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Mujer 50+: vida más activa y cambio de hábitos, indispensables

La edad es a la vez el principal desencadenante y factor de riesgo de muchas enfermedades que son prevalentes en la mujer adulta. Así, el ictus, la osteoporosis y el cáncer de ovario suelen “dar la cara” superada la quinta década de la vida. Otras, como la psoriasis, aparecen antes, pero su impacto es especialmente significativo en la etapa reproductiva de la vida femenina.

Las peculiaridades de estas enfermedades, sus factores de riesgo (que son comunes en todas ellas), las actuales opciones de tratamiento y las pautas que debe seguir la población femenina para prevenirlas y afrontarlas fueron las cuestiones que centraron la mesa de debate Salud de la Mujer, organizada por CuidatePlus, Diario Médico y Telva, en colaboración con GSK, Janssen y Theramex, y que contó con la participación de Enrique Casado, jefe de la Unidad de Metabolismo Óseo del Servicio de Reumatología del Hospital Parc Taulí, de Sabadell; Susana Arias, vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología (SEN); Alfonso Cortés, oncólogo médico de la Sección de Cáncer de Mama y Tumores Ginecológicos del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid; y Lourdes Rodríguez, directora de la Unidad de Psoriasis del Hospital Virgen del Rocío, de Sevilla.

Prevalencia y nexo con el “calendario”

Las enfermedades cerebrovasculares y el ictus son la principal causa de muerte y discapacidad en las mujeres españolas. “Cada seis minutos se produce un ictus en nuestro país; se sabe que una de cada seis personas padecerá un ictus a lo largo de su vida y que cada año 15.000 mujeres fallecen a causa de una enfermedad cerebrovascular”, explicó Arias, quien destacó que la mayor prevalencia del ictus en la población femenina está directamente asociada con su mayor esperanza de vida respecto a los hombres.

“Además, los ictus que padecen las mujeres son de peor pronóstico, ya que se deben fundamentalmente a una fibrilación auricular, lo que hace que resulten más discapacitantes y de peor pronóstico, algo que a su vez implica un mayor riesgo de dependencia”, añadió la neuróloga.

Por otro lado, entre el 25 y el 30% de las mujeres mayores de 50 años tiene osteoporosis (la pérdida de masa ósea asociada a la caída de los niveles de estrógenos durante la menopausia es su principal causa), “y la prevalencia aumenta con la edad, alcanzando el 40-50% en las mayores de 70 años”, comentó Casado.

En cuanto al cáncer de ovario, es, en los países desarrollados, el tercer tumor ginecológico más frecuente, con una incidencia de aproximadamente 7 casos por cada 100.000 mujeres. “La edad de aparición es en la década de los 60 años y se le considera un tumor silente, ya que su sintomatología se presenta de forma tardía y, además, es muy inespecífica (cansancio, distensión abdominal, molestias digestivas…), razón por la cual el 60% de los casos se diagnostican en estadios avanzados”, señaló Cortés.

Aunque la psoriasis afecta por igual a hombres y mujeres (su prevalencia es del 2-3%), al coincidir con la etapa reproductiva (la edad media en la que se manifiesta son los 28 años, y el 75% se presenta a los 40 años), conlleva una serie de retos en la población femenina, según relató Rodríguez, “sobre todo en los casos más graves, en mujeres que desean quedarse embarazadas o que lo están en el momento del diagnóstico. La enfermedad no afecta directamente a la fertilidad, y hay estudios que apuntan a que el aumento de estrógenos y de otras hormonas que se producen en el embarazo ayudan a inhibir la inflamación que caracteriza a esta patología y, de hecho, el 80% de las pacientes mejoran durante la gestación. Es muy importante que comenten con el profesional que hace el seguimiento de su enfermedad los planes respecto a la maternidad, para así ajustar el tratamiento a esta circunstancia”.

Tratamiento: enfoques más personalizados

En cuanto al abordaje, en todas estas enfermedades se han producido importantes avances en los últimos tiempos. La incorporación de los tratamientos biológicos (que actúan sobre dianas mucho más específicas que los fármacos tradicionales) ha permitido establecer planteamientos terapéuticos cada vez más individualizados de la psoriasis, el cáncer de ovario y la osteoporosis, consiguiendo así, además de una mayor eficacia, una mejora en la calidad de vida de estos pacientes. Asimismo, el actual arsenal terapéutico incorpora distintas opciones (tanto de administración como de periodicidad), lo que a su vez favorece la adherencia, un reto importante especialmente en el caso de la psoriasis y la osteoporosis.

En el ictus, Arias señaló que la introducción de las terapias recanalizadoras intravenosas y, sobre todo, de la terapia endovascular (que permite llegar directamente hasta el trombo causante del ictus y extraerlo) ha marcado un antes y un después en el abordaje.

Aunque los especialistas reconocieron que las distintas campañas de información y concienciación sobre estas enfermedades, sus síntomas y sus factores de riesgo han tenido efectos positivos (por ejemplo, favoreciendo el diagnóstico precoz), coincidieron también en la necesidad de hacer más esfuerzos en este sentido, tanto a nivel institucional como desde las consultas, y de que los mensajes que se transmiten a la población hagan especial hincapié en la importancia de reconocer y controlar los factores de riesgo.

Prevención, calidad de vida y factores de riesgo modificables

La adecuada formación-información y un estilo de vida saludable (en el que la alimentación y la práctica de ejercicio juegan un papel clave) son las pautas de prevención más efectivas aplicables a todas estas enfermedades, de ahí que los participantes en el debate insistieran en la importancia de que las mujeres, especialmente las de edad adulta, incorporen una serie de cambios en sus hábitos, tanto para reducir el riesgo de estas patologías como para mejorar el pronóstico y la calidad de vida en caso de verse afectadas por ellas:

No bajar la guardia y rapidez de acción

Conocer los síntomas de estas patologías y buscar ayuda profesional es clave en todos los casos y determinante cuando se trata del ictus: “Hay estudios que demuestran que las mujeres llegan más tarde al tratamiento debido a ciertas circunstancias vitales, ya que por edad, muchas de ellas viven solas y/o desempeñan el rol de cuidador principal de algún miembro de su familia, por lo que están menos pendientes su salud y prestan menos atención a los síntomas (pérdida de fuerza en la mitad del cuerpo, alteraciones del lenguaje, asimetría facial…). Por cada minuto que se tarda en atender un ictus se pierden millones de neuronas, de ahí que llegar a tiempo sea lo que marca la diferencia entre una recuperación óptima y quedar totalmente dependiente”, dijo Arias.

En el caso de la osteoporosis, Casado comentó que al tratarse de una enfermedad que no duele (el síntoma es la fractura), es habitual que muchas personas que sufren una fractura no la asocien a un problema esquelético sino que piensan que se debe exclusivamente a la caída que la produjo, por ejemplo. “Hay una cierta tolerancia que lleva a no dar a las fracturas la importancia que se debe, teniendo en cuenta que muchas de ellas, sobre todo las de cadera, son muy graves, especialmente en los pacientes ancianos (un 25% de ellos fallece en el primer año después de producirse esta fractura”.

Sobrepeso y obesidad: objetivos prioritarios.

En las cuatro enfermedades, el exceso de peso juega un papel muy relevante, tanto en sí mismo como por las patologías con las que está asociado (fundamentalmente las cardiovasculares). “El normopeso es un factor clave, por eso se insta a estas pacientes a llevar una alimentación lo más equilibrada posible, del estilo de la dieta mediterránea, que incluye todos los grupos de alimentos”, señaló Casado.

“Está demostrado que sólo con reducir en un 5-10% el exceso de peso corporal mejora notablemente la afectación cutánea de la psoriasis”, afirmó Lourdes Rodríguez, quien explicó que, además, en esta enfermedad, los kilos de más tienen una implicación añadida: “la psoriasis aumenta a su vez el riesgo de obesidad y síndrome metabólico (y, por tanto, hay también un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular) debido probablemente a la inflamación sistémica que produce esta enfermedad, lo que favorece la obesidad e incrementa la resistencia a la insulina”.

En el caso del ictus, las cifras no pueden ser más elocuentes: “Tener sobrepeso aumenta en un 22% el riesgo, mientras que si hay obesidad, esta posibilidad se eleva al 64%”, apuntó Susana Arias.

Ejercicio: absolutamente imprescindible

Hubo unanimidad entre los especialistas respecto a la necesidad de “prescribir” ejercicio físico tanto para la prevención como para el abordaje de estas enfermedades y, también, para paliar los efectos negativos de algunos tratamientos.

“Caminar todos los días una hora potencia la calidad de vida tanto física como mental en los pacientes de osteoporosis, con el efecto añadido de que, si se hace al aire libre, permite aumentar los niveles de vitamina D”, explicó Casado. En estos pacientes, los más recomendables son los ejercicios de carga (el simple hecho de caminar aumenta la masa ósea). “En cambio, no están indicados los ejercicios de fuerza ni tampoco la natación”, añadió el especialista.

“Para reducir el riesgo de ictus, se recomienda la práctica de actividad física moderada 150 minutos a la semana o de una actividad física vigorosa durante 75 minutos semanales. Reducir el sedentarismo es fundamental ya que, además, está directamente asociado con otros factores de riesgo, como la obesidad, la dislipemia y la hipertensión”, comentó Susana Arias.

Por su parte, Casado señaló que en las pacientes de cáncer de ovario, la práctica de ejercicio aeróbico 150 minutos a la semana y dos sesiones semanales de otro tipo de ejercicio (como el de fuerza) tiene un impacto muy positivo en su calidad de vida: “Aumenta la tolerancia a los tratamientos y alivia algunos de los efectos secundarios, especialmente uno que nos preocupa mucho porque es muy frecuente y no disponemos de opciones para solucionarlo: la fatiga crónica, producida tanto por la enfermedad como por el abordaje terapéutico”.

Tabaco, HTA y otros “frentes”

“Además de establecer el tratamiento, desde la consulta los especialistas en psoriasis debemos hacer hincapié en la necesidad de modificar determinados hábitos de vida, como el abandono del tabaco y de otros tóxicos”, afirmó Rodríguez.

La dislipemia y el tabaquismo son también importantes factores de riesgo en el caso del ictus (sobre todo los de perfil arterioesclerótico), según explicó Arias, “y también hay que tener un buen control de la hipertensión (HTA), que es el principal factor de riesgo de algunos tipos de ictus, como los lacunares”. Arias también destacó la conveniencia de incluir la estimulación cognitiva (juegos de mesa, actividades que ejerciten la memoria) en las estrategias de prevención de la enfermedad cerebrovascular y de adoptar medidas para mantener a raya los niveles de estrés.

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