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La serie que nos ha devuelto la obsesión por París

::Selena Badenas

Puntuación: 7/10

Emily en París es una de las últimas series lanzadas por Netflix, protagonizada por la sensacional actriz Lily Collins. Desde que esta producción vio la luz a través de la plataforma (2 de octubre), no ha pasado indiferente para los diversos tipos de público que la han visionado. O la odias o la amas. Sin embargo, muchos que empezamos a verla desde su estreno experimentamos una montaña rusa amorosa (amor-odio-amor).

La estética de Emily en París es impecable; con una importante mención a los excéntricos estilismos, casi sacados de una Fashion Week parisina, (aunque algunos seguidores de la serie los han aborrecido), pasando por la escenografía de la bellísima capital, hasta el arrebatador idioma francés que ha sido una de las esencias de esta serie.

Sin embargo, lo que se presentaba como una historia protagonizada por unos personajes, que recuerdan bastante a las anteriores producciones de su creador Darren Star (Sexo en Nueva York), no ha podido evitar caer en la pretensión de “afrancesar todo al extremo”. Un tema que ha provocado que muchos de sus fans al oeste de Europa hayan manifestado su molestia ante el abuso de clichés y estereotipos fáciles. Las críticas han manifestado que la serie de Netflix plasma el perfil del francés como el de “una persona ligona, mandona, vaga, borde y soberbia“.

Por otra parte, hay quienes ven en la trama de Emily en París un imposible. Pese a ser una ficción, algunos telespectadores critican que “la historia es poco creíble y que establece aspiraciones imposibles de alcanzar“, como el hecho de que una joven, sin ninguna idea de francés, en la veintena, con éxito profesional en su ciudad, se mude a París donde, con una serie de fotos (y una fuente de brillantes ideas inagotables), lance su carrera como community manager.

A pesar de las críticas, hay que reconocer que la producción tiene algunos puntos fuertes. Emily en París viene cargada de un toque feminista. Emily no tiene ningún problema en romper la relación con su novio cuando este antepone sus deseos a las necesidades de ella. Y no solo eso, sino que se habla de la sexualidad de mujeres jóvenes sin tapujos ni juicios y podemos ver a la protagonista señalando y denunciando comportamientos sexistas

Además, la relación que establecen los tres personajes protagonistas de la serie es demasiado idílica hasta llegar al punto de incluso convencernos de que es posible. Una pareja joven; protagonizada por Lucas Bravo y Camille Razat (una promesa del mundo de la cocina y una adorable chica que trabaja en una galería de arte); establecen amistad con Emily (vecina de Gabriel (Lucas Bravo), de quien se acaba enamorando). Se trata de un triangulo amoroso que cómicamente termina formando un grupo de tres mejores amigos. Por supuesto, como toda comedia romántica, esta situación perfecta acabará por romperse.

CRÍTICA PERSONAL

Como ya os he compartido. Yo la amé, odié y terminé por amarla. También he de confesar que tener a Lily Collins entre el reparto y al creador de la emblemática serie de Sexo en Nueva York fueron dos de los aspectos que lanzaron mis expectativas por los cielos. Después de terminarla y con una semana de reposo, he de decir que la recomendaría. Al fin y al cabo, es ficción. ¿Y a quien no le gustaría vivir 24h en la piel de una joven; que se mueve entre las altas esferas del mundo de la moda; que pasea por las calles de una de las ciudades más glamurosas del mundo (ya sea París, Nueva York o Milán) y que lo hace acompañada de un croissant al más puro estilo Audrey Hepburn?.

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