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Londres, Donde las Tendencias Aparecen Primero

La primera vez que me asomé a Londres fue en 2006 y una de las cosas que más me asombró de esta ciudad fue descubrir que aquí las tendencias surgían primero. Costumbres para ellos cotidianas y asentadas desde hacía décadas, eran impensables en España. ¿Un ejemplo? Los animales de compañía podían ir en el metro o en el bus.

Hace trece años viví por primera vez en Londres. Sin duda mi vida aquella época poco o nada tenía que ver con mi realidad en el presente: primero, era estudiante y todo resultaba bastante más sencillo, y segundo, aún no había pasado la frontera de los tres años viviendo aquí, que es cuando dejé de sentirme tan deslumbrada por esta urbe.

Pero, tanto en 2006 como ahora, si algo me encanta de Londres es su espíritu pionero con respecto a la mayoría de ciudades a nivel mundial, ya sea porque la sociedad lo exige, o porque las empresas internacionales comienzan sus proyectos aquí debido a la densidad de población. Sea la razón que sea, en Londres las cosas llegan o pasan antes que en España.

El Mundo en tu Oyster

De los primeros “inventos” de los que me enamoré fue de la tarjeta transporte. Venía de Madrid de comprar mensualmente el bono que exigía una foto de carnet, los datos personales escritos a mano, unos diminutos tickets que no se podían perder durante treinta días y todo ello metido en una horrible funda color naranja butano que por el uso siempre estaba rota o se parecía a esa zanahoria que lleva dos meses en el frigorífico.

Aquí no, aquí había, y hay, una tarjeta como las de crédito que incluso dentro de monedero pasas por los tornos tanto al salir y al entrar. Así de simple. En 2013, diez años después de que se comenzara a utilizar en Londres, Madrid empezó a ofrecer una tarjeta parecida a lo que aquí es la Oyster [1], que poco a poco ha ido adaptándose a los tiempos, pero como siempre en estos casos, a la cola del resto de capitales mundiales.

No sin mi Amigo

En otro de los aspectos en el que aún nos aventajan es el relativo a los animales de compañía. Ya en aquella época, perros, gatos y animales que no molestasen al resto de usuarios debido a su tamaño podía compartir con sus dueños el transporte público, ya fuese el metro, bus o cercanías. Hasta el 2015 nuestro código penal no contemplaba el maltrato animal (Artículo 337) y fue en 2017 cuando los animales dejaron de considerarse objetos. Los ingleses comenzaron a aprobar este tipo de leyes en 2006.

Aquí había tiendas especializadas en ropa, comida, correas, residencias y por supuesto, un importante mercado en lo que a seguros de animales se refiere. Lo de los seguros me llamó mucho la atención, sinceramente, en aquella época me pareció ridículo humanizar hasta ese punto a un animal. Pero si algo he descubierto con la experiencia, es que cuando tu amigo se encuentra entre la vida y la muerte, si se puede salvar, pagas el precio que te dé el veterinario, y es entonces cuando cobra sentido el seguro. Ahora puedes tener uno en España, pero aún así apenas lo anuncian o al menos, yo no he visto ningún anuncio en la tele, radio o prensa como sucede aquí de manera continua. Las compañías no invierten en publicidad para esos productos, porque aún no se fían de que la sociedad española esté lo suficientemente madura. Ya veremos en diez años vista si hay anuncios de seguros para animales en nuestro país, o no.

Reciclar hasta la Comida

En el reciclaje también nos llevan ventaja y es normal porque el espíritu consumista de Inglaterra, vamos a decir de Londres comparado con el de Madrid es abismal. Aquí se compra sin medida y por lo tanto la basura que se genera es proporcional. Así, y esto lo descubrí en 2012, a parte un cubo para los plásticos, otro para el papel y cartón y otro para el cristal, también tenemos uno marrón, que ya podían haberle puesto otro color, para los restos orgánicos. La primera vez que lo vi, me negué a usarlo, primero porque ya no cabían más cubos, segundo por que las bolsas tardaban en llenarse y el olor se extiende en toda la habitación, pero he de reconocer que aquí, si quieres reciclar, de verdad lo haces.

El Transporte más Ecológico

Y el último avance social a destacar, son las bicicletas de alquiler. En Londres creo que comenzaron en 2010 y Barclays era su sponsor, después pasaron a ser promocionadas por el Banco Santander y en Londres se pueden encontrar en toda la zona 1. Un día de alquiler cuesta dos libras y es sumamente divertido ver a hombres, a mujeres veo pocas, totalmente trajeados, impecables, dando pedales en una de estas bicicletas públicas para distancias cortas en vez de coger un taxi. La inserción de este medio de transporte, al que podíamos incluir en el apartado de servicios público, ha supuesto un gran impacto en la ciudad. En 2006 había pocos ciclistas, en 2011 el número realmente había aumentado, pero ni mucho menos la cantidad que hay ahora, que convierten la ciudad en horas punta en una locura para los transeúntes y los coches, debido a la cantidad de usuarios que van a trabajar o vuelven a casa dando pedales. Desde el punto de vista urbano también han transformado el entramado de vías, encontrando prácticamente en todas las arterias principales, un carril único para ellos, y aún así, a veces resulta milagroso que no haya más accidentes.

En mis últimas visitas a Madrid he podido ver que también ha aumentado el número de bicicletas en los últimos cuatro años, aunque la complejidad de la calzada y la agresividad con la que se conduce, van a contribuir a que el incremento del número de usuarios se ralentice.

En infinidad de aspectos soy muy crítica con los ingleses, pero es cierto que en otros casos nos llevan ventaja, aunque muchas veces su forma de comportarse o de pensar nos indiquen que están muy lejos de ser una sociedad adelantada.

¿Se te ocurren otras ventajas o quieres señalar alguna del lugar en donde vives?, ¿piensas que España también es pionera en otras conductas? Tus pensamientos van ahí debajo. Compártelos.

[1] A la tarjeta transporte se le denomina Oyster Card, debido al idiom inglés “the world is your oyster”. Apareció por primera vez en la obra de Shakespeare “Las Esposas Alegres de Windsor” y significa algo parecido a que el mundo es tuyo, de similar manera que nosotros utilizamos “El mundo en tus manos” o “El mundo a tus pies”, de ahí que fuera perfecto para identificar a la tarjeta que te lleva a cualquier rincón de Londres.

 

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