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LA REINA DE VEREDA (Tercera entrega)

Después del secuestro, los patrones de mi papá decidieron irse del país, el robo de ganado y las extorsionen no pararon, así que un día don Wilson le dio algunas instrucciones a mi papá y al otro día no regresó más, prácticamente dejó tirado todo lo que construyó y cuidó toda su vida y era apenas entendible, de manera que mi papá se encargó de lo que quedó durante unos meses, pero la situación en la vereda se puso muy difícil, la guerrilla estaba prácticamente adueñándose de todo a la fuerza, amenazando , desapareciendo y reclutando personas de la región.

Mi mamá con la ausencia de mi hermano Joaquín y la situación en la vereda entró en una crisis nerviosa, dormía poco, comía poco, bajó mucho de peso y fue necesario llevarla al médico, pero en el pueblo no era mucho lo que podían hacer por ella, así que la remitieron a la capital, la vio un Nutricionista y un Psiquiatra, el panorama no era nada alentador, mi mamá necesitaba tranquilidad, reposo y cuidados.

La recomendación del Psiquiatra y de todo aquel que conocía el caso era la misma; abandonar la vereda, y así fue, mi papá le dijo a mi mamá que ya tenía un hijo ausente y no quería otra situación dolorosa para sumarle a la familia, de manera que abandonaron la finca, se vendieron las pocas gallinas y algo de ganado que quedaba y mis papás junto a mis hermanas llegaron a vivir al pueblo.

Tomamos una casa pequeña en arriendo cerca de donde mi madrina, obviamente yo me fui a vivir con mi familia, pues mi mamá necesitaba cuidados y ayuda, por ese entonces mi madrina había conocido un policía que llegó al pueblo y habían iniciado una relación, sentía que si me iba, ella no se sentiría tan sola, Castro, así lo llamaba todo el mundo, era un hombre bueno y se notaba que la quería, la trataba bien y mi madrina se sentía feliz a su lado, de todas formas yo vivía a la vuelta y nos veríamos a diario.

Mi papá empezó a trabajar en la plaza de mercado como ayudante de carga, le tocaba cargar y descargar los camiones que llegaban con mercado e insumos al pueblo, un trabajo muy duro, pero mi papá siempre estuvo acostumbrado al trabajo pesado, era un hombre joven y fuerte, además siempre nosotros dependimos económicamente de él, aunque ahora ganaba menos y gastábamos más, pues en un pueblo la vida es más costosa, el arriendo, los servicios y comprar todo el mercado no era lo mismo que en la vereda, que gran parte de lo que comíamos lo cultivábamos, fue una época muy difícil para nosotros, entre la ausencia de mi hermano, la adaptación a una vida distinta y la enfermedad de mi mamá, no se sabía que era peor.

Una noche me desperté y salí al baño, mi papá estaba sentado en una mecedora en el patio, me acerqué a él y a pesar de que estaba oscuro noté que se estaba limpiando las lágrimas, lo abracé y me quedé en silencio porque yo sabía que esto no era fácil, sobre todo para él que debía ser fuerte, llevar la carga económica de la casa y también extrañaba a mi hermano, pues poco a poco se había convertido en su mano derecha, me dijo que no quería que mi mamá se enterara de que lo había visto así, que no había que preocuparla, le dije que contara con eso, que lo entendía perfectamente. Los papás a pesar de ser frágiles deben mostrarse fuertes, es el papel que la sociedad les ha dado en el hogar, ser la figura que todo lo soporta, que no se quebranta, son los héroes sin capa, el ejemplo a seguir y a veces creemos que no tienen derecho a sentirse débiles y creer que ya no pueden más con las cosas que pasan en el hogar.

Con el tiempo mi mamá empezó a ponerse mejor, volvió a recuperar peso, estaba muy entregada a la iglesia, iba todos los días a misa y hablar con el sacerdote del pueblo la ayudaba mucho. Mi papá tenía algunos ahorros y mi madrina nos hizo un préstamo, con eso en nuestra casa montamos una pequeña tienda que atendía mi mamá y yo cuando las clases me lo permitían también le ayudaba, el mantenerse ocupada era de gran ayuda, por supuesto la ausencia de Joaquín nos seguía doliendo, pero la vida tiene que continuar en medio del dolor, uno termina adaptándose a las nuevas situaciones, pero la nuestra no era para nada fácil, no sabíamos absolutamente nada de mi hermano, si estaba vivo o muerto, donde estaba, si comía y dormía bien, si quería regresar a casa, la incertidumbre es un terreno fangoso y oscuro por el que nadie debería caminar.

Ya habían pasado unos dos años después del secuestro de mi hermano, cuando en mi colegio se organizó un reinado de belleza, mi amiga Gloria le dijo a la profesora que estaba encargada del reinado, que yo había sido la reina de la vereda la Montañita unos años atrás, propuso que fuera yo la reina del curso, para ese entonces ya yo tenía 13 años, había crecido mucho y mi cuerpo empezó a tener cambios, de hecho las personas que no sabían mi edad pensaban que yo tenía 15 o 16 años, era la más alta de mi curso y eso no era que me hiciera sentir muy bien, ser tan alta y tener un busto más grande que el de mis compañeras me hacía acomplejar, yo caminaba encorvada tratando de esconderlo y caminar así me hacía sentir menos alta. Le dije a Gloria que yo no quería, que a mí me daba pena, que además este era un reinado de belleza y no de recoger dinero como el que hicieron en la escuela de la vereda unos años atrás, además ni mi ánimo, ni la situación económica de mi casa estaban para reinados, que más bien yo la postulaba a ella, que era muy linda y que contara con todo mi apoyo. Finalmente, ni ella ni yo fuimos reinas ese año, la elegida fue una compañera de familia adinerada que moría de ganas por ser reina, nuevamente mi curso fue el ganador y lo celebramos con una gran caravana por todo el pueblo.

Terminaba ese año y se acercaba la navidad, época muy dura para nosotros, pues era época de familia y la nuestra no estaba completa, mi mamá a pesar de haber superado en gran parte su depresión se ponía muy triste por el ambiente de la época, en el pueblo a pesar de haber problemas de orden público y estar rodeado de guerrilla aún se vivía un ambiente de alegría para esta época, de hecho un par de días antes de navidad hubo un enfrentamiento cerca y llegaron con dos guerrilleros heridos en combate, nosotros cada que pasaba eso, acudíamos a las autoridades con la esperanza de encontrar a mi hermano, bien sea vivo o muerto, porque también llegaban cuerpos de guerrilleros y soldados caídos en los combates.

Castro, el novio de mi madrina, trataba siempre de indagar con los guerrilleros heridos o a veces con los que se desmovilizaban, sobre el paradero de mi hermano, pero hasta ese momento no se había logrado saber nada. Para esa navidad por fin supimos algo, muy poco, pero era importante, uno de los guerrilleros heridos le dijo a Castro que había estado en un frente con mi hermano, que lo llamaban El Jinete, pues sabía mucho de caballos y que lo último que supo era que lo tenían en una finca de unos de los comandantes cuidando unos caballos, que ya no estaba combatiendo, pero que hacía también parte del anillo de seguridad de dicho comandante. Saber que estaba vivo fue para nosotros una alegría a medias, pues estaba en constante peligro, siempre los objetivos en los combates son los cabecillas y los primeros en caer son los que los cuidan, de manera que la angustia continuaba, pero la noticia de cierta manera nos calmaba un poco e hizo que fuera una navidad un poco diferente a las anteriores.

En los siguientes tres años no supimos nada más de Joaquín, mi mamá a pesar de llevar su dolor constante pudo superar en gran parte su problema de depresión, mi papá cambió de trabajo, en la plaza de mercado montó un pequeño puesto de venta de plátano y yuca, nuestra situación económica sin ser la mejor, había mejorado notablemente, pudimos mudarnos a una casa un poco más grande, la cual podíamos pagar y además tenía un espacio más grande para la tienda, de todas formas estaba dentro de la misma cuadra y además era esquinera. Mi hermana Leidy ya terminaba su primaria y mi hermanita menor Yésica ya asistía a un jardín cerca a la casa, por lo que mi mamá ya tenía un poco más de tiempo para su negocio.

Ese año me graduaba como bachiller, ya tenía yo 16 años, mi amiga Gloria ya tenía novio, lo que la había distanciado un poco de mí, sin embargo, seguíamos siendo las mismas buenas amigas de siempre, estábamos muy emocionadas porque al fin terminábamos esta etapa, pero a la vez tristes porque nos íbamos a separar, pues ella se iba a vivir a la capital a estudiar Veterinaria como siempre quiso, durante esos años con Julián solo nos vimos en una ocasión que fue al pueblo, estaba muy feliz y dedicado a su carrera de Diseño de Modas y se había ido fuera del país a complementar los conocimientos de su carrera ya que se había ganado una beca y por un buen tiempo estaría lejos.

Nos graduamos, varios de mis compañeros, entre esos Gloria, se fueron del pueblo a estudiar y yo me quedé junto a mi familia, trabajaba con mis padres entre sus dos negocios, les ayudaba a ambos y en el tiempo libre empecé a hacer cursos gratuitos que la Alcaldía organizaba y eran gratuitos, nuestra situación económica no era precaria, pero tampoco daba para que mis padres pudieran pagarme una carrera y además sostenerme en otra ciudad, de manera que en el año siguiente a mi graduación hice tres cursos cortos, uno de inglés, uno de sistemas y otro de repostería, este último me encantó, despertó en mí el gusto por la elaboración y decoración de todo tipo de tortas, fui la más destacada del curso y en la entrega de los certificados, frente al Alcalde me felicitaron, el Alcalde me dijo que pasara por el despacho, que estaban ayudando a los jóvenes del pueblo con un capital semilla para iniciar su propio negocio.

Después de visitar el despacho del Alcalde y luego de entregar varios documentos, finalmente me entregaron un dinero con el que inicié un pequeño negocio en casa de elaboración de tortas, cupcakes y postres, los que ofrecía a mis amigos y conocidos, no fue nada fácil al comienzo ya que yo era muy joven y la gente siempre confiaba sus tortas para eventos a las panaderías tradicionales del pueblo, sin embargo para ese entonces también había hecho un curso de decoración con globos y otras manualidades, mi madrina estaba elaborando un vestido de 15 años y yo estaba cuando la niña y su mamá fueron a la medición del vestido, ella les preguntó si ya tenían la decoración y la torta para la fiesta y la señora dijo que estaban cotizando, les conté que yo les podría prestar este servicio y ese fue mi primer gran evento, con el que me di a conocer y por fin las personas empezaron a creer en mi trabajo, ya era otro ingreso para mi familia, con lo que pudimos ahorrar, compramos un lote e iniciamos la construcción de nuestra casa.

Mi madrina para aquella época ya se había casado por lo civil con Castro, por medio del seguro de la Policía y con recursos de ellos iniciaron un tratamiento para la fertilidad, ella a pesar de tener casi 40 años guardaba la esperanza de ser mamá y el milagro se dio, esperaba su primer bebé y tanto ella como Castro estaban felices y nosotros estábamos felices por ellos, más al saber que iba a ser un niño y que lo llamarían Joaquín, como mi hermano, quien a pesar de estar ausente, seguía en nuestros pensamientos y a diario pedíamos a Dios por su regreso.

Joaquín nació y se le hizo una fiesta para su primer año, yo para ese entonces ya tenía 18 años, seguía capacitándome, con cierta frecuencia viajaba a la capital a actualizarme en nuevas técnicas de repostería. El evento del primer año del pequeño Joaquín fue todo un éxito, asistieron los compañeros de Castro, entre ellos su jefe, quien quedó encantado con la torta y la decoración de la fiesta, me felicitó y me dijo que su hija dentro de poco cumpliría 15 años, que ella vivía en la capital y allá le harían la recepción en un Club de la Policía y me propuso encargarme del evento, a lo cual con emoción respondí que sí, aunque sería mi primer evento de esa magnitud con tantos invitados y en un sitio tan lujoso, un reto enorme que sería e inicio de una etapa en mi vida que venía con grandes cambios y cosas que nunca en mi vida imaginé.

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