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Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Vanidad (III)

Roma recorre sus calles estrechas. Siempre me ha gustado Italia. Venecia, Florencia, Milán, Nápoles, Cerdeña… ¿Mi favorita? Sicilia. Aunque… ¿Quién puede resistirse a Roma si todos los caminos te llevan hasta ella?

La fashion week de Madrid ha llegado. Es una mañana calurosa, como cualquier otro día del mes de julio. No me sorprenden ni me incomodan las altas temperaturas. Nunca lo han hecho, puede que sea porque soy del sur.

Siempre he dicho que el calor de Madrid es más cómodo que el del Mediterráneo. Los madrileños siempre se enfadan. Nunca he entendido muy bien por qué. No tienen razón, pueden enfurruñarse todo lo que quieran. El calor del litoral es pegajoso y húmedo. No hablamos de cuál es más insoportable, hablamos de comodidad, y quien se haya bañado en nuestras playas, sabrá que el agua parece caldo y que cuando sales de la ducha, ya estás sudando.

Los fotógrafos ya guardan el tipo en la puerta. Son profesionales del mundo de la comunicación. Me sorprende su talento y su ojo para el estilo. Deciden qué y quién es arte, quién tiene buen gusto y o quién es santo de su devoción. Eso lo hacen los buenos, claro. Otros solo fotografían los estilismos– outfits para los millennials– más raros. Me piden un par de fotos. Roma estaría orgullosa de mí. Sonrió, aunque no demasiado. Solo son las 10 de la mañana.

© Sparksphoto.

Me introduzco en la plantilla. No se cuántos cafés llevo ya, pero necesito otro. La cafeína es mi droga. Podría ser peor. La sala de prensa comienza a llenarse de compañeros que tratan– o pretenden– adelantar algo de trabajo. Y digo lo de pretenden porque la cafetería es una zona peligrosa. Todos somos muy majos– salvaguardando alguna que otra petarda– y enzarzarte en una conversación de más de una hora es tentador, pero sobre todo muy fácil.

Reviso la agenda y el correo. Algunos de los redactores tienen problemas. Me gusta esto de delegar y de tener algo de control: algunos lo llaman vanidad. Es un pecado capital. Pero yo no soy creyente. Al menos, no de esa manera.

© Sparksphoto.

Los desfiles van a comenzar. El tiempo pasa muy deprisa. Camino hacia los pabellones. Muestro mi acreditación a los azafatos. Son muy simpáticos pero acaban hasta el moño, como todos los que trabajamos aquí. A veces, les traigo una copa, pero no se lo contéis a nadie. Ya me conocen, son varias ediciones las que he compartido con ellos, Pasa Lauren, menuda tienen montada ahí dentro. Y me encanta que sea así. Cada desfile es una nueva historia sobre la que escribir. Si todos apostaran por el mismo cuento, mi trabajo no tendría sentido.

Busco mi nombre entre los asientos de la Grada B, zona de prensa. Lauren Izquierdo. Os metiría si no admitiera que me encanta encontrarme. Los de comunicación cuentan contigo, y que alguien aprecie tu trabajo hasta el punto de que quieran- y esperan– que vayas, es algo que me llena de ilusión. Mencionaría a la felicidad, pero los que me conocéis un poco ya sabéis lo que opino sobre ella.

© Sparksphoto.

Salgo del desfile. Me meto a otro. Salgo. Comienza otro. La hora de comer. Qué rápido ha llegado. Me siento con los míos y comentamos todo lo que hemos podido apreciar. Nuestras opiniones divergen. Eso es lo que me gusta. No obstante, prefiero callar y observar. Mi grupo de gente es muy guay.

Llamo a mi madre. Quiero hablar con ella y contarle todo lo que visto. Con ella puedo opinar todo lo que quiera. Me escucha con atención. La tengo que dejar. Le digo que la quiero. Y cuelgo.

@ Sparksphoto.

Tras el desfile de las tres, decido tomarme un café con un amigo diseñador. Me pregunta qué me ha parecido lo que he visto. Le soy sincera. Siempre los soy con mis amigos. Me dice que estoy muy guapa, y yo le digo que la culpa la tiene el verano. Todo el mundo está más guapo con un bronceado. Añade que he venido muy a la italiana, yo le respondo que la Italia elegante siempre ha sido mi mayor debilidad. Me felicita por mi nuevo puesto. No había tenido la oportunidad.

Le doy la enhorabuena por la colección y bromeo dejándole caer que no seré demasiado vil con la crónica de desfile. Lo que él no sabe es que, aunque quisiera, no podría. Es uno de sus mejores trabajos.

© Sparksphoto.

Ya casi ha terminado el día. Me voy a casa a cambiarme. Todavía quedan un par de desfiles off. Pero ya es hora de colgar la pamela. Me despido de mis amigos. También de los acomodadores.

Al salir, me vuelven a pedir una foto. Hoy he trinfuao, pienso para mí. Le pregunto si hace falta que sonría. Él me dice que sea yo misma. Tres, dos, uno, flash:

@ Sparksphoto.

Estilismo:

Vestido midi de cuadros vichy, de Zara (12,95 €).

Pamela de mimbre, de Primark (16,95 €).

Cuñas de esparto y mimbre, de Asos (89,99 €).

Bolso tricolor, de Utopian Dreamers (600 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: Celia Sparksphoto.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Palacio de Cristal de Arganzuela.

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