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Maite| Moda sénior

Maite. 75 tacos. Vasca hasta la médula. De joven fue modelo durante una semana para un fotógrafo japonés que vivía en París. Le gusta el cine, la ópera le emociona y no soporta las migas y a las señoras de la calle Goya.

Moda senior es una sección del blog que da voz a mujeres mayores sobre la moda.
Maite ahora.

Descríbeme la moda a través de tu armario.

Tengo ropa muy cómoda. En verano utilizo muchas camisetas. Eso sí, mis prendas estrella son dos blusas de seda que me compré en Barcelona y un pantalón por si voy a algún evento. En cuanto a zapatos, siempre utilizo plano: mucha alpargata y en invierno botas. También tengo muchos pañuelos para el cuello de todas las formas y colores. Me encantan.

¿La edad te coarta a la hora de vestir?

Nada. Al contrario. A partir de los 70 decidí que me importaba un rábano lo que pensara la gente. Mi estilo es más bien juvenil y, sobre todo, cómodo.

¿Ha cambiado tu forma de vestir al hacerte mayor?

No. Lo único que sí noto es que antes me ponía bikini y ahora no. Como digo yo, la carne se desprende. Por lo demás creo que llevo lo mismo que cuando tenía 20 años. Recientemente, una amiga me comentó que hay una especie de bikini que la braga es alta y llega hasta el pecho y luego para secarte puedes bajarla a la altura de la cadera. Es más discreto, digamos.

¿Crees que la industria de la moda se centra sobre todo en la moda juvenil?

Hombre, yo creo que sí, que se enfoca en la gente joven. Dentro de eso tú puedes medir lo que te sienta bien o no. Un body o pantalón ceñido a mí ya no me sienta bien, por ejemplo.

¿Crees que los cánones estéticos de la sociedad empiezan a aceptar el paso de los años en la mujer o sigue habiendo estigma alrededor de las arrugas o las canas, por ejemplo?

Yo creo que no. Lo veo por gente de mi edad que siempre esta estirándose, quitándose las arrugas, poniéndose pecho… Hay un culto a la gente joven; el resto somos invisibles. En general, creo que nuestra sociedad está obsesionada por el cuerpo. Conozco gente que la han estirado tanto que ya no puede ponerse seria.

Si hubiera gente que se dedicara a crear ropa para nuestra edad exclusivamente, sería un negocio muy rentable. Hay cosas que se podrían hacer muy bonitas y divertidas.

¿Compras a través de internet o es un medio desconocido para ti?

Compro muchísimo. Me gusta, es cómodo, te lo traen a casa y, si no te queda bien, lo puedes devolver. Además, hay buenas ofertas.

Antes el tacón era un complemento imprescindible para la mujer, sobre todo, la mujer ejecutiva. En los últimos años se ha reivindicado la comodidad. ¿Cómo has vivido este cambio?

Yo el tacón, fíjate, lo veo como una tortura. De los 18 a los 20 utilizaba siempre tacón de aguja y luego me pasé al mocasín. Creo que ahora hay muchísima alternativa en el calzado. Tengo un zapato con 3cm para ocasiones especiales, ¡comodísimo!

Cada vez se ven más modelos mayores tanto en pasarelas, anuncios o revistas. ¿Crees que es una tendencia al alza?

Es un comienzo, pero hay muchísimo por hacer. Es una cuestión de nuestro país. Vas a otros países y la gente mayor viste más alegre. En Madrid ves gente de mi edad vestida como nuestras abuelas, por eso es bueno que se dé visibilidad a la gente mayor. Más bien diría que es muy necesario.

¿Crees que el movimiento feminista ha tenido influencia en estos cambios que hemos comentado a lo largo de la entrevista?

No me acaba de convencer cómo se está moviendo el tema.  En su comienzo, en el mayo del 68 sí fue una base buena para promover dichos cambios, pero creo que ahora no hay un concepto claro para donde tirar dentro del feminismo. Yo soy una luchadora nata, cada día que me levanto lucho por la igualdad de género.

Por último, ¿te atreves a enviarnos una foto tuya de joven? ¿Qué puedes explicarnos de esta chica que sale en la foto que es una antigua versión tuya?

Maite en Roma, años 70.

Encontré una foto que me hice en Roma cuando tenía 27 o 28 años. En la pandemia, mi hija se dedicó a pintar una habitación de mi casa y pensé en colgar esta foto. Desde entonces, me he reconciliado con la Maite joven, me he reconciliado porque no me reconocía ni en las uñas. Ahora me encanta.

Beatriz Solivellas

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