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París 365 Denda: moda solidaria “por amor al arte”

  • París 365 Denda tiene una tienda de ropa de segunda mano en la calle Mayor desde hace más de un año
  • La regenta Lidia, una de las fundadoras de la iniciativa
  • Tienen más de 500 prendas a la venta, entre las que se incluye ropa de marca

PABLO PARACUELLOS

En lo viejo de Pamplona hay señores paseando, pinchos en los bares y piedras en el suelo. Desde siempre, el Casco Antiguo ha sido lugar de encuentro para el comercio pamplonica. Ahora, la oferta de lo viejo es preeminentemente gastronómica, y el pequeño comercio ha acabado más como un vestigio de aquella pintoresca etapa de tiendecitas locales que como un núcleo económico reseñable. En este punto, cualquiera podría pensar que es una locura lanzarse a la apertura de una tienda en lo viejo. Pues resulta que en plena calle mayor, donde todavía sobreviven una lamparería, una tienda de ropa de ballet, y una librería convertida en cafetería, un grupo de cinco mujeres de Pamplona de toda la vida decidió emprender con negocio. En el año 2017, alquilaron un local donde vender la ropa que generosamente sus paisanos, y especialmente sus paisanas, les donaban para los necesitados. Se trata de París 365 Denda, la última materialización del proyecto solidario llamado también París 365 que empezó como un comedor social hace más de 10 años y ahora ocupa tres locales distintos de lo viejo.

Letrero de París 365 Denda en la calle Mayor / Pablo Paracuellos

La puerta de la tienda esta incrustada dentro de una pequeña galería rodeada de escaparates. Lidia es una de las madres fundadoras de París 365 y quien me recibe dentro, mientras termina de atender a unas turistas, previsiblemente peregrinas, que quieren llevarse un pañuelico rojo de recuerdo. Lidia va vestida con un vestido de flores, a juego con los manteles que cuelgan de una barras y hacen de cortinas para los probadores y sonríe con cada nuevo cliente que entra por la puerta. Ella insiste en que hablamos todo lo que queramos pero que “nada de fotos” porque está “mayor” y no quiere que se le vea. Por su edad debería estar jubilada, aunque de hecho lo está después de haber trabajado 40 años como auxiliar de enfermería en la Clínica Universitaria, pero aún así regenta ocho horas al día la tienda de la calle Mayor. “Este trabajo te tiene que gustar, pero te ayuda a sacar lo mejor de ti mismo; además, no he dejado de venir ni un solo día”, asegura.

Lidia narra con orgullo cómo la iniciativa que formó con un grupo de amigas para dar ropa a los necesitados ha prosperado hasta ocupar un local mucho más grande: “Primero fue el comedor, luego el mercadillo de la calle San Antón, que sigue abierto, y ahora estoy aquí. Siento esta tienda como si fuera mía”. Con ella trabajan dos personas más que le ayudan a organizar las más de quinientas prendas que tienen entre la tienda y el almacén. Sin embargo, aquel día solo estaba una de ellas, una chica extranjera, el pelo recogido en una coleta y enfundada en una bata blanca que no quería hablar “por vergüenza”, matizó Lidia.

Según explica, toda la ropa distribuida en los estantes por tipo de prenda es donada, ya sea por tiendas o por personas. De todas las donaciones, Lidia selecciona las mejores piezas para ser vendidas y, una vez escogidas, las lleva a limpiar para que lleguen a la tienda en las mejores condiciones posibles: “Suelo llevar la ropa a una lavandería cerca de mi casa porque puedo meter muchas prendas a la vez a la lavadora y es barato. Pero cuando encuentro alguna cosa especial que requiere más cuidado la lavo a mano en mi casa”. A este respecto, Lidia asegura que la ropa donada es “una lotería” y, a veces, se encuentra piezas “de marca, muy caras”, que pese a todo somete a los precios populares de París 365. Comenta que también es habitual encontrarse dinero en los bolsillos de algunas prendas: “Si eso pasa, como todo el dinero que recaudamos con las ventas, lo destinamos al comedor”.

Lidia tiene una selección especial de ropa de marca / Pablo Paracuellos

Lidia se gira para seguir atendiendo. “Un minutico, majo”. Dando una vuelta por la tienda, entre una caja llena de libros para niños y un estante con zapatos de tacón, aparece una mujer de mediana edad con un marco de fotos en la mano: “Oye, mira que marco tan bonito. ¿Qué te parece? Yo que tú me lo llevaría, está estupendo”. Por lo visto se llama Irene, y ante la pregunta de si trabaja en París 365 dice que no, que es amiga “de toda la vida” de Lidia y que, como ahora está de baja, se pasa por las mañanas a saludar y a intentar “colocar” algún artículo a los clientes. Esta dependienta improvisada es solo otra muestra del espíritu de cooperación que mueve a París 365. Según Irene, todos ayudan “por amor al arte” y comenta que en el almacén de la calle San Antón las voluntarias están ahora trabajando en restaurar vestidos de flamenca.

Tras despedirse Irene de toda la tienda, Lidia explica cómo antes no solía pasar gente de Pamplona: “Al principio la gente era reacia a venir porque esto no deja de ser una tienda de segunda mano para necesitados. Pero ahora ya no hay estigma y, de hecho, los pamplonicas son nuestros principales clientes”. Matiza, sin embargo, que siguen acudiendo necesitados pero en ese caso pueden comprar la ropa con unos bonos que se reparten en el comedor.

Es ya mediodía y se acerca la hora del cierre. En ese momento, Lidia lamenta que “lo complicado es hacer cosas nuevas” para conseguir más clientes pese a haber ampliado su oferta vendiendo también discos, libros, electrónica y menaje para el hogar. Ya en la puerta, a punto de cerrar señala el escaparate que la rodea. “Todo esto lo coloco yo. Esta es una de las cosas nuevas que te comentaba. Siempre me ha gustado el escaparatismo y mira qué bien queda así todo”, dice para referirse a un tocador antiguo sobre el que ha dispuesto un juego de té de plata y ropa apoyada en los bordes. En el momento de la despedida, ya con todo cerrado, sonríe y recuerda: Por favor, sácale una foto a la ropa de San Fermín del escaparate, que es dentro de nada y me ha quedado chulísima esa parte”.

Una de las composiciones de escaparate hechas por Lidia / Pablo Paracuellos

Si te ha gustado este reportaje, no tengas problema en pedir otro en alguna tienda de segunda mano de Pamplona que conozcas. ¡Estaremos encantados de visitarlo y contarte cómo ha sido la experiencia!

Mnivídeo: París 365 Denda desde dentro

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