Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

Nutricionismo y titulares

¡Buenas tardes!

Seguro que has visto muchas veces noticias tituladas “10 ventajas de comer arándanos”, “7 cualidades de las semillas de chía” o “5 contraindicaciones del consumo de aguacate que tal vez no conozcas”.

Estos titulares no son otra manera más de captar la atención del lector para que leas el artículo. No obstante, todas estas noticias tienen algo en común: ensalzan o demonizan a un alimento por sus propiedades y/o las sustancias que lo componen.

Un claro ejemplo de información de este tipo que ha calado hondo desde hace años en la población, es relacionar automáticamente el consumo de naranja con la vitamina C, cuando la naranja contiene bastantes más compuestos que simplemente una vitamina.

Por supuesto, está basado en algo cierto. Sin embargo, siguiendo con este ejemplo, hay otros alimentos que tienen más vitamina C que la naranja, como el pimiento (tanto rojo como verde), la coliflor, el kiwi o la fresa.

Cuando se comparan compuestos de alimentos, hay que hacerlo sobre una misma cantidad, la cual es siempre 100 gramos. La porción comestible de una naranja (es decir, la naranja sin cáscara, lo que te comes después de pelarla) suele ser de unos 200 g y, teniendo en cuenta que la recomendación diaria de vitamina C para un adulto es de 60 miligramos, con la ingesta de una sola pieza de esta fruta se obtienen 120 mg.

En la siguiente tabla está resumido para que se vea más claramente, añadiendo los ejemplos del pimiento verde y de la fresa.

Como se puede observar todos son ricos en vitamina C, pero al ser de distintos tamaños, no es lo mismo comparar a la naranja que con la fresa. No obstante, lo normal en una ración no es comer solo una fresa, si no varias, con lo que si se ingirieran unas 6-7 fresas eso equivaldría a una naranja en cuanto a dicha vitamina.

Entonces, ¿por qué desde que éramos niños hemos oído a todo el mundo contar alabanzas sobre lo maravillosa que es la naranja por su alto contenido en vitamina C y no ha ocurrido lo mismo con otras frutas o verduras?

No hay una sola contestación a esa pregunta, aunque algo bastante probable es que fuera porque con tan solo una naranja, cubres de sobra las necesidades diarias de vitamina C, y para alguien que no prueba la fruta ni la verdura (quizás por épocas de escasez de alimentos, por gustos o por malos hábitos) un simple zumo de naranja puede darle la sensación de solucionarlo.

La vitamina C está presente en multitud de frutas y verduras

Nutricionismo, ¿qué es?

Simplificar la composición de un alimento meramente a un mineral, vitamina o a una propiedad es algo incoherente, ya que lo importante es la alimentación global que se tenga. Nadie se come de manera aislada la vitamina A de un pimiento, al igual que nadie se come solo un pimiento en un plato de alubias con verduras.

Por eso, las noticias que llaman la atención sobre un alimento son absurdas, tratan a la comida como una moda pasajera donde su estrella es una “nueva” y exótica verdura que llega desde Asia y que prometen que es una auténtica panacea.

Este es el concepto de nutricionismo: separar a los alimentos por sus nutrientes de manera individual; simplificar a un huevo por su contenido en colesterol, a una salchicha procesada por alto contenido en fósforo o al plátano por ser fuente de potasio.

El efecto que provoca esta simplificación me parece peligroso por varios motivos:

  • La industria alimentaria puede sacar provecho de esto, aludiendo que su producto es sano debido a que lleva añadido un ingrediente extra de moda. Por ejemplo, unas salchichas ultraprocesadas de baja calidad con un porcentaje de carne más bien bajo, a las que se les han añadido minerales como el fósforo o el hierro y las cuales te venden como si fueran la mejor opción para obtener esos minerales en tu dieta (nada más lejos de la realidad).
  • Se pueden generar diversas reacciones en las personas al oír estas simplificaciones: o alabar o rechazar un alimento sin más fundamento que el que han escuchado o leído. Durante muchos años gran parte de la población consideró que comer huevos a menudo era malo por el colesterol, y a día de hoy, aunque se demostró que es mentira, son bastantes las personas que siguen pensando que no es bueno o que hay que limitar su ingesta a unas 2 o 3 veces por semana.
  • En el caso de que sea una simplificación positiva para el alimento, se suele aumentar su consumo sin conocimiento sobre cómo se obtiene, de qué país viene y si es sostenible, pudiendo desplazar a otros alimentos de temporada propios de la zona, seguramente más baratos, con propiedades muy parecidas a ese nuevo alimento.
  • El nutricionismo le sirve a la industria alimentaria también como estrategia para fijar la atención de los consumidores en los nutrientes aislados del alimento, mirar cuántos hidratos de carbono tiene, la cantidad de grasas, las calorías o si lleva añadido algún ingrediente más novedoso como alguna semilla que esté de moda. Lo realmente importante es mirar los ingredientes del alimento, que sean de calidad, cuantos menos mejor y así sabremos si se trata de algo saludable o por el contrario, si se trata de un producto ultraprocesado.

Conclusiones

No te dejes marear o engañar por titulares llamativos que aseguran haber hallado un superalimento, ni tampoco por las modas.

De nada sirve que las noticias se llenen de los beneficios de tomar vitaminas y minerales si luego se lleva a cabo una alimentación basada en productos ultraprocesados, como lácteos azucarados y desnatados suplementados con omega-3 y calcio, galletas de harina integral edulcoradas bajas en grasas o tortas de arroz bajas en sal y en calorías.

Lo importante es fijarse en el etiquetado del alimento y hacer una valoración global. Es decir, si estás comprando unas alubias cocidas de bote, sus ingredientes deberían ser solo las alubias (a excepción del conservante que se les añada). La valoración en este caso es que aunque sean un producto procesado (puesto que son alubias cocidas y no secas, al natural) siguen siendo un buen alimento.

La mejor comida es aquella que no lleva etiquetas y que no ha sido procesada, y es en esta en la que deberíamos basar nuestra alimentación.

Fuente

  • Moreiras O, Carbajal A, Cabrera L, Cuadrado C. Tablas de composición de alimentos. Guía de prácticas. 16º edición. Madrid: Pirámide; 2014.

Relacionado