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Ni Zara ni H&M; Por qué y cómo despedirte del fast fashion

Fuente: pixaby

El deterioro de las condiciones climáticas globales ha hecho repensar la forma en que la sociedad consume y elabora la mayoría de los productos de uso diario. Actualmente, la industria agropecuaria y ganadera es la que genera más debate sobre el consumo responsable y ha provocado un cambio de actitudes en algunos estratos de las sociedades. No obstante, dicha industria no es la única que incide en la contaminación y el calentamiento de la Tierra. La moda también juega un papel fundamental en el desgaste del medio ambiente, por eso es urgente contrarrestar el impacto eco social y encontrar una nueva forma de vestir.

05/sep/2019

Por Arantxa López A.

La moda es un movimiento complejo. Abarca aspectos políticos, sociales, ambientales y culturales. En el ámbito individual, la moda es una forma de expresión propia que permite comunicar a otros quién eres y cuál es tu identidad: cuáles son tus gustos, quiénes son tus inspiraciones, qué posturas sostienes y hasta cuáles son tus creencias. Es por ello por lo que las personas gastan mucho tiempo y dinero pensando qué vestir y dónde comprar.

Sin embargo, la forma en que actualmente se conforma la industria textil es tóxica. La explotación al medio ambiente y a los maquiladores es severa. Si bien esta industria es global, los consumidores pueden reparar el daño al actuar localmente.

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¿Bueno, bonito y barato?

Las grandes corporaciones de moda tales como Zara, H&M, Mango, Topshop, Forever 21, Inditex, Primark, Uniqlo, Gap, entre otros, en su carrera voraz de ser el líder en ventas regionales y mundiales, han hecho de la industria de la moda un juego sucio.

Utilizando estrategias mercantiles como el llamado fast fashion, es que dichas marcas se posicionan como las más populares y rentables del mundo.  Tan sólo Zara tiene un alcance mundial que abarca más de 1900 tiendas repartidas en 87 mercados diferentes.

La apuesta de dichas tiendas es vender ropa con diseños similares a las de marcas de lujo, pero a un precio bajo. Lo cual, en términos simples, suena bastante atractivo para cualquier público; No obstante, lo que se esconde detrás de la premisa del low cost o bajo precio es preocupante.

Así como la llamada fast food o comida rápida, que tiene como premisa principal la venta de alimentos a precios accesibles y en un tiempo de servicio muy rápido, el fast fashion se caracteriza por la producción en serie de miles y miles de prendas de ropa en una sola vez y a costos bajísimos en países en vías de desarrollo, principalmente en el continente asiático.

La segunda industria más letal

Solamente detrás de la industria petrolera, la textil es la segunda más contaminante en el mundo, pronunció Eileen Fisher, diseñadora de moda y ecologista al recibir el premio Riverkeeper por su compromiso con causas ambientales.

“A menudo cuando pensamos en contaminación nos imaginamos plantas eléctricas, minas o aguas residuales. Normalmente no pensamos en las playeras que vestimos.” Se puede leer en el sitio web especializado en noticias ambientales, Ecowatch.

Otra característica de la moda rápida es que modifica la manera en que los consumidores aprecian las prendas. El gusto del público cambia con rapidez y eso a su vez genera que se creen nuevas prendas y nuevas tendencias y al mismo tiempo que se compre con más frecuencia.

Fuente: pixaby

Rapidez = explotación

Por ejemplo, según un estudio de la organización ambientalista Greenpeace denominado Detox, marcas como Zara, H&M, etcétera, coinciden en modificar el ciclo establecido de temporadas al introducir colecciones nuevas a mitad de temporadas. Es decir, si antes lo normal es que hubiera de dos a cuatro colecciones al año, hoy en día, el fast fashion elabora de 6 a 8 colecciones.

“Zara, una de las principales marcas de moda rápida, puede lanzar una línea de ropa en un plazo de entre 7 y 30 días, y reponer las prendas más vendidas en las tiendas en solo 5 días.”

Para lograr lo anterior, las distintas cadenas de moda, aceleran el ciclo de creación, producción y distribución de la vestimenta. En consecuencia, la calidad disminuye pues a los trabajadores de las fábricas los presionan para terminar las prendas sin importar errores de confección; la explotación laboral aumenta pues en la lógica del low cost, a menor cantidad de dinero gastado en la producción de la prenda, mayor ganancia habrá, lo que implica que la paga a los manufactureros sea mínima.

Asimismo, las implicaciones ambientales son letales, en cada tela se utilizan aproximadamente 200 toneladas de agua; esto sin mencionar los pesticidas y los químicos para pintar y hacer impresiones en las playeras, por ejemplo.

Fuente: Chor Sokunthea / Reuters

Sustentabilidad, lentitud y reciclaje

Ante esta situación, nuevos movimientos comenzaron a desarrollarse con el fin de reducir el impacto eco social que la moda rápida provoca. Aparecen el slow fashion y el zero waste.

En contraposición, la moda lenta o el slow fashion se caracteriza por reutilizar la ropa y darle el mejor uso posible hasta que la prenda quede verdaderamente inservible. Por su parte, el zero waste o cero desechos busca reducir a cero la producción de basura de cada individuo.

Como respuesta a estos movimientos, surge también la moda sostenible, término derivado del desarrollo sustentable, el cual dicta que el desarrollo de las sociedades no debe de degradar o desgatar el medio ambiente ni agotar los recursos naturales. La moda sostenible establece que en el modelo de negocio se tiene que dar prioridad a la conservación de los recursos naturales, tiene que procurarse el bajo impacto ecológico y ambiental de los materiales utilizados, la reducción de la huella de carbono y el trato justo en las condiciones económicas y laborales de los trabajadores.

Actualmente, en México, especialmente en la capital del país se están popularizando dichos movimientos y se están creando nuevas formas de vender y comprar ropa.

Pensar globalmente y actuar localmente: la segunda vuelta

Los bazares se han puesto de moda otra vez, la ropa llamada de segunda mano o de segunda vuelta son la solución que plantean mujeres emprendedoras que mediante la masificación de las redes socio digitales como Facebook e Instagram promueven la compra-venta de ropa usada o vintage.

Tan sólo en Instagram, hay alrededor de 25 bazares de la CDMX que tienen entre 500 y 10 mil seguidores, mientras que en el resto del país hay aproximadamente 72 bazares más con similar número de seguidores, lo anterior según datos recuperados de la segunda edición del directorio de bazares de segunda mano y tiendas vintage hecho por la cuenta de Instagram @elarmariodeurenda, uno de los bazares más populares de la red social y que cuenta con 10 mil 300 seguidores.

Las dueñas de los bazares se dedican a buscar ropa en otros bazares o tianguis de la capital para después reparar aquellas prendas que lo necesiten y venderlas en sus respectivas cuentas. Las actualizaciones de sus hallazgos son una vez a la semana, los precios varían desde 30 a 250 pesos. Para comprar, el primer comentario en la publicación es el que se lleva la prenda; después la dueña y la clienta acuerdan la entrega en algún metro de la ciudad o se paga el envío.

De igual manera, hay eventos en los que se reúnen distintos bazares de la ciudad en colonias como el Centro o la Roma y se dan desde ventas hasta trueques.

Uno de los bazares más populares de la CDMX es @panpan.mx, que a tan sólo un año de su creación ya tiene 5,762 seguidores. La dinámica de este y todos los otros bazares es vender ropa usada que aun este en buenas condiciones a precios bajos, algo así como el low cost, pero con perspectiva eco social y sustentable.

Mariel Sánchez de 22 años, quien es propietaria de panpan.mx, considera que es importante la estimulación de este tipo de negocios porque

“mientras más bazares existan, más fácil se reducirán los tabúes que tiene vestir ropa usada. Sí he notado que el tabú está desapareciendo. Mi target es de chavas de los 20 a los 35 años quienes veo que usan mi ropa para ir a la escuela o a la oficina. Incuso lo veo entre los sectores más privilegiados de la sociedad y eso me causa mucha felicidad”.

Además, ella cree en practicar la economía cíclica.

“Si dejamos de comprar en tiendas, el dinero se queda entre nosotras y así, las grandes empresas no perciben tanto.”

Para ella, el bazar ya no se trata nada más de vender la ropa que ya no usa o no le queda, sino que ahora es un negocio y su principal fuente de ingresos:

“Es fácil comenzar, mantenerse es donde se pone difícil. Me la he pasado días enteros pensando en estrategias para tener cómodas a mis clientas, para darles toda una experiencia. Una ocasión, me di cuenta que trabajé 48 horas en una semana haciendo cosas del bazar: preparaba entregas y envíos, tomaba fotos, editaba, contestaba mensajes, subía contenido, etcétera. Después de eso, vi claramente que esto era un trabajo.”

El cambio climático y el calentamiento global son inminentes pero lo que se puede hacer como individuos para reducir y aligerar los estragos climáticos son cosas sencillas. El primer paso es informarse, saber qué se está haciendo mal y que se puede mejorar. Si bien una persona no puede cargar con el peso de salvar el mundo, si puede actuar localmente y ayudar desde el lugar donde se encuentre porque lamentablemente, cualquier rincón del mundo necesita ayuda, necesita conciencia y necesita cambio.

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