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Somos unos perros

Mis perros son esclavos. Están encadenados día y noche.

Apenas gozan de un par de minutos de libertad, cuando me puedo dar el tiempo de acompañarlos.

Pero su vida no fue siempre así.

Hace unos pocos meses atrás, podían correr libres por el patio.

Tengo la fortuna de tener un patio muy amplio y ellos lo disfrutaban.

Nosotros también disfrutábamos viéndolos correr libres y plenos.

Un día, algo les llamó la atención fuera de la casa.

Forzaron la reja y abrieron un agujero. Escaparon.

Estuvieron fuera un día completo. Pensamos lo peor.

Recibimos el llamado de un vecino. Los habían visto a dos kilómetros de casa.

Los recuperamos, pero ellos ya no eran los mismos.

Descubrieron que podían salir y desde ese momento, solo piensan en escapar.

No importa cuánto haya reforzado el cerco.

Siempre encuentran un nuevo lugar por donde huir.

Mis vecinos tienen gallinas y ya han matado varias de ellas en sus arranques.

No me quedó otra opción. Encadenados todo el día.

Cada vez que han escapado, los castigo duramente : correazos, varillazos, baldes de agua fría.

Nada de eso ha dado resultado.

Un par de segundos de libertad vale cualquier castigo.

Si encuentran la oportunidad, no lo pensarán dos veces : buscarán un nuevo lugar donde hacer un agujero y saldrán corriendo.

No somos muy distintos de estos perritos.

Estamos en medio de una pandemia mundial, con el riesgo latente de la pérdida de vidas

Sin embargo, a la primera oportunidad, no lo pensamos dos veces.

¿Será que en el fondo, seguimos siendo unos animales? Así parece.

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