Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

¿Qué nos espera tras la remontada del último verano?.

Acabo de hablar con un amigo de una importante cadena hotelera que está tremendamente contrariado y más que preocupado por la subida de precios de cara al próximo invierno que plantea su propio departamento de revenue. Lo cierto es que uno se siente algo identificado cuando tiene que explicar lo que sospechas que se nos viene encima y enfrentarlo, ( no existe una palabra que lo defina mejor…) a la evidencia empírica de los asombrosos crecimientos que registramos en el sector de invierno el año pasado. Parece que hemos olvidado el síndrome de estampida que experimentó el turismo de esquí tras cerca de dos años sin acceder a las pistas debido a la pandemia y cuyos efectos de «liberación» o de «tirar la casa por la ventana», vaya usted a saber, se ha mantenido hasta este mismo verano.

Para la mayoría de los ahorros que las familias consiguieron durante la Pandemia no había un mejor destino que el de aliviar esa sensación de encierro y de carencia de movilidad que tan poco tiene que ver con el carácter aventurero y relacional de la mayoría de los habitantes del primer mundo.

Pues bien, os traslado las reflexiones en voz alta que he compartido con mi amigo ya que lógicamente no tendremos datos empíricos hasta que esto haya pasado y eso ocurrirá, coincidiendo con el cierre del último trimestre.

En primer lugar está la inflación, que no solo es un buen tema para abrir telediarios, sino que afecta directamente a los precios y por lo tanto al conjunto de la actividad económica. Si bien es cierto que está por ver si acabará por ser el preludio de una recesión, lo que es innegable es que encarece los costes, y frente a esto los empresarios o bien reducen sus márgenes o bien tienen que incrementar los precios. Es decir tienen que escoger entre perder competitividad o rentabilidad. Esa no deja de ser una decisión estratégica al que todo empresario ha tenido que hacer frente el algún momento, así que diríamos que es hasta fácil. Lo que sospechamos algunos, sobretodo después de la subida de tipos de interés, es que el verdadero objetivo no es otro que el de contraer la economía de la zona Euro a un consumo más sostenible por aquello de que hay que hacer frente a los efectos de la guerra. Y claro, cuando el objetivo es apretar el bolsillo de todos los europeos por igual, el ocio en general y el turismo en particular es una de las primeras cosas que se resienten.

Hablando del tema de la guerra, los efectos por la desaparición del mercado ruso en algunos lugares de costa ha sido casi inapreciable gracias al mercado nacional y el de proximidad, principalmente el francés. Pero los presidentes de ambos países ya han advertido del duro invierno que tenemos por delante, por lo que no parece muy razonable pensar que este fenómeno vaya a producirse una segunda vez y menos en invierno.

En un lugar como el Valle de Arán, al que considero como un pequeño laboratorio de tendencias con un cliente perteneciente mayoritariamente a un segmento medio o medio-alto, el aumento de las ocupaciones ha sido lineal en los meses entre enero y julio. Sin embargo, en agosto se estancaron por debajo del año pasado y actualmente se está produciendo un cambio de tendencia que hace que en los meses de otoño e invierno se haya producido cierta desaceleración, a pesar de ir precisamente hacia su temporada alta. Algo que indica que después de las alegrías de verano el consumidor está empezando a mirar su bolsillo con más cuidado y probablemente no esté dispuesto a pagar cualquier precio tal como ha venido haciendo hasta finales del verano.

Pero para que no se diga que en esta crisis no vemos una oportunidad… Si algo bueno puede tener la actual situación en el plano de la demanda, es que la depreciación del euro frente al dólar puede hacer que nuestro país resulte más atractivo para los estadounidenses, sobretodo ahora que han declarado oficialmente el fin de la pandemia. De manera que los amantes de pasar los inviernos en las Rocosas, quizás se lo replanteen este año y opten por algún destino nacional, menos glamouroso, pero que duda cabe que más cercano y acogedor.

Otro tema que no es menor para el empresario de cara a los próximos meses tiene que ver con la dificultad para encontrar al personal que debe formar sus equipos. Algo que si bien no creo que sea tan crítico como el último invierno, desde luego no parece que se haya solucionado. Y es que al problema de la masiva fuga de talento y el enorme coste que tiene para las empresas la pérdida de capital humano formado, se ha unido una campaña estresante especialmente en la costa y las islas que hace que los trabajadores ansíen aún más que antes cambios sustanciales en sus condiciones laborales. Y esto, a falta de una mayor dignificación del sector, se traduce directamente en un mayor coste de la partida de sueldos y salarios en la cuenta de explotación de cualquier negocio.

Por cierto, del tema de los suministros, y del papel de las empresas de distribución. Mejor ni hablamos.

Relacionado