Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

Tendencias by Felix Molina: Nueva York del 9/11

the-falling-man

Cada mes regresa a Masticadores, Felix Molina para visitar y acercarnos las tendencias culturales de EEUU. Le seguimos… Gracias Felix! –j re crivello

3 poemas desde la Nueva York del 9/11 by Felix Molina

 

La tragedia y la poesía no congenian en nuestro ahora. La poesía huyó con razón (y con razones) de la épica que fue su lejana madre y hoy parece que la corrección política o acaso una estética depurada no permite el exceso de la loa o la queja exagerada por lo irremediablemente perdido. Los temas cotidianos que pueblan los poemarios casan más con el detalle, la mirada, el insight que dirían los críticos literarios asentados en la psicología: la percepción de una verdad interna de las cosas que se intuye en todo el poema pero que solo se adivina, mágicamente, en el último verso.

Igual que las dos torres asaetadas del World Trade Center, la poesía norteamericana, y en particular la neoyorquina, no permanecen inmunes a la dimensión de lo trágico y cada cual, desde su poesía, retrata el momento sin ceremonia –al estilo antiépico del siglo—pero con condolencia. Se llegan a publicar poemarios antológicos incluso, como el famoso Poetry After 9/11: An Anthology of New York Poets  (cuyo contenido puede husmearse en el enlace, como en los de los títulos de los poemas que se traducen después), fenómeno que distingue esos años de versos doloridos.

Tres poetas, como escogidos al azar de una de las antologías –cuyo tomito debo a mi amigo Jaime García Bernal– más consultadas de los primeros años del nuevo milenio (Poems of New York ), abordan la tragedia con el estoicismo de la delicadeza: la gran Wisława Szymborska (poeta polaca, 1923-2012) se refugia en su propio pudor al enfrentarse a la injusticia de una fotografía que la rebela contra la mujer que ama la vida. Ronald Wardall (1947-   ) se asienta en los signos del ahora para borrar los del horror. Y Malena Mörling (1963-   ), en apariencia más lejos del escenario trágico, no hace más que diseñar uno nuevo, tan cotidiano y mortal como el atentado o el bombardeo: el de la enajenación.

Fotografía del 11 de septiembre

WISŁAWA SZYMBORSKA

Saltaron de los pisos en llamas…

uno, dos, unos cuantos,

desde los pisos más altos o los más bajos.

 

La fotografía los detuvo en la vida,

y aún los mantiene

sobre la tierra, vueltos hacia la tierra.

 

Cada uno está aún completo,

con un rostro particular

y una querida entraña.

 

Queda tiempo

para que se esparzan sus cabellos

para que las llaves y las monedas

caigan de sus bolsillos.

 

Todavía pertenecen al aire,

habitan esos ámbitos

apenas descubiertos por el salto.

 

Yo solo puedo hacer dos cosas por ellos:

describir este vuelo

y no añadir un último verso.

 

 

 

Tres semanas después

Ronald Wardall

La gravedad se sucede en las horas, los rascacielos descansan

sobre nuestros hombros, el cielo es diferente, y las manecillas de los relojes

vuelven a girar para hacernos mayores.

 

Los niños juegan de nuevo, pero con más calma,

como si aún tuviesen que aprender

a dejarse la vida gritando.

 

En la calle me detengo a hablar con dos amigos.

Toco el cuero del codo de él, el azul del abrigo de ella. Miro

la maravilla de sus rostros. Y lo profundos que se han vuelto sus ojos.

 

Dejadme decir esto

MALENA MÖRLING

Sí, estamos aquí, ahora, pero pronto
no estaremos.
Hay palomas dormidas a la luz del sol
en el techo de la estación de Greenlawn,
una anciana en un banco
que mira las soluciones de un crucigrama
y una niña en el tren cortando los rizos
a una muñeca, hablándole
con la autoridad bizarra
de una madre de lo inanimado
o lo invisible, del mismo modo en que aquella mujer
que solía encontrarme en los servicios

de la estación de Penn siempre hablaba
atropelladamente, como a un bebé, a un carrito
que, salvo por unas cuantas latas

y un algo de basura, estaba vacío.

 

Relacionado