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La tiranía de la moda

La democracia capitalista convierte el negocio de la moda en un sistema totalitario que se nutre de la pobreza, los bajos costes laborales y la inexistente protección social de los países en vías de desarrollo

La moda impuesta por las grandes empresas de moda y los medios de comunicación determina el consumo. Estos dos conceptos: moda y consumo, no hablan el mismo lenguaje, y no siempre es posible conciliar sus mensajes comunicativos. Es más, la intención de éstos es contradictoria. La moda debería corresponder con lo ético, lo ecológico, lo saludable, y esto es precisamente lo que se publicita. ¿Pero son estas las verdaderas intenciones o más bien constituyen una gran tapadera que sirve para acallar la insatisfacción y la auténtica falta de valores?

Bajo su apariencia frívola, la moda plantea algunas de las cuestiones más serias de la sociología. Esto supone reflexionar sobre los mecanismos que gobiernan las elecciones individuales: ¿Somos libres de actuar o bien es el cuerpo social el que nos obliga a tomar determinadas decisiones?

La moda es sustentada por un sistema preponderante capaz de supeditar a sus fieles. Así, se organiza una élite conformada por una comunidad intelectual capaz de entender cuáles son los intereses comunes y conducir a estas masas ineptas en cuestiones decisorias hacia esta red compleja, frenética y seductora. Sin embargo, la ciudadanía tiene más poder del que tiene constancia, pues el sistema democrático confiere un prestigio particular a los deseos de la mayoría dotando al público de la legitimidad que necesita para dar pie a una voluntad colectiva y por ende a una convergencia de gustos que a su vez niega a los consumidores cualquier atisbo de libertad surgiendo una contradicción propia de la modernidad democrática. La moda se convierte en el indicio más empírico de la alienación del individuo ante las imposiciones sociales. Esta ausencia de toma de conciencia permite que el sistema perdure. Para perpetuarse, el capitalismo deposita todos sus esfuerzos en desarrollar estrategias comunicativas con el fin de transformar a los individuos en consumidores insaciables.

De este modo la democracia capitalista convierte el negocio de la moda en un sistema totalitarista, una especie de dictadura de la moda sustentada por el adiestramiento mental de las masas y organizada por la publicidad y los medios de comunicación. Todo ello contribuye a un profundo derroche en en el que una gran mayoría de personas pertenecientes a los países del tercer mundo o en vías de desarrollo se ven obligadas a ofrecer su existencia en sacrificio a la moda como contraprestación a un sistema capitalista liberal.

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