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SAGRADO PASTICHE

* El método definitivo de creación de moda*

Según la RAE, el término pastiche atiende a la definición de “Imitación que consiste en tomar diversos elementos y combinarlos de manera que el resultado parezca una creación original.”

Es una técnica recurrente tanto en la creación artística como en la elaboración de productos de diseño el optar por mezclar varios elementos de diferentes procedencias y formar un cóctel de influencias que dan lugar a un objeto nuevo.

Este nuevo producto de diseño responde a una serie de influencias, por lo tanto será reconocido por el espectador como algo familiar o atractivo. Transmite al consumidor una serie de referencias culturales de forma sutil, que se incluyen en la estética del objeto en mayor o menor medida según sea conveniente.

En auge del pastiche en la posmodernidad hace referencia a la máxima del pensador Bernardo de Chartres, filósofo neoplatónico que postuló en 1159 “Pygmaeos gigantum humeras impositos, plusquam ipsos gigantes videre”, lo que se traduce como “un enano subido a hombros de un gigante puede ver más allá que el propio gigante”.

Se considera una metáfora el concepto del gigante con los clásicos, los conceptos que han servido al progreso de la cultura en tiempos anteriores y a día de hoy siguen siendo una crucial referencia. Los enanos responden a los nuevos conceptos que surgen con las nuevas corrientes, las ideas frescas y la juventud. La afirmación de Chartres indica que no puede entenderse como progreso a las nuevas ideas sin que ellas estén sustentadas de las anteriores.

“Un enano a hombros de un gigante puede ver más allá que el propio gigante” Chartres, B. (1159)

Este es un pensamiento que ha regido la modernidad y se ha desvirtuado en la posmodernidad generando una mezcla, en ocasiones acertada y en otras ocasiones gratuita y arbitraria de todos los elementos conocidos de la historia estética hasta la actualidad.

La moda se rige en la actualidad por este principio, en su mayoría, se mezclan algunos conceptos, se cautiva al espectador con ciertos elementos que les resultan ligeramente familiares, aunque no completamente reconocibles, porque se entremezclan de forma casi onírica con otros recuerdos vagos de culturas lejanas.

Es así como interpreta el espectador que se trata de un producto con una nueva estética, pero que no resulta agresivo porque es capaz de comprenderlo desde el subconsciente.

Entre otros factores, este método de “creación” es el que impera a día de hoy en el sector moda debido a que el cliente está acostumbrado a una serie de códigos, si no se cumplen esos códigos familiares, no va a invertir en el producto.

El vestir, consiste en una herramienta de doble filo para el individuo: incluirse en la sociedad y diferenciarse del resto. En esta dualidad, cada factor no corresponde al 50% de cada premisa, sino que, a medida que va ganando terreno una, va perdiéndolo la otra.

En su mayoría, las personas mantienen una relación con la indumentaria por mero convencionalismo social, no elaboran un acto poético alrededor del vestir, por lo tanto no hay lugar para el experimento en el ámbito de lo mainstream. Lo verdaderamente novedoso está relegado a la venta menor, por lo tanto, el mercado del prèt-â-porter se condena a repetir la misma fórmula hasta la saciedad.

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