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MODA SUSTENTABLE: Cortito y al pie

Retomo la tinta y el papel digital después de un largo tiempo, muchas cosas me tuvieron distraída pero aquí volvemos con un tema crucial que hace mucho quería tratar. Estaba en duda sobre si iba a ser correcto hablar de sustentabilidad en el medio de una pandemia, pero luego comprendí que es el momento justo. El planeta nos pedía ser sustentable, pero en los últimos meses vemos que nos lo exige.

La moda genera una contaminación inaudita, un impacto ambiental que pocas industrias igualan. No sólo por el proceso de fabricación de los materiales, como el caso del cuero que acabó con la vida de muchos ríos alrededor del mundo, sino por los deshechos textiles que se convierten en toneladas a medida que pasan los meses. Hace 30 años atrás, se tomaba poca consciencia de ésto, sin embargo hoy es frecuente la asimilación de los daños y sus intentos de frenarlos, aunque no es suficiente.

La conferencia de la ONU sobre comercio y desarrollo (UNCTAD) colocó a la industria textil como la segunda más contaminante del mundo, mencionando datos espeluznantes: Cada año, ésta industria consume 93.000 millones de metros cúbicos de agua y tira al mar medio millón de toneladas de micro fibra. Pero para crear aún más asombro, no sólo contamina el agua, sino que produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos del mundo. Cada año, esos resultados aumentan debido al crecimiento de la producción y allí radica el problema mayor.

¿LAS CAUSAS?

Son muchas, pero la más importante es la llamada “Fast fashion” o moda rápida. Desde que las personas tienen la posibilidad de adquirir prendas nuevas, de manera rápida y a bajos costos, ya no esperan a que se gaste una remera o les deje de calzar bien un pantalón. Corren a por nuevas prendas cada vez que sale una nueva tendencia, se tientan mirando una vidriera o sienten simplemente ganas de comprar. La compra dejó de ser por necesidad y pasó a ser más por gusto, creando grandes vicios y hasta enfermedades relacionadas al consumo.

Las grandes cadenas de indumentaria que aparecieron durante la segunda mitad del siglo XX fueron creadoras de éste fenómeno, masificando sus producciones e invirtiendo grandes sumas en publicidad para incentivar el consumismo y ganar millones por año (ZARA, H&M, FALABELLA, etc.)

¿DÓNDE COMIENZA EL CAMBIO?

En nosotros! Al 100%. Pequeñas modificaciones en nuestras rutinas pueden impactar de manera más que positiva al planeta. A continuación les comparto algunas claves para ir adaptándonos a un uso más sustentable y consciente de la ropa:

1- La calidad de las prendas fast fashion es muy baja, el juego es justamente que se desgasten rápido para salir a comprar otra. Por éso, lo mejor es comprar menos veces al año y cuando se haga, invertir en calidad. Eso no significa invertir dinero que no tenemos, sino ser más conscientes en la elección y la información con la que contamos; ver de qué telas están compuestas esas prendas, elegir siempre aquellas que menos dañan al planeta, cuidarlas en los lavados y respetar los productos que se usan para cada producto. Si en vez de comprar una vez por mes “barato”, compras 3 veces al año a un precio mayor, te aseguro que el costo es el mismo pero la calidad es mejor y el planeta lo agradece.

2- Las telas menos contaminantes son aquellas que están compuestas por mayor índice de fibras naturales que de fibras sintéticas o artificiales (siempre son mejores las que provienen de la naturaleza a las creadas en laboratorios). Entre ellas se encuentran el algodón, el lino, la alpaca, la seda, el cashmere y el bambú. Hay nuevas producciones conscientes como el poliéster derivado de botellas de plástico, por eso es necesario estar informados continuamente para poder elegir lo más sustentable.

3- Uso consciente y necesario de la ropa: El consumismo nos acostumbró a ir de compras cada vez que tenemos una fiesta, una reunión importante o simplemente una juntada con amigos. Ésto NO es necesario! Cada vez más casas de ropa, además de vender, alquilan las prendas para que puedan ser re utilizables. Desde vestidos de fiesta y trajes, hasta prendas clásicas son accesibles al cliente por unas horas o días, haciendo uso de la misma tela por un largo período. Los trueques o compra de ropa usada es otra gran opción; Hay gran cantidad, muchas están en excelente estado y no tienen relación directa con la producción. Por último, podemos asesorarnos para darle diferentes usos a lo que ya tenemos, cambiando las combinaciones, agregando cualquier tipo de accesorio o simplemente refaccionando una misma prenda para que luzca diferente, volvamos a las modistas que tanto provecho le sacaban nuestras abuelas!

En fin, hay muchas más formas de cuidar nuestro planeta y dejar de deshechar tanto. Depende de cada uno investigar y elegir la mejor forma de hacerlo o la que más le convenza.

Por el momento, solo puedo invitarte a que te sumes a la toma de consciencia de la manera que puedas. Teniendo la información en nuestras manos ya dimos un gran paso!

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