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Septiembre y las revistas

primera portada vogueSegún contaban en el documental dedicado a Vogue, The September Issue, septiembre es el mes más importante para la industria de la moda y las revistas femeninas se vuelcan en la edición de este número. Los cálculos de Vogue estiman que una de cada diez mujeres estadounidenses, (13 millones de personas) lo compran. En plena crisis del papel, el inicio de una nueva temporada nos deja en el kiosko la mejor versión de las revistas de moda (y de los coleccionables) antes de volver a las ediciones de bolsillo y al modo de lectura online.

Se puede considerar a “Ladies Mercury”, publicada en Londres el 27 de febrero de 1693, como la primera publicación intrínsecamente femenina de la historia. Después se irían sucediendo más publicaciones y tras estas iniciales Women’s Pages (páginas dedicadas a mujeres en periódicos tradicionalmente leídos por hombres) nacerían las primeras revistas femeninas.

Sí en el siglo XVII el “Ladies Mercury” llevaba en su línea editorial la premisa de contestar “a todas esas preguntas bonitas y curiosas sobre el amor, el matrimonio, el comportamiento, la vestimenta y el humor del sexo femenino, ya sean vírgenes, esposas o viudas nuestras lectoras”, los contenidos posteriores se irían abriendo hasta salir del ámbito personal, para entrar también en el territorio de los discursos públicos y políticos. A destacar la revista estadounidense que se publicó en Filadelfia de 1830 a 1878 Godey’s Magazine, y, Lady’s Book, la de mayor circulación en el período anterior a la Guerra Civil, así como las decisivas publicaciones que recogieron la primera ola del feminismo a finales del XIX y la importancia de la revistas para mujeres en los países árabes, liderando el activismo social en los años 60, como la marroquí “Šurūq”.

¿Los grandes temas? belleza, amor y salud y por supuesto LA MODA.

Y representado a todas ellas la revista que desde el siglo XIX innovaría las técnicas del marketing, de la impresión y de los contenidos, estableciendo un nuevo estándar para la moda femenina.

1892, sale Vogue

 

conde nast

 

La revista Vogue -la biblia de la moda y amén- nació en Estados Unidos y su primer editor fue Arthur Baldwin Turnure. Se vendía en la calles de Nueva York como una gaceta semanal para las clases más pudientes. Pero el que la haría nacer como modelo de negocio y como fenómeno editorial sería en 1909 el joven Condé Montrose Nast. El editor más envidiado del mundo, inventó en sus propias palabras, un nuevo concepto: “Una publicación de clase, esto es, una revista solo para aquellos que tienen en común cierta característica -marcada lo suficiente- como para agruparlos en una clase, excluyendo rigurosamente a todas los demás”.

Con el paso del tiempo esta vocación clasista se iría diluyendo quedando intacta, eso sí, toda la esencia de su elitista estilo, así como los principales cambios que Nast introdujo tras su adquisición: subida de tarifas, lujosas portadas y espacios publicitario en el que toda marca de lujo debiera estar.

Condé había iniciado las negociaciones para la compra de Vogue, cuatro años antes, cuando el prometedor empresario tenía entonces 31 años y dos hijos muy pequeños, Charles y Natica. Su matrimonio con la socialité de ascendencia francesa Clarisse Couder, vivía tiempos felices y le facilitó la entrada en la buena sociedad neoyorquina. Al poco, la esposa y los niños se mudaron a Francia y aunque los pequeños regresaron un año después, Clarisse pasó algún tiempo más viviendo en el París de la Belle Époque codeándose con los artistas más deslumbrantes de la época, como el fotógrafo Edward Steichen, el poeta Rilke, o el escultor Auguste Rodin.

18 de enero de 1925

 

apartamento_vogue

Se encienden las primeras luces en el 1040 de Park Avenue. Estamos en su casa, la sal de la foto es su salón. Condé Nast ha organizado una fiesta para inaugurar su nuevo apartamento y todo el que es alguien en Nueva York está invitado. Ha ordenado abrir los cortinajes para que toda la ciudad admire su fiesta y apoyado contra el marco del ventanal se gira para lanzarle una bocanada de puro habano al cielo neoyorquino, la voluta de humo asciende y se pierde en el cortante frío de la noche, dentro, la música de Bix Beiderbecke hace bailar a los asistentes y el sonido del jazz se confunde con el entrechocar de las copas de champagne francés y las sonoras carcajadas de las damas.

El editor está en la cúspide, tiene 52 años y hace 16 que publica Vogue. Mira a su alrededor, haciendo un barrido por los destellos que arrancan las lámparas de araña y no puede evitar una punzada de orgullo al recordar sus orígenes. Nacido en la Gran Manzana el 26 de marzo de 1873 en el seno de una familia formada por William Nast y Esther Benoist. Admirando a sus elegantes invitadas, Condé recuerda ahora a su madre, descendiente de la aristocracia francesa y convertida en el pilar del hogar tras emigrar el padre a Europa. La madre, regresó con su familia, a su St. Louis, natal en Missouri y crió sola a su cuatro hijos, estirando hasta lo imposible su fortuna personal. Los pequeños Nast estudiaron idiomas y aprendieron a tocar instrumentos musicales y por eso, Condé no es capaz de mantener los pies quietos mientras rememora y bendice a aquella vieja tía adinerada que pagó su educación en la Universidad de Georgetown, dónde tanto destacaría en filosofía racional y matemáticas y en dónde entablaría la relación amistosa y profesional más fructífera de su carrera. Robert J. Collier, introdujo al joven Condé en el mundo editorial, pues su padre era dueño de una revista semanal llamada Collier’s. Convertidos en grandes amigos, ambos editaron el periódico escolar y actuaron en eventos musicales. Finalmente, Nast se licenciaría en derecho en la Universidad de Washington y en 1897, comenzaría a trabajar para Collier’s. Allí empezó a brillar su talento y durante la siguiente década se amplió el número de lectores de la revista de apenas 19.000 a más de 568.000 y por supuesto, se dispararon los ingresos por publicidad que ascendieron a más de un millón de dólares.

Antes de ser presentado a una joven actriz de pelo rojo que acaba de entrar en la fiesta, Condé Nast, rememora sus grandes aciertos en Collier’s: páginas en color, división de los estados en regiones para su comercialización y ensalzamiento del glamour en cada letra de cada página. Después haría lo mismo con Vogue, y más tarde con House & Garden, Travel y Vanity Fair. Ve a la pelirroja venir hacia él, se acaba de divorciar de Clarisse (a la que ha otorgado una cuantiosa pensión vitalicia) y dando una última calada apaga con rapidez el habano, dejándolo en una maceta. Después se ajusta el smoking, sale al encuentro de la bella mujer, y se presenta: Soy solo un niño de St. Louis, enseñándole a América el significado del estilo.

Desde 1925 hasta su muerte en 1942, Condé Nast organizó al menos dos fiestas al mes en el famoso edificio de 1040 de Park Avenue.  A veces se trataba de grandes fiestas y en otras ocasiones, de reuniones más íntimas, pero siempre reinaba en ellas el bueno gusto y el estilo más refinado. Lo sé porque yo he estado en algunas de ellas…en sueños.

Mas info en:

Ganzabal Learreta, María (2006). Nacimiento, remodelación y crisis de la prensa femenina contemporánea en España. Revista Latina de Comunicación Social, 61. http://www.ull.es/publicaciones/latina/200615Ganzabahtm

https://www.linkedin.com/pulse/conde-nast-1040-park-avenue-home-work-play-marianne-brown/

https://biography.yourdictionary.com/conde-nast

 

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