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RESEÑA: Cenicienta (2021), ¿el futuro de los cuentos de hadas?

Érase una vez una cinéfila que buscaba sobre qué escribir para esta semana en el blog de Daphne 707. Parecía que tenía una ligera idea cuando, de pronto, la malvada procrastinación apareció en su vida en la forma de sus redes sociales y pronto se vio perdida en una confusa espiral de memes y spoilers sobre la nueva película de Cenicienta (2021) con Camila Cabello.

Fue entonces cuando nuestra distraída protagonista decidió algo heroico (no tanto), usar sus horas de distracción a favor y hacer su próxima nota acerca de esta película estrenada en la plataforma de Prime Video como un Amazon Original. Comencemos antes de que comience a cantar y hacer una coreografía…por favor.

Hermanos Grimm o Perrault, ¿quién escribió Cenicienta?

Si bien el cuento de Cenicienta todo el mundo se lo sabe hasta la saciedad, lo cierto es que tiene un origen bastante ambiguo y curioso. Al parecer, los primeros rastros de la historia los podemos encontrar en el antiguo cuento oral griego de Ródope; una chica a la que un águila le robó su sandalia y gracias a que el ave la deja caer en el regazo de un rey, logra conseguir marido (lo que es saber sobre el Tinder antiguo).

Más adelante, el cuento adquirió mayor complejidad y enriquecimiento de elementos mágicos gracias a su paso por la cultura romana, persa, china y su expansión por toda Europa y Asia. Algunas de ellas las puedes buscar como “Aspasia de Focea”, “Le Fresne”, “Frente de Luna”, “Ye Xian”; éstas últimas añadiendo los personajes de las celosas madrastra y hermanastra.

Sin embargo, quién podemos decir que reunió los elementos que todos conocemos oficialmente (el hada madrina, la familia postiza de Ceni, la pérdida del zapato incómodo y la búsqueda del príncipe por su amada prófuga) se lo debemos al napolitano Giambattista Basile con su cuento italiano “Cenerentola”.

Fue gracias a su versión que los hermanos Grimm y Charles Perrault pudieron basar sus respectivos cuentos (y ser los Best Sellers de su época). Rompiendo así el mito de que fue alguno de ellos el genio responsable de crear “desde cero” la popular historia infantil. Lo único que hicieron fue recopilar la historia, añadir unos toques personales y voilà (como Shakespeare).

De ahí, la fiebre de Cenicienta se expandió como pólvora y en la actualidad podemos ver que existen poemas, canciones, óperas, ballets, series de televisión y todo tipo de películas (desde las buenas, las experimentales y hasta las malísimas que dan ganas de llorar).

Un filme muy centennial

Ya que hemos aclarado que el cuento de Cenicienta tiene más reinterpretaciones que videos de gatitos en Internet (bueno, casi); podemos comenzar con esta nueva versión musical dirigida y escrita por Kay Cannon en la que incluye una larga lista de celebridades que, en su mayoría, sabe cantar y actuar (lo siento Pierce Brosnan).

Camila Cabello interpreta a Ella, una joven carismática que vive en un reino perdido entre la modernidad y las tradiciones misóginas, en las que hombres y mujeres tienen papeles establecidos y deben aceptar su lugar en el mundo (aunque hay los típicos rebeldes que quieren cambiar eso, qué novedad).

Iniciando de inmediato con un número musical pegajoso, como espectador debes esperar que durante toda la película vas a tener un bombardeo constante de enérgicas coreografías, mensajes positivos acartonados, elementos graciosos y vestuarios FA-BU-LO-SOS. Yass, gurrrrrl!

Ella/Cenicienta vive con su práctica, materialista y no tan malvada madrastra Vivian (Idina Menzel) y sus hermanastras en una idílica casa en la que siempre se tiene presente el papel tradicional de la mujer. Aunque nuestra protagonista desea revelarse a esas enseñanzas y volver su pasión por la costura una profesión con la que pueda abrir una tienda para vender sus diseños.

Por otro lado, tenemos a la familia real en el que el rey (Pierce Brosnan) desea que su rebelde (con imagen de bad boy) hijo siga su legado, aunque es más que obvio que su hija menor es quien tiene el talento y las aspiraciones para ser una gran monarca.

Es evidente que toda la trama está pensada y dirigida con las mejores intenciones hacia la generación Z en un esfuerzo por hacer a Cenicienta un símbolo feminista que busca cumplir sus sueños antes que pensar en el amor, alejarse de la visión tradicional del felices para siempre e incorporar elementos nuevos y progresistas como el Hada Madrina, interpretado por Billy Porter.

Sin embargo, en el desarrollo de estas ideas se quedan algo cortos y hasta flojos; dejando claro que no ofrecen nada al público más que un entretenimiento casual. Tal vez si se hubieran concentrado en el seguimiento del progreso de sus personajes como la madrastra, la reina, la princesa y los pasos para llevar a un reino al futuro; otra historia sería.

Por mi parte, me encantó conocer que detrás de la típica maldad de la madrastra se escondía una talentosa pianista que vio sus sueños ser pisoteados por la presión social y la realidad. Que no odiaba a Cenicienta, sino que se veía reflejada en ella y no quería que le pasara lo mismo.

Pero, así como mostraban este trasfondo, lo cortaban abruptamente con un musical de covers de viejas canciones pop metidas a la fuerza o intervenciones de personajes de relleno que ni al cuento como el creepy Cecil Thomas, el séquito del príncipe o ciertos aldeanos del reino.

Aunque para algunos esta versión de Cenicienta es mejor que el live action excesivamente azucarado de Disney protagonizado por Lily James en el 2015, lo cierto es que sus efectos especiales dieron mucho que desear. Yo aún no puedo superar lo cringey y creepy que a veces era el CGI de los ratones.

Debemos afrontarlo, el cine está en la era dorada (ejem, obsesión de producción excesiva, ejem) de live actions de varios clásicos infantiles. Pero podrían darle un descanso y meter películas que se concentren en los villanos o pagar a buenos escritores y pensar en tramas realmente ORIGINALES.

Mi reino porque dejen de hacer películas sobre Cenicienta. He dicho.

Daphne 707

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