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Porqué el último desfile de Yves Saint Laurent es un paso adelante

Mi relación con los desfiles de alta costura es últimamente poco fluida: cuando llegan las semanas de la moda, consulto las imágenes de las marcas que han presentado sus propuestas para la siguiente temporada. Normalmente lo hago por curiosidad, por rutina, o porque la marca es más que conocida.

Pero hace tiempo que no me encuentro con una colección de esas que te emocionan, que te mueven algo dentro, hasta la Ready-to-Wear 2019 de Yves Saint Laurent. En este caso ese algo fue una extremada excitación que me hizo correr a la pantalla del ordenador a modo niño de 5 años a ver todos los looks de la pasarela de la firma francesa.

En concreto, el grito interior de entusiasmo vino por las luces de neón con las que deslumbraron los últimos looks del desfile. Así que empezaré por el final. Los rayos UV (esos mismos violetas que ponen en las discotecas) eran la única fuente de iluminación de unos trajes neón que reaccionaban a esta luz, creando un conjunto innovador casi nunca visto en una pasarela de moda hasta la fecha. Todo oscuridad y vestidos deslumbrantes a modo de escultura, nada más.

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Entonces entendí mi problema con los desfiles haute couture. No soy yo, eres tú. Las pasarelas estáticas de Dior e Yves Saint Laurent de los 50 habían evolucionado a desfiles de modelos caminando sobre el agua ante la Torre Eiffel, de la mano de Yves Saint Laurent, a los jardines encantados de Rodarte y a la carpa de circo con actuación incluida de Dior. Pero necesitábamos algo más, no tanto en el espacio, sino en el contenido.

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El director creativo de Yves Saint Laurent, Anthony Vaccarello, se debió de estrujar los sesos pensando en qué podía crear que cubriera esa necesidad de nueva efervescencia para el público. Algo que fuera más allá que los demás, preocupados en crear escenarios que, aunque nos siguen dejando boquiabiertos (gracias, Bureau Betak), ya han caducado en este mundo en que las tendencias se mueven más rápido que las ideas. Me imagino al resto de los diseñadores llenos la rabia exclamando palabras no muy agradables a su equipo de porqué no se les habia ocurrido algo así antes.

No me dejo la primera parte del desfile, que se basó en un fuerte énfasis de las hombreras y de la confección de estilo ochentera, y pronunciadamente masculina, todo combinado con tacones muy altos y medias semi transparentes de lunares. Para seguir una línea seria, parte de la paleta de colores estuvo compuesta por grises, negros, blancos y algún rojo. Para mantener la esencia del fundador de la firma, Vaccarello reiteró las estridencias propias de Saint Laurent como pechos descubiertos y escotes en V infinitos. Tampoco faltó el leopard print ni los destellos brillantes que no nos dejan desde 2018.

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Para rematar, el diseñador belga repitió el estilo de los vestidos abullonados y de femeninos con los que nos había enamorado en sus tres años al cargo de la firma francesa.

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Anthony Vaccarello ha aportado ese elemento “innovador”, algo pura e íntegramente nuevo, como el plumón acolchado a modo sofá de Maison Margiela para el otoño 2019, o las hombreras, en su época. Se trata de un pequeño paso adelante en lo que a la presentación de la moda de cara al público se refiere, de esos que marcan un giro– por ejemplo, la influencia tecnológica que podremos ver en las pasarelas a partir de ahora- y que cumplen con su objetivo, sorprender al espectador (como a mí).

Fotos de Vogue Runway.

 

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