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ODA AL COLOR

Más allá de la escala de grises

Las personas que trabajan con colores – los artistas, terapeutas o diseñadores de cualquier tipo – deben saber qué efectos producen en los demás. Cada uno de esos profesionales trabaja con los tonos de manera individual, pero el efecto de los mismos ha de ser universal.

Eva Heller

Sinuoso y sin disolventes. Así ha entrado en nuestra rutina. Ahora, es imposible deshacernos de él puesto que ya se encuentra integrado en lo más hondo de la conciencia colectiva.

El nuevo mundo que empieza a surgir tras la pandemia está lleno de color. La vida se abre paso con firmeza, sin titubeos, para dejar atrás el horror experimentado.

¿Pero cómo lo estamos afrontando?

Decidimos refugiarnos en los hobbies de la infancia sí, pero nada de lo que hacemos tiene ahora esa perspectiva atravesada por la inocencia. Y es que los colores, nos permiten hacer frente a lo que vendrá. No se trata únicamente de una declaración de intenciones a través del vestir, sino que se convierte en una herramienta más cuyo único fin es la supervivencia. Tal vez un día o unas horas; lo que sea con tal de encontrar una chispa de esperanza entre el caos.

Vía Squish Beauty

El color, además de ser materia prima de cualquier diseño o creación por tosca que parezca en un inicio, es vehículo de emociones y estados mentales. Para cada situación, un tono. Paz, pasión,odio, guerra, lujo, extravagancia… todos cuentan con matices cromáticos asociados.

Ya sea rescatando mundos perdidos como hizo McQueen en 2009 gracias a Plato’s Atlantis o a través del color block representado ahora gracias al athleisure de sellos como Lacoste: lo importante es estar full of color.

B/ Алекке Блажин

Hemos dejado atrás las formas orgánicas y el continente sobrepasa al contenido. Vamos más allá de las normas, lo establecido e incluso el buen gusto. Así, la gama cromática se amplía, e incluso los más estrictos deciden sumarse a la tendencia.

Los diseños, hacen ahora guiños no solo a los setenta y la psicodelia, sino que se inspiran en muchos de los juguetes que podemos encontrar en cualquier bazar de la ciudad.

Ositos de goma, elementos chillones, piruletas, chapas, parches y mucho “brilli brilli”. Se popularizan así los patrones, colores y estampados típicos de nuestra niñez, y Paloma Wool, Ganni o Courrèges han conseguido alzarse como reinas de toda aquella nostalgia que en ocasiones en más fuerte que el propio deseo de seguir adelante.

Vía Courrèges

Así que aquí estamos, navegando en un mar embravecido, rodeados de estímulos (muchos de ellos terroríficos), y vadeando los obstáculos con la expresión personal como única baza para jugar. El tablero se torna de esta forma, territorio desconocido, con nuevas normas y en ocasiones carente de ellas. La moda surge (o más bien diría que permanece) como aliada de una juventud que venía dispuesta a comerse el mundo, y ahora solo aspira a vestirse de neón y conservar cierta dignidad.

Arriesga, que ya hemos perdido demasiado.

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