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La sangre de un diseñador

Piguet era de nuestro equipo tan generoso y tan viviente. Helo aquí casi destruído. Me quedo solo en medio de escombros.

Su corazón latía a flor de piel. Se lo veía luchar todo a lo largo de su bella silueta pálida.

Amaba, inventaba, daba. Está muerto, por falta de sangre, porque era pródigo con ella. No la esparció en vano.

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