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‘Slow Fashion’, la tendencia que nos hace responsables

El Slow Fashion o moda sostenible es la alternativa perfecta para un consumo responsable y la compra de prendas de comercio justo. El movimiento ganó notoriedad después de la trágica muerte de más de 1.000 personas en una fábrica de Bangladesh, que provocó una pregunta clave: “¿Quién hace mi ropa?”.

El 24 de abril de 2013 el edificio Rana Plaza se desplomó en Bangladesh, dejando 1.134 muertos y más de 2.500 heridos. Esa estructura estaba repleta, hasta la asfixia, de trabajadores textiles explotados, que alertaron el día anterior de unas peligrosas grietas. Pero recibieron la orden de volver a trabajar al día siguiente. Como ellos, miles de trabajadores de países subdesarrollados cosen por un mísero sueldo. ¿Te has preguntado alguna vez de dónde viene tu ropa?

Hace poco recordé este suceso y comencé a reflexionar sobre la industria textil y la forma de consumo. Además, analicé lo que sucedía a mi alrededor. Una amiga me dijo hace poco que se había pedido 15 bikinis en una tienda en Internet, pero que le había salido muy bien de precio. Yo calculé, teniendo en cuenta el precio medio de las prendas de esa tienda, unos 70 euros. Y me pregunté, ¿cuánto debe costar la producción de todas esas prendas para que el precio final sea tan barato y, aún así, la empresa obtenga beneficios? 

Soy la primera que hasta hace muy poco tiempo compraba casi de manera compulsiva; cuantas más prendas entraran en mi armario mejor. Pantalones que acabé poniéndome solo una vez, zapatos que me enamoraron pero que no llegué a lucir por incómodos y camisetas que, incluso antes de comprármelas, no llegaban a convencerme. “Para algún día tonto que no sepa qué ponerme”, pensaba. Según Heather Knight, directora de branding, diseño y comunicación de Fashion Revolution“la sociedad consume un 400% más de ropa y tarda en desecharla la mitad de tiempo que hace 20 años”.

Fuente: Pinterest

No encuentro un momento específico en el que mi cabeza cambiase el chip, pero lo hizo. Y desde entonces cuido, con muchísima más conciencia, mis decisiones de compra. “¿Realmente necesito esto?”, ¿se ajusta a mi estilo?”, “¿con qué otras prendas de mi armario puedo combinarlo?”. Son preguntas muy sencillas, pero que influyen directamente en mi cesta de compra. Según define Ecoembes, el concepto Slow Fashion promueve la transparencia de los procesos de producción, introduciendo la trazabilidad de las prendas. De forma que el consumidor sepa quién, dónde y en qué condiciones se ha elaborado la ropa que lleva.

Si nos paramos a mirar las etiquetas de nuestra ropa, veremos que la gran mayoría de nuestras prendas están hechas en otros países, como China, Bangladesh o Marruecos. Analizando las grandes franquicias, nos encontramos con un modelo de funcionamiento en el que la ropa es barata, de baja calidad y ha sido elaborada según la tendencia del momento. Por lo que pronto la desecharemos, ya sea porque se pasará de moda, se romperá o se estropeará tras unos cuantos lavados. ¿Nunca te has preguntado por qué la ropa de las grandes franquicias es tan barata? Es, simplemente, porque algún proceso de fabricación no está siendo bien pagado. Materiales altamente contaminantes, la deslocalización de las fábricas y, sobre todo, la mano de obra barata. Sueldos indignos, explotación, condiciones laborales insalubres y ningún seguro en caso de accidente.

El Slow Fashion se basa en el consumo responsable de ropa, en la compra de prendas cuyos materialesson productos biodegradables que no contaminan el medio ambiente. La moda sostenible trata de concienciar sobre el impacto de la ropa en el medio ambiente, ya que la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, según reconoce la firma española Ecoalf.

Muchas marcas con sello español tratan de concienciar acerca del problema y apuestan por el movimiento Slow Fashion.

Una de ellas es la marca española Tulle Rouge. La CEO y diseñadora Arantxa Cañadas apuesta por la moda ética y la calidad en cada una de sus prendas. Éstas son cortadas y confeccionadas en talleres de Madrid y Valencia, y todo el proceso de producción está realizado en España. 

Di Blu es la nueva marca de ropa de baño de la influencer Carla Di Pinto. La joven, apuesta por el nylon reciclado a partir de los plásticos recogidos en el Mediterráneo para confeccionar sus bikinis y bañadores en talleres de Barcelona.

Walkaround es una marca de zapatos con talleres en Elche, Alicante. Sus creadores optan por el respeto hacia los animales por lo que sus confecciones son veganas y de calidad.

Estas firmas, como muchas otras, demuestran día a día que otro tipo de consumo es posible, tan solo necesitamos cambiar nuestra mentalidad. Optar por informarnos antes de comprar, ser conscientes de qué estamos consumiendo. Somos nosotros, los consumidores, quienes podemos cambiar las reglas. 

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