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Moda sin género, ¿tendencia pasajera o apoyo a la equidad?

Los conceptos de belleza ampliamente marcados durante la década de los años 90 se han transformado con la entrada al nuevo siglo, aunque en los últimos cinco años han dado un vuelco total llevando a la industria a crear un tipo de moda unisex. Mejor dicho, camisas para todos, chaquetas para todos.

Parece un tema de “yo le presto mi camisa a mis amigos o a mi pareja”, pero en el fondo tiene un sentido sociológico profundo. Las transformaciones que ha dado el mundo, por ejemplo en el acceso a empleos formales a las mujeres y el avance –pequeño, pero avance al fin y al cabo- sobre cambio de roles en la familia, la pareja, la economía y la sociedad han llevado también a la industria de la moda a replantearse los modelos que exhibe

No es un secreto que las grandes marcas opten por modelos andróginos a los que realmente cuesta clasificar entre hombre y mujer, bien porque tienen un poco de ambas, bien porque tampoco es regla definirlos. 

La androginia no es algo nuevo en la industria. Los trajes de sastre de Coco Chanel fueron esa primera expresión textil para difuminar la frontera de los sexos. Esos sastres, que hoy son clásicos, fueron sinónimo del empoderamiento femenino que por ese entonces daba sus primeros pasos. 
La historiadora estadounidense Joan Wallach Scott, quien ha hecho grandes contribuciones en el campo de historia de mujer y género, aseguraba que “La definición del concepto género reposa sobre una conexión integral entre dos proposiciones: el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basada en las diferencias que distinguen los sexos y el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder”.

Pasarela Thom Browme

Lo cierto es que al mover un poco el equilibro de poder del que hablaba Wallach, el significado del concepto género cambió. La historia lo demuestra por ejemplo, con el uso más generalizado de pantalones por parte de las mujeres, de corbatas, de trajes al estilo de Chanel, etc. 

Las recientes pasarelas de  Hermès o Selfridges también exhiben que en la ropa ya no hay diferencia de color, modelos y menos de talla. 

¿Y qué ofrece la moda sin género? Sacos amplios, camisetas, trajes, bermudas, jeans y pantalones tipo sastre en tonos más neutros. 
Las tendencias extralarge muestran a una mujer dispuesta a volver una maxicamisa un vestido con sólo un cinturón. En el caso de los hombres, cada vez más se arriesgan a usar colores que antes consideraban vetados, como rosas, verdes menta, naranjas, etc. 

Falta tiempo para analizar si con esta nueva moda, la industria pretende dar una mirada real sobre la equidad de género o es sólo una tendencia pasajera.

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