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MULTIPOLARIDAD O LA RE – CONFIGURACIÓN DEL ESQUEMA BIPOLAR

Los Estado – nación siguen perdiendo espacios frente a la sociedad civil organizada (ONG´s, grupos de presión, etc), las empresas transnacionales  y los organismos supranacionales aun cuando hoy día el retorno de los nacionalismos económicos amenacen seriamente esta tendencia. Esto no significa que en los próximos años, estaremos asistiendo a la desaparición absoluta del poder de los Estados. Por el contrario, significa que cada vez hay nuevos actores y variables con las cuales los Estados se ven obligados a negociar espacios que antes eran de su exclusiva competencia.

Un aspecto un tanto novedoso en este nuevo esquema es que parece que estamos asistiendo a la perdida relativa de relevancia del mundo basado en reglas supervisadas que emergió de los arreglo de Bretton Woods. Por ejemplo, es cada vez más evidente la incapacidad de la Organización Mundial del Comercio (en adelante, O.M.C) para negociar nuevas reglas que regulen el comercio mundial, y la arquitectura financiera que surge después de la Segunda Guerra Mundial (Fondo Monetario internacional y Banco Mundial) es cada vez más desafiada por China con el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infrastructure Investment Banka – IIB) que busca ofrecer una alternativa al poder del F.M.I y el posicionamiento del Renminbi como divisa convertible.

Estamos asistiendo a un re-acomodo de los poderes fácticos en el esquema geopolítico mundial, con el riesgo que las nuevas reglas se negocien cada vez más de manera bilateral o plurilateral e impuesta al resto del mundo como hechos cumplidos. En este escenario los países pequeños, entendiendo por ello aquellos con escasas posibilidades de imponer sus propios intereses, serían los más perjudicados. Por ello es importante estar atentos a todas las negociaciones económicas, comerciales y financieras que se desarrollen a nivel mundial para poder medir el impacto que pueden tener sobre nuestras economías.

Por otro lado, también es particularmente relevante la re – localización de la producción mundial que está sucediendo a través de la conformación de “cadenas globales de producción” las cuales involucran intereses económicos, comerciales y financieros de muchos países. En el caso de las producciones basadas en la segmentación de la cadena de valor, los países pasan a especializarse en actividades o tareas productivas y no en industrias, como era en el pasado. Por ejemplo, un producto fabricado en la India puede incorporar materias primas, recursos financieros, servicios y procesos productivos intermedios de muchos otros países, los cuales pasan a compartir y representar los mismos intereses estratégicos de la India.

En este escenario ya no sólo tendremos sucursales de empresas transnacionales presionando a los gobiernos nacionales para que adopten o dejen de adoptar determinadas medidas, sino que tendremos países enteros presionando para favorecer determinadas políticas económicas, financieras y comerciales. Esto ya está cambiando el mismo enfoque de las negociaciones. Detrás de los intereses naturales de las empresas transnacionales ahora se alinean intereses de países para favorecer estas estrategias.

En otro orden de ideas, el ascenso de China y el debilitamiento relativo de la economía norteamericana continúa cambiando el balance de poder mundial. Hasta la Presidencia del expresidente  Barack Obama, ambos países practicaban una política exterior de auto-contención y de cierto pragmatismo. En lo económico, se orientaban hacia soluciones de mercado, y, en lo político, ambos se reconocían la necesidad de la coexistencia pacífica para alcanzar sus intereses.

Con la llegada a la casa blanca del Presidente de Donald Trump Estados Unidos intenta retomar su liderazgo planetario forzando el retorno de la bi-polaridad. En lo ideológico, la nueva administración norteamericana se orienta hacía un esquema conservador y nacionalista, apoyado en una doctrina económica con rasgos mercantilistas. Recordemos que el mercantilismo fue una práctica política y económica adoptada por muchos países hasta la primera mitad de siglo XVIII, y que consistía en considerar que las exportaciones debían prevalecer siempre sobre las importaciones. Estamos conscientes que esta definición podría constituir una simplificación de lo que significó el mercantilismo. Sin embargo, la consideramos adecuada para nuestros propósitos.

China, por otro lado, ha respondido a este desafío haciendo una apasionada defensa a la globalización y del libre comercio ofreciendo un desarrollo común a través de la apertura al exterior en la que todos ganen. No obstante, frente a esta guerra declarada se ha reservado el derecho a responder, en los términos que consideren adecuados, a lo que consideran una política agresiva del gobierno norteamericano.

Aún que es muy temprano para predecir cuál será la forma definitiva que asumiría esta re – configuración del poder mundial. El afianzamiento del poder económico y militar de China coloca a este país como un polo  de poder  que empieza a desafiar a los Estados Unidos, aún en sus propias áreas de influencia. Estados Unidos, por su parte, comienza a volcarse sobre sí mismo en una política económica y comercial proteccionista y de constantes desplantes a los intereses de América Latina. No sólo es el ofrecimiento de construir un muro que separe las fronteras de México con los Estados Unidos, sino también es la amenaza de deportar a millones de indocumentados latinoamericanos que viven y trabajan en ese país; de desmantelar o re negociar los acuerdos suscritos con países de la región y de revocar la normalización de las relaciones bilaterales con Cuba, además de referirse en tonos ofensivos a la inmigración que reciben de algunos países de la región y de África. Por ejemplo, la prensa internacional recogió, el 12 de enero de 2018, las afirmaciones hechas por el mandatario estadounidense cuando criticó la inmigración que estaban recibiendo de Haití, África y El Salvador. En sus declaraciones expresó: “¿Por qué estamos recibiendo a toda esta gente de países de mierda?”. Este es sólo un ejemplo del tono de las declaraciones del Presidente norteamericano sobre este tema.

Mientras tanto, América Latina incrementa sus relaciones con China. Desde el gobierno del expresidente Obama se ha registrado un ascenso de las relaciones económicas y comerciales de la región con ese país, en desmedro del mercado Norteamericano. Estamos convencidos que la diversificación de mercados constituye una práctica sana y deseable en las relaciones internacionales. Ninguna economía estable debe depender exclusivamente de un sólo mercado porque la salud de ese mercado afecta su propio desempeño. Es el caso, por ejemplo, de la economía mexicana que hoy enfrenta serios desafíos con el gobierno del presidente Trump y cuya salud económica depende de las variables que se manejen en ese mercado. Sin embargo, también estamos convencidos que debemos vigilar que diversificación no reproduzcan los patrones tradicionales de inserción internacional de nuestras economías con la exportación de comodities. Por el contrario, deben ayudar a establecer un tipo de relaciones que contribuyan con nuestro desarrollo y en la práctica la diversificación de socios de la región con China no parece estar contribuyendo a alcanzar este objetivo.

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