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Totto co-crea con los Wayuu

La compañía de morrales, bolsos y maletas realizó una alianza con la Federación Nacional de Artesanos Wayuu –a través de la Fundación Colibríes–, para crear una colección que resalta, en todo su esplendor, el tejido que elabora esta comunidad. 

Nos citaron en la flagship store de Totto en plena Zona T de Bogotá a las 9:00 a.m. No sabía muy bien a qué iba, pero, por supuesto, la invitación ya daba ciertas luces. Al llegar al tercer piso de la edificación, todo se aclaró: en los aparadores se podían ver maletas y morrales con tejidos Wayuu, algo inédito para la marca.

Me acerqué a Luis Miguel Rodas, jefe de innovación de Totto, sin más información a la mano; quería hallar algo de contexto. Todo empezó hace tres años cuando la Fundación Colibríes, que venía trabajando con algunas comunidades de La Guajira, se acercó a la compañía para mostrarle la gran oportunidad que existía de hacer algo en pro del tema de la tejeduría en la región.

Para ese entonces estaba recientemente constituida la Federación Nacional de Artesanos Wayuu (FENAR WAYUU), liderada por 10 maestras tejedoras (distribuidas a lo largo del departamento), la cual acoge a 990 tejedoras pertenecientes a 102 comunidades. La idea empezó a rondar por los pasillos de la empresa… “¿Por qué no unir dos mundos, el saber ancestral de los Wayuu y la experiencia y el diseño empático de Totto, en una colección especial?”.  Y así fue.

Proyecto social

La marca no quería un proyecto del tipo “venga, vendamos sus mochilas”, cuenta Luis Miguel. ¿Cuál era la idea? “Queríamos cocrear algo nuevo que generara ingresos para la comunidad a través del trabajo asociado de FENAR Wayuu, dar a conocer su legado cultural, y a la vez garantizar la permanencia y sostenibilidad de la Federación”, dice.

¿Cómo lo lograron? Yonatan Bursztyn, presidente de la empresa, empezó a hablar orgullosamente de la alianza. “Este es un proyecto muy importante para la compañía, para la marca y para el país”, dijo al iniciar la presentación. “Por eso estoy aquí sentado” (no es usual verlo en los eventos de Totto).

Luego aseguró que si bien en un principio sintió temor, pues sabe que el tema Wayuu es muy sensible en el país (“con toda la razón” –afirmó–) y pese a que muchas personas piensen que este es el típico caso de ‘el pez grande se come al pequeño’ o que la marca se quiere aprovechar de la comunidad, Bursztyn aclaró que lo primero que dijo al conocer el proyecto fue: “la única forma en que Totto se meta es si se trata de un proyecto social; no puede ser un proyecto de resultados económicos para la marca, de ninguna manera”.

Entonces, ¿cuál es el acuerdo? “Para que todo fuera transparente firmamos con FENAR WAYUU tres contratos: uno de co-creación (en este se estipula que las tejedoras son dueñas de sus diseños; Totto les respeta la total autoría de los tejidos, del colorido y de las formas que hacen las tejedoras; eso no es propiedad intelectual de la compañía), un contrato de suministro y uno de inversión social”.

Esto significa, explica el presidente de Totto, que el interés de la empresa está en garantizar beneficios para la comunidad y lo quiere hacer en dos frentes: asegurando el pago justo por cada pieza tejida y generando trabajo continuo que les brinde a las tejedoras y a sus familias los ingresos con los cuales puedan mantenerse. Y el segundo: que de la venta que se haga de estos productos, el 25% vaya a un fondo destinado al desarrollo y mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones asociadas a FENAR WAYUU, el cual será manejado por la Federación y por Totto mediante un comité que cuidará que estos dineros sean invertidos en ello. Para asegurarlo, el recaudo será auditado por una compañía internacional (Crowe Co S.A.S.).

“Tenemos claro que si somos capaces de sacar esta idea adelante va a ser de alto impacto para la comunidad Wayuu”, concluyó Bursztyn. Antes, María Teresa Fernández, maestra de tejido Wayuu, me había expresado también el gran orgullo que siente por el proyecto. “Estamos muy agradecidas con Totto y la Fundación Colibríes por mirar hacia nuestro pueblo. Nos sentimos felices porque es el primer paso que estamos dando; esto va a traer beneficios a la comunidad”.

La colección

“Fue un proceso largo”, comenta María Teresa. “En solo la concepción de los productos trabajamos unos seis meses porque las labores coincidieron con una dura temporada de sequía en La Guajira, así que, antes de tejer, las mujeres debían ir a buscar agua y leña, y eso hizo difícil cumplir el tiempo que nos dieron para hacer el trabajo, que era inicialmente de tres meses”.

El equipo de Totto ya había tenido contacto con la situación. “Fuimos a La Guajira, conocimos cómo viven y cómo trabajan. Así supimos que no tienen horarios para tejer y que esta labor la realizan a lo largo del día; que hacer una mochila a un hilo, la técnica más especializada que manejan, tarda entre 15 días y un mes”, comenta Luis Miguel. El grupo también comprendió que cada tejido es único y que en este la tejedora expresa su vida, sus emociones y la cosmogonía de su pueblo, por tanto cada pieza es un tesoro único.

Por supuesto, el resultado tiene a todas las partes involucradas muy satisfechas. La colección –llamada Llevo con orgullo los colores de mi tierra– está conformada por seis modelos de diferentes colores y tuvo una primera producción de 4.000 unidades que resaltan, en todo su esplendor, el tejido Wayuu y esa cultura milenaria y rica de la comunidad.  “Los Wayuu que trabajaron los productos ya los vieron; están felices. Ellos dicen: ¿cuándo vamos a empezar a trabajar el otro pedido”?, cuenta con orgullo María Teresa.

¿Y cómo no esperarlo cuando 743 familias se benefician de esta apuesta? “Si nosotros como comunidad indígena no buscamos nuestro propio desarrollo, nadie lo podrá hacer por nosotros. Siempre hemos estado inquietas en cómo nosotros, como organización, como grupo, podemos lograr generar desarrollo que cambie la calidad de vida de nuestras familias Wayuu y, hoy por hoy, es nuestro compromiso como Federación para con toda la comunidad en el departamento de La Guajira”, contó María Cristina Gómez, maestra tejedora.

“Y vamos a defender este proyecto lo más que podamos porque es una idea nuestra, es un desarrollo nuestro, es el conocimiento nuestro el que está aquí y nuestra cultura la que está dentro del producto. En un futuro queremos que muchas empresas más se unan a esta campaña de trabajo social dentro de las comunidades indígenas porque solo así podremos lograr el buen desarrollo y solo así podremos cambiar la calidad de vida en esas comunidades tejedoras”, concluyó.

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