Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

Las tijeras que nos ponen guapos están en buenas manos

Mari Carmen León es la propietaria de la Peluquería Víctor, la más céntrica de Velilla de San Antonio, un tranquilo pueblo de 12.193 habitantes enclavado en la vega que baña el río Jarama, en la Comunidad de Madrid. Cuando se decretó que las peluquerías podían volver a ofrecer sus servicios a Mari Carmen le invadieron sentimientos encontrados. Por un lado, alegría por volver a trabajar, pero también incertidumbre ante la falta de información de las medidas de protección que tenía que tomar, un terreno desconocido que había que recorrer casi a ciegas. “Nos dijeron que mascarillas, hidrogel, una alfombra con lejía a la entrada y poco más”, recuerda.

Las peluquerías han tenido que invertir para garantizar la seguridad e higiene de clientes y trabajadores. ©M. León

Ante esta falta de directrices oficiales, Mari Carmen optó por las únicas fuentes de información a su alcance. En primer lugar, los profesionales peluqueros organizados a través de las redes sociales; en segundo, sus propios clientes. “Tengo clientas de toda la vida que trabajan en hospitales de Madrid, grandes empresas y con sus consejos mejoramos cada día nuestras medidas de prevención”, asegura la propietaria de Peluquería Víctor.

“Nunca hemos hecho ningún servicio hasta tener claro qué medidas preventivas tomar”. Como ejemplo cita la depilación en la cara, principalmente sobre los labios, o el arreglo de la barba a los hombres. Mari Carmen fue buscando concienzudamente una respuesta a cada duda que surgía sin conformarse con las recomendaciones “generales” que le parecían pensadas por gentes ajenas a la profesión y que, en su opinión, no garantizaban su seguridad, la de su trabajadora ni la de los clientes.

Los primeros días también fueron duros porque hubo que buscar campanas separadoras, mamparas, mascarillas, gafas protectoras. “Todo lo busqué y fuimos pensando cómo mejorar cada parte del servicio, por la seguridad e higiene y por la comodidad de los usuarios. Así, por ejemplo, coloqué unas cajas para que el cliente deje sus cosas personales porque no podemos tener perchas, o cómo conseguimos un desinfectante tan eficaz como la lejía que nos estaba destrozando las manos, pero menos abrasivo”, enfatiza.

Ella recuerda cómo, en los peores momentos de la pandemia, se ofreció a ir a las casas de sus clientas más mayores a ayudarlas con lo que hiciera falta. “Son mis clientas de toda la vida y son amigas. Yo me llevé el teléfono y llamé a todas para lo que fuera, desde peinar hasta ir a la farmacia”.

Mari Carmen recuerda algunos primeros consejos oficiales que no resultaron prácticos. “Nos dijeron: te lo compras todo desechable. Eso era una locura. Algo inviable por caro y malísimo para el medioambiente. Cambiaron la norma y afortunadamente nos adaptamos fácilmente porque tenemos una lavadora en el centro y lavamos todo con agua caliente y lejía”.

Lo más positivo de esta época pos-confinamiento es que clientela no falta. “Nunca hemos trabajado tanto como ahora y eso, en estos tiempos, es mucho”, explica la peluquera. Tanto es así que ha contratado a dos personas a tiempo parcial para cubrir los picos de trabajo.

Mari Carmen es optimista por naturaleza y se siente orgullosa de su gremio porque están encarando la pandemia con profesionalidad, imaginación y entereza. Las tijeras que nos ponen guapos están en buenas manos.

Relacionado