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Medios de conversación

Hoy me quiero centrar en los Medios de Comunicación.

Tradicionalmente nos hemos informado a través de periódicos, radio y televisión. Cada uno de nosotros seleccionaba los medios confiables dependiendo de su color político, religión, afinidades… y algunos se convertían casi en sectarios de pensamiento único; algunos seguimos intentando beber de distintas fuentes para obtener una imagen lo menos viciada posible.

Con la universalización de internet y el acceso a redes de alta velocidad en nuestras casas y teléfonos móviles, la experiencia de la información es mucho más sencilla

La apertura de la “capa social” en los soportes de los distintos medios de comunicación y los blogs nos permitieron participar de las opiniones y empezar a generar conversaciones. Pero éstas se han demostrado inútiles.

Por último las redes sociales han permitido abrir nuevos medios de comunicación iniciados por los usuarios. Un usuario y sus seguidores pueden sintetizar noticias, enriquecerlas con distintas fuentes, agregar opinión y viralizarlo. Siempre teniendo cuidado con la irrupción de partes interesadas en distorsionar la realidad o modificar nuestro pensamiento a través de noticias falsas (fake-news), que es muy preocupante.

Pero los medios de comunicación se han quedado ahí. Sí, se publican noticias en las distintas redes sociales, se intenta viralizar contenido, pero los usuarios demandamos más, queremos que se conviertan en Medios de Conversación, en los que podamos participar, comentar, enriquecer, crear, estemos en la red que estemos.

Los medios siguen proporcionando una experiencia única, apenas sin personalización. Ya no son los medios los que nos tienen que decir qué tenemos que leer, en qué orden, elegir los temas de interés. Somos los consumidores los que demandamos una experiencia de comunicación única, en la que nuestros intereses estén por encima de los del medio.

Con la cantidad de datos de navegación tienen la capacidad de mejorar esa experiencia de forma casi inmediata.

Es necesaria además otra reflexión, que dejaré para otro día, para explicar por qué no nos importa pagar por servicios de suscripción de música, lectura, o series/películas, pero nos negamos en rotundo a pagar por la calidad de la información.

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