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The True Cost

“The True Cost” es un documental, que como su propio nombre indica, trata sobre el verdadero coste de las prendas que llevas. Considero que es de visión obligatoria para todo el mundo, al no ser un documental exclusivamente para entendidos en moda. Este filme, disponible en Netflix, pretende llegar a todo tipo de público a través de una pregunta clara y concisa, la cual se irá repitiendo durante el transcurso del mismo, ¿cuál es el verdadero coste?

Tráiler oficial “The True Cost”

Cuando compramos una camiseta por doce euros de cualquier tienda de ropa perteneciente al Fast Fashion, debemos preguntarnos qué hay detrás. ¿De qué forma producen las grandes multinacionales para que aun vendiendo una camiseta por doce euros, sigan obteniendo un gran beneficio? Este documental, nos lo muestra, lo que hace que el espectador sienta cierto remordimiento de conciencia al ver las imágenes. Pues no es lo mismo que te digan que las multinacionales se deslocalizan para ahorrar costes en mano de obra, que escuchar el testimonio de una joven trabajadora en una de estas fábricas con la voz entrecortada al explicar la situación en la que se encuentran; o que te digan que las materias primas utilizadas son contaminantes, a ver las consecuencias en las poblaciones campesinas del  cultivo de algodón genéticamente modificado, afectadas por el brote de enfermedades de tipo degenerativo, cuyo final es la muerte.

Una fábrica textil en Bangladesh.

En mi opinión, este documental es un un buen primer paso para todo aquel que esté interesado en abrir sus ojos y comprender que no todo es glamour en la industria textil. Sin embargo, soy consciente de que ponerle un veto en tu vida a las marcas de Fast Fashion no es tarea sencilla. Hablando desde mi propia experiencia puedo decir que en un primer momento te encuentras de frente con un muro de incomprensión, de parte de tus familiares, amigos y todo aquel al que se lo cuentas. En segundo lugar, la barrera económica, estas prendas cuentan con unos costes de producción mucho más elevados, lo que hará que sus precios no sean a los que estamos acostumbrados. Este precio también encuentra su justificación en el hecho de que son prendas de calidad, confeccionadas para tener una vida útil muy prolongada. Lo que resultará en un estilo de prendas atemporal, que no responde a las tendencias inmediatas que podemos encontrar en las revistas de moda.  Y en último lugar, la accesibilidad a estas marcas, son mucho menos numerosas y requieren de una tarea de investigación para descubrirlas, es decir, es necesario tener interés.

Centro comercial repleto de tiendas de “Fast Fashion”.

Para concluir, me gustaría añadir que por desgracia en ciertas ocasiones sigo comprando en cadenas de Fast Fashion, pero cuando lo hago, intento fijarme en cuales de ellas tienen valoraciones menos negativas. Aún así debo decir que, en los últimos años he reducido de forma considerable mi consumo de moda y sobre todo, soy bastante más consciente de los efectos que tienen mis decisiones sobre el resto del sistema.

Mi consejo es el siguiente: cambia tus pautas de consumo estableciendo tu propio ritmo; hazlo progresivamente o de golpe, hazlo parcialmente o totalmente, pero hazlo. Lo que tú consideras un pequeño cambio, puede tener grandes consecuencias.

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