a la vista- no nos ayudará a generar una primera imagen positiva en nuestro interlocutor durante buena parte de las entrevistas laborales. Algunos dirán que se trata de prejuicios, pero aún teniendo razón, la lectura de los entrevistadores se basa en otro tipo de asociaciones para valorar este look. Sin embargo, cuando estos son austeros y simbólicos, hasta se pueden considerar positivos.
  • Prendas demasiado provocativas. A pesar de que los estereotipos siguen existiendo, el ámbito laboral no es el lugar más adecuado para exhibirse, aún teniendo atributos para hacerlo. El estereotipo, fiel a su funcionamiento mental, podría subestimar las capacidades intelectuales por una camisa o sudadera demasiado ajustada. Una buena forma de evitar que nuestro entrevistador interprete este tipo de cosas, es no recurrir a un estilo sensual, provocativo, expositivo o estrambótico.
  • Vestimenta demasiado formal o que no encaja con la imagen corporativa. Muchas veces la vestimenta puede revelar el nivel de “ubicación” que tenemos como aspirantes a un puesto de trabajo. Si nos postulamos a un puesto de balizador de tránsito o socorrista de piscina no parece muy acorde presentarnos con traje y corbata. La idea ante una oportunidad laboral nunca es llamar la atención, y menos, dar a entender a compañeros y entrevistadores que nuestra presencia está completamente en desacuerdo con el puesto requerido. En el equilibrio suele estar la virtud.

El candidato no debe perder de vista que las recomendaciones anteriores no cuestionan en ningún momento su capacidad profesional o idoneidad para desempeñar un determinado puesto de trabajo. Por el contrario, las mismas pretenden que al momento de una entrevista esperada, primen dichas capacidades o experiencias por sobre una impresión personal desfavorable.

Franco Maiolini Sánchez

Aclaración importante: El presente artículo fue producido y cedido en su día por el autor al medio digital que lo ha requerido. El mismo fue reeditado para la presente publicación.

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