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TAROT: ARMA MILLENIAL FRENTE AL CAOS

La creación a partir del nihilismo.

Hace unos cuantos meses, justo cuando todo lo que estamos viviendo parecía solo un mal sueño, muchos se atrevieron a aventurar qué consecuencias estéticas tendría la pandemia. La década comenzaba marcada por la incertidumbre y el desasosiego.

Pero puede que únicamente estemos trazando una ruta ya conocida. Así, la moda es de nuevo, nuestra más fiel aliada. Compañera y mentora. Testigo eterno del paso del tiempo.

Atravesamos una ruptura similar a la que se produjo a principios de los 90, momento en que el minimalismo de raíces japonesas hizo que se tambalearan los cimientos de una de las industrias más poderosas del panorama internacional. Rei Kawakubo, Yohji Yamamoto o Issey Miyake fueron clave en el momento. Tras ellos, una serie de europeos como Helmut Lang, Dries van Noten e incluso el esquivo Margiela dinamitaron la pulcra teoría que hasta entonces dominó el arte del corte y confección.

Vía Pinterest

Hasta ahí todo consistía en crear nuevos volúmenes, formas y acabados. Todos trataban de buscar una silueta realmente rompedora, al mismo tiempo que hacían las colecciones más accesibles para una pequeña parte de la población que quedaba presa de la fascinación tras cada desfile.

Sin embargo, hubo un creador cuya ambición y deseo de éxito lo catapultaron a la cima de un sector tildado de frívolo y codicioso. Con Lee McQueen conocimos la transgresión por la transgresión. Nadie supo crear tanta belleza a partir de la rabia y el caos. Muy lejos quedaban ya lo que él consideraba cuentos de hadas, y que formaron parte del universo de figuras tan reconocidas como Westwood o Galliano.

“Demasiado edulcorado”, reconoció. “Yo quiero crear escándalo, dar que hablar a la prensa”. Y vaya si lo hizo.

Alexander McQueen A/W 1996 Dante

Conociendo por tanto como se sucedieron los hechos hace unos años, no resulta extraño que ahora los creativos de las firmas más influyentes del planeta se refugien en la espiritualidad y los símbolos para desarrollar sus colecciones y establecer tendencias.

Desde la “baraja humana” de Chiuri, hasta el medievo (y sus símbolos correspondientes) actualizado por la línea masculina de Celine, o las innumerables referencias a la esotérico que llevamos viendo años en el Gucci de Michele.

En un momento en que los referentes y la tradición parecen desmoronarse, recuperar el pasado se vuelve vital. Por ello, aunque ahora todo sea mucho más armónico que en las colecciones de loso venta, y hayamos dejado atrás el escándalo, apostando siempre por representaciones de lo más soft, el caos de nuevo inspira un resultado estético. A través de vehículos como el Tarot o la Astrología, un mundo mágico, lleno de estímulos casi imperceptibles surge ante nosotros.

Ante la duda, frente a una rutina que se tambalea, nos aferraremos sin pensarlo a estas realidades llenas de espiritualidad.

Por ello ahora estas prácticas propias del paganismo se han vuelto virales. Los millennials hemos quedado fascinados ante el mundo de lo no visible, las energías, la magia y su poder para hacernos más conscientes de lo que nos rodea.

¡QUIÉN LO HABRÍA IMAGINADO!

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