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No es un «mood», es una cultura

La romantización de la apropiación cultural

Por: Mónica Guerrero, Mónica Luy, Regina Romero y Miriam Vega

En junio de 2019, la marca Carolina Herrera lanzó su colección “Resort 2020” inspirada en el mood de vacaciones en latinoamérica, como describió la misma casa de moda:

Un amanecer en Tulum.
Las luces de Lima.
Un paseo en la Ciudad de México.
Las olas de José Ignacio.
Un baile en Buenos Aires.
Los colores de Cartagena.

Pero fuera de las pasarelas y el mundo de la moda donde tuvo una buena recepción, la colección causó controversia e indignación en México al ser acusada de plagiar textiles indígenas, algo fácilmente reconocible al ver las piezas que muestran textiles iguales a los bordados tradicionales de Chiapas, los sarapes de Saltillo y los tenangos de Hidalgo.

La controversia ayudó a desenterrar el gran problema que existe en nuestro país debido a las pocas o nulas medidas que existen para proteger la propiedad intelectual de las comunidades indígenas sobre su patrimonio cultural. La Secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, le escribió una carta a la marca reclamando el plagio, la CNDH publicó una recomendación sobre las medidas que debería de tomar el gobierno para proteger el patrimonio indígena y en el senado se redactaron propuestas de leyes y reformas, en gran medida impulsadas por la senadora oaxaqueña Susana Harp, para proteger a las comunidades indígenas e incluirlas explícitamente en las leyes federales de Propiedad Industrial y de Derecho de Autor.

Es importante recalcar que no se trata de un fenómeno nuevo, sino de un problema persistente. De 2014 a 2020 la ONG Impacto Mx registró 47 casos de plagio, principalmente en los estados de Oaxaca y Chiapas y 16 siendo de los textiles de Tenango de Doria, Hidalgo, esto a pesar de que los tenangos están registrados como marca colectiva ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).

La marca española Zara, se ha apropiado de diseños en tres ocasiones. En 2018 plagió el bordado típico de la comunidad de Aguacatenango (Chiapas) la cual nunca fue compensada. En 2020, replicó una de las bolsas tradicionales mexicanas que se suelen encontrar en mercados o tianguis por el elevado precio de 649 pesos mexicanos. En 2021, recibió críticas por vender un estropajo o zacate en su división para productos del hogar, Zara Home, a 299 pesos. 

De igual forma, Isabel Marant ha sido acusada de apropiación cultural en dos ocasiones. La primera en 2015 cuando plagió la iconografía proveniente de Santa María Tlahuitoltepec en Oaxaca. La prenda hecha por las artesanas cuesta 300 pesos, la de la diseñadora francesa cuesta 4,500. La segunda ocasión sucedió con su colección Etoile, en la cual la prenda presentada como “Gabo wool blend poncho” es idéntica a los tejidos geométricos purépechas de Michoacán y que aún después de toda la controversia está a la venta en el sitio web Farfetch por 15 mil pesos.

Por supuesto, hay muchísimas más marcas que no mencionamos aquí, pero que también se han apropiado de los diseños y textiles indígenas, incluso marcas mexicanas como Draco Textil, Pineda Covalín, la youtuber Yuya,  Liverpool, Palo de Yucca y Brother vellies que en el año 2018 se apropió de los llamados ‘’huaraches’’. 

Más el trabajo de Brother Vellies está encaminado a la apreciación cultural, pues trabajan de forma responsable con las comunidades indígenas para asegurar que su trabajo sea no solo visible para el mercado sino que sea remunerado de forma digna. Al final del día, si bien la empresa comercializa estos productos para sus propios fines comerciales, lo hace también tomando en cuenta a los artesanos y asegurándose de que su trabajo y la tradición que hay detrás de él sean respetados y apreciados por consumidores de todo el mundo.

La apropiación cultural es el acto de tomar y hacer propio un objeto, gráfico o patrón de una cultura a la cual no se pertenece, sin darle el debido valor y trato respetuoso. La cadena viciosa de esta problemática se genera debido a la errónea interpretación que la sociedad sobre lo que significa apropiarse culturalmente de algo, por lo que termina justificándose como una “inspiración que honra a la cultura” siendo plagiada. 

Éste es el problema más grande debido a que de ahí derivan muchas otras consecuencias, la principal siendo que quienes reciben las ganancias nunca son los pueblos sino las empresas, por lo que la dedicación, el esfuerzo y la creatividad de los pueblos originarios de México se menosprecian y se hacen a un lado en nombre del capitalismo. 

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