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¿Por qué malinterpretamos las tendencias?

Por Javier Hernández

Los noventas fueron por decirlo de alguna manera los años dorados de la moda, el lujo, la distinción y lo excéntrico se tomaron las pasarelas del mundo. Pero el auge no solamente fue en este sentido, también en el cine, la música y la televisión, una época maravillosa, en la cual nació el término Súper Modelo, quienes se posicionaron como nuestro mayor referente de estilo, todos queríamos ser como ellos, lucir como ellos, si cierta celebridad aparecía con un jean bota campaña, seguramente y sin darse cuenta se convertía en tendencia, sólo era cuestión de tiempo para que se popularizara entre sus fans; y por supuesto ellos mismos quisieron ser interpretados por las grandes masas, unificando de esta manera un poco el consumo.

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Con este boom, durante los noventas empezaron a surgir compañias analistas de tendencias, encabezadas por WGSN, la cual abrió paso a muchas otras que se consolidaron años después. Estas compañías se dieron cuenta que era “fácil” predecir el comportamiento del consumidor y más si este era influenciado por la publicidad, por las celebridades o las It Girls del momento. La llegada de las redes sociales denotó un éxito rotundo para estas compañías, ya que podíamos ver de manera sistemática a miles de influencers vestidos y vestidas de una misma manera, con un mismo estilo.

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Esto en términos generales suena muy bien, sin embargo, todo tiene un transfondo que hay que analizar. Seguir las tendencias nos garantiza de alguna manera una notable ventaja en el mercado, teniendo en cuenta que muchas de estas no se elaboran directamente para el mercado latinoamericano, sino que deben reinterpretarse y adaptarse a nuestra cultura, nuestro entorno, nuestro estilo de vida, entre muchos otros factores.

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A partir de los 90 perdimos un poco de identidad, ya que nuestro clóset estaba lleno de tendencias de lugares ajenos a nuestra cultura y nuestras raíces. ¿A qué me refiero con esto? Un país como Colombia, el cual no posee estaciones sino que nos regimos por los pisos térmicos y en el cual gozamos de diferentes climas durante todo el año, se vuelve mucho más complicada la reinterpretación. Otro de los factores que a mi manera de ver las cosas es el mayor problema de todos, porque nos deja SIN creatividad, nos limitamos a hacer exactamente lo que la tendencia nos pida. Es decir, no hacemos un proceso de diseño real, y seguimos bajo el paradigma del diseño americano, europeo o chino, las cuales son las más grandes potencias creadoras de estas tendencias.

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Todo esto me lleva a la siguiente conclusión. Una de las razones más importantes por las cuales a los diseñadores latinoamericanos o marcas nacidas en Latinoamérica, tienen un proceso más lento de reconocimiento en el exterior; o a la hora de solidificar nuestras empresas, es el hecho que estas tendencias, manipulen nuestro eje artístico como diseñadores, convirtiéndonos en una marca más del montón.

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Mi invitación hoy es a no tomarnos tan a pecho las tendencias, recordemos que nosotros mismos podemos ser analistas de las mismas y para ello solamente hay que salir a la calle, estar dispuestos a observar a detalle, inclusive desde nuestras redes sociales empezar a comprender el contexto que estamos viviendo. Si bien podemos tomar algunos ítems de estos informes, NO debemos fusilarlos, porque nuestra labor es generar una estética propia, un verdadero valor diferencial que nos haga sentir orgullosos de donde venimos y de esta manera abrirle las puertas a las siguientes generaciones de diseñadores.

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