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LA REINA DE VEREDA (QUINTA ENTREGA)

Soy Paola Castillo y voy en un taxi rumbo a la casa del hombre que por primera vez me motiva a sentirme bella para él, me inquieta la mirada del taxista por el espejo retrovisor, en varias ocasiones mi mirada se ha encontrado con la suya y eso me incomoda, pero finalmente he llegado a mi destino y el corazón se empieza a acelerar aún más.

Alejandro ya está en la puerta esperándome; apuesto , impecable y con una gran sonrisa se acerca al taxi para abrirme la puerta, al verme se queda inmóvil por unos momentos como si la persona que ve, no fuera la que espera, pero al instante reacciona y mientras me bajo del taxi de su mano me ve de pie a cabeza y me dice que me veo irreconocible, sus palabras me halagan y a la vez me dan confianza porque justo para eso me arreglé, para causar en él ese impacto y esa sensación de admiración, ninguna mujer puede negar que cuando se arregla y se pone bonita para alguien, lo mínimo que espera es que se le reconozca y se le manifieste admiración.

A pesar de que ya me conocía con sus padres y su hermana, Alejandro me presentó como si fuera la primera vez, la verdad este encuentro era muy diferente al anterior, yo estaba trabajando y ellos eran mis clientes, esta vez yo era su invitada. La cena transcurrió en medio de intercambio de anécdotas, de historias sin contar de la niñez de Alejandro y su hermana y también de mi niñez, justamente al tocar el tema del secuestro de Joaquín fue que me acordé de la foto de él que llevaba en mi bolso y la saqué para mostrarles. Alejandro tomó la foto y la observó por unos segundos y su mirada se perdió en medio de recuerdos, me dijo que se iba a quedar con ella y que cuando tuviera algo concreto para decirme, me lo haría saber, que por ahora prefería enfocarse en disfrutar de mi compañía y la de su familia, ya que duraba mucho tiempo sin verlos.

Al terminar la cena Alejandro se ofreció a llevarme a casa, yo estaba viviendo al otro extremo de la ciudad, había tomado en alquiler una habitación amoblada en una casa de familia ya que mi intención era seguir trabajando y estudiar en la capital, durante el camino Alejandro me dijo que en un par de días tendría que viajar por cosas de trabajo, pero que regresaría muy pronto, me dijo que le gustaría volverme a ver, pero que sería después del viaje, ya que debía acompañar a su mamá para unos asuntos médicos de rutina. Al llegar a mi casa , me tomó de la mano, me miró a los ojos y me dijo que se sentía muy bien en mi compañía, que su intención era conocerme más y compartir lo que pudiera en su poco tiempo libre conmigo, de inmediato mi mente empezó a imaginar cosas y me elevé fantaseando con un beso de sus labios, pero un apretón de mano me regresó a la realidad y era él diciéndome que apenas llegara a casa me llamaría, el beso, por lo menos ese día no sucedió.

Decidí finalmente entrar a estudiar Gastronomía y debido a eso mis gastos aumentaron considerablemente, mis estudios ocupaban gran parte de mi día y en el poco tiempo restante organizaba los eventos que me iban resultando, sin embargo, el dinero no era suficiente para subsistir en la capital de manera digna. De Alejandro no volví a saber nada por varios meses, de vez en cuando me comunicaba con sus padres, pero ellos ya estaban acostumbrados a sus largas ausencias, por un momento recordé el motivo por el que su exnovia le terminó y de cierta forma la entendía, se que suena ridículo porque yo no era su novia, pero la verdad pensaba mucho en él y me moría de ganas de volverlo a ver.

Necesitaba tener más ingresos y la temporada de eventos estaba muy floja, así que decidí emplearme por turnos en una panadería cerca de la Escuela de Gastronomía, mi experiencia en repostería hizo que fácilmente me quedara con el trabajo, sin embargo era bastante duro responder por mis estudios y cumplir un horario en la panadería, además la dueña del negocio era sumamente exigente y no tenía el mejor trato con los empleados, entendí por qué el personal poco le duraba, pues todos nos quejábamos porque a pesar de esforzarnos por hacer las cosas bien, la Señora Sandra nunca estaba conforme.

Terminé mi primer semestre con las mejores notas de mi curso, esto me motivaba a continuar a pesar de lo fuerte que era estudiar, trabajar, responder yo sola con mis gastos y ayudar a mi familia económicamente cuando me era posible.

Como no estaba estudiando acepté reemplazar a la cajera de la panadería por un par de días ya que su hija estaba muy enferma y debía atenderla, en las mañanas tenía mi turno como cajera y en las tardes estaba en cocina atendiendo mis responsabilidades, yo tenía a cargo dos panaderos y nos encargábamos de la parte de repostería. El reemplazo de Matilde, la cajera, se convirtió en cosa de un mes, su hija seguía enferma y la Señora Sandra no le permitió tomar más días de permiso, así que la despidió, yo la reemplazaba mientras conseguían a la nueva cajera.

Siempre he sido una mujer muy activa y no me gusta quedarme en un solo sitio, cierto día que la panadería estaba llena, decidí ayudar a las meseras a atender mesas, le tomé el pedido a una clienta y al ir a llevarle el café y la almojábana que me solicitó me dijo que se llamaba Blanca, que le llamaba mucho la atención como una mujer tan bonita como yo estaba atendiendo una panadería, que si hacía algo más aparte de atender mesas, la verdad me sentí intimidada por esta señora y lo primero que pensé era que ella me estaba coqueteando, no le respondí su pregunta y me di la vuelta. La señora al ir a pagar en la caja me dijo que no tomara a mal su pregunta, que ella hacía parte del comité de belleza del departamento y era una de las encargadas de buscar la reina que los representara en el reinado nacional, y que a pesar de estar con uniforme, sin maquillaje y gorro de tela, mi belleza le había causado impacto, que le gustaría que nos entrevistáramos en el salón de belleza de un amigo de ella y habláramos con más calma del tema, me dejó su tarjeta de presentación y se marchó.

Días después ya la cajera nueva había ingresado a trabajar y regresé a mi turno normal en las tardes, tenía las mañanas libres y organizando mi cuarto encontré la tarjeta que me había dado la Señora Blanca, siempre he sido desconfiada y la verdad no creía del todo lo que la señora me dijo, así que recordé que Iván, el peluquero que me arregló el día de la cena donde los padres de Alejandro me había dicho que él atendía reinas y modelos, la verdad me intrigaba más saber si ella decía la verdad, así que decidí visitar el salón de belleza de Iván ese día, tan pronto me vio llegar me recibió con una gran sonrisa y me dijo que lo esperara mientras terminaba de atender una de sus clientas.

Le comenté a Iván sobre la señora Blanca y le mostré la tarjeta que me había dejado, me dijo que justamente ella lo había llamado a contarle que conoció una chica muy bella en una panadería y que quería que la viera para darle su visto bueno, él jamás se imaginó que fuera yo, pues desde la única vez que nos vimos no volvimos a hablar y en ese momento yo no trabajaba en la panadería. Iván me preguntó que si realmente a mi me interesaba ser reina, que no se trataba solo de ser bonita sino de querer soportar todo lo que implicaba llegar a una competencia de belleza, hacer dieta, ejercicio, leer mucho, tomar clases de pasarela, de oratoria, aprender a comportarse en eventos sociales, manejar a la perfección los tacones y mucho más, yo realmente quería descartar si esa señora no me estaba coqueteando y se había inventado ese pretexto para hacerlo, pero obviamente no le dije a él que se trataba de eso, después de una charla con Iván sobre reinas y reinados terminó dándome una cita para el fin de semana para enseñarme a caminar en tacones y a comportarme en diferentes eventos sociales, acepté su invitación entusiasmada por aprender cosas nuevas que sabía que me iban a servir para la vida, independientemente de si iba o no a ser una reina de belleza.

Por el resto de mis días de vacaciones de la escuela me vi casi todas las mañanas con Iván, aprendí el arte de caminar en tacones, de sentarme bien, de saludar correctamente e incluso aprendí un poco de maquillaje , él no le contó a la señora Blanca que nos estábamos viendo, me dijo que ella tenía casi lista una sobrina suya para concursar, pero que quería para el siguiente año llevar una chica más linda y preparada ya que era consciente de que a su sobrina solo quería cumplirle el sueño de ser reina, pues aunque bonita no tenía los suficientes atributos para destacarse en el reinado.

Luego de dos semanas de estar aprendiendo tanto con Iván, empecé a tomarle el gusto al tema de la belleza y me esmeraba por aprender más, al punto que acordamos que yo llamaría a la señora Blanca para que nos viéramos y así darle la sorpresa de verme muy distinta a como me vio la primera vez.

Estaba próxima a iniciar mis clases de la escuela de gastronomía y un sábado en la mañana me dirigía al salón de belleza a cumplirle la cita a la Señora Blanca, yo llegué un par de horas antes para que Iván me arreglara, usé el mismo vestido negro y corto que había comprado para verme con Alejandro, pero esta vez lo llevaba con unos tacones muy altos, me sentía como de dos metros, pero caminaba segura, me sentía confiada en ellos gracias a las clases que había tenido con Iván. La señora Blanca llegó, saludó a Iván, se quedó viéndome, yo estaba sentada en un sofá y le preguntó a él, que yo quien era; Iván le respondió que yo era la chica que ella estaba esperando, ella no lo podía creer, me pidió que me levantara del sillón y se quedaron viendo fijamente con Iván por unos segundos y a la vez dijeron “No busquemos más”.

Lo siguiente fueron citas y encuentros con los demás miembros del comité de belleza, con representantes de empresas patrocinadoras, con un diseñador de modas, en fin, la señora Blanca estaba convencida de que había encontrado a la próxima reina de belleza del país y del universo. Me dijo que yo debía prepararme muy bien, que me saliera de trabajar, que ellos iban a asumir todos mis gastos de preparación, pero hasta ese momento yo a ella no le había dicho que aceptaba ser reina de belleza, todo eso para mí parecía una especie de sueño donde yo era la princesa y ella era mi hada madrina, le dije que a pesar de yo ser una mujer independiente, quería consultarle la decisión a mi familia, que para mí era muy importante la opinión y el apoyo que podía recibir de mis padres, a lo que ella de inmediato respondió que era una oportunidad que muchas mujeres estaban buscando y no podían tener, que para ella no había motivo alguno para que mis padres o yo decidiéramos no aceptar, finalmente fue ella quien decidió viajar conmigo a mi pueblo para hablar con ellos.

Hacía bastante tiempo no iba a mi pueblo, para mí se volvió tan cotidiano maquillarme y estar bien arreglada, que no caí en la cuenta de que ya no era la misma mujer que salió del pueblo hace unos meses, mis padres y mis hermanas se sorprendieron al verme tan cambiada, de hecho había bajado varios kilos porque el trajín de estudiar y trabajar habían hecho lo suyo con mi cuerpo, casi toda la ropa que tenía ya me quedaba grande, siempre fui una mujer delgada, pero como decía Iván, para ser reina de belleza nunca estarás lo suficientemente delgada.

La señora Blanca no permitió que yo tocara el tema con mis padres, fue ella quien los abordó y les planteó todo el tema, mi papá estaba muy sorprendido y mi madre casi que en medio del llanto le dijo que desde que fui reina de mi vereda, ella siempre soñó con verme en algún concurso de belleza, pero era consciente de que era algo muy lejano, al ver las reinas en televisión sabía que se necesitaba de mucho dinero y para ella solo las mujeres de la alta sociedad podrían lograrlo.

La señora Blanca aprovechó su estadía en el pueblo para reunirse con el Alcalde y la primera dama, quienes le ofrecieron todo el apoyo ya que por primera vez una mujer nacida en el pueblo sería reina del departamento y participaría en el Reinado Nacional. Estuvimos un par de días en mi pueblo, y de regreso a la capital, recibí una llamada, era Alejandro para contarme que estaba de regreso y que quería verse conmigo, sentí mariposas en el estómago, a pesar de estar tan involucrada en el tema de ser reina y en mis estudios todos los días pensaba en él y quería que llegara el día en que volviera a verlo.

Al día siguiente Alejandro fue a recogerme a la escuela, fue tanta mi emoción al verlo que lo abracé por varios segundos y sentí que sus brazos eran el lugar donde siempre quisiera estar por el resto de mis días. Le conté lo que estaba sucediendo en mi vida, que para el año siguiente yo podría ser la reina del departamento y él me dijo que nuestro departamento tendría la reina más bella de su historia, sacó de su bolsillo una cajita forrada en tela y me la entregó, era un par de aretes brillantes hermosos, me contó que los compró para que los usara esa noche, que quería salir a cenar a un restaurante conmigo y sus padres, me sentí feliz y emocionada, sabía que era importante para él y eso me hacía sentir totalmente plena.

Ya yo sabía maquillarme y me arreglé bella para él, esa noche me puse tacones. un vestido rojo y los aretes que me regaló, me sentía hermosa. Alejandro pasó por mí, iba con sus padres en el auto y partimos hacia el restaurante; ellos estaban también muy felices de verlo, al llegar al restaurante nos contó que tendría aproximadamente un mes libre y que luego partía para Estados Unidos a un curso de inteligencia en temas informáticos que duraría aproximadamente tres meses, una vez terminada la cena y frente a sus padres sin mucho rodeo me pidió que fuera su novia, era lo que siempre quise escuchar pero no sabía que decir, sus padres para nada se veían sorprendidos, tal vez él ya les había dicho algo, pero de inmediato manifestaron que se sentían felices si yo aceptaba ser su novia, obviamente dije que si, no con palabras sino con el beso que siempre quise darle, por primera vez en mi vida, a mis 20 años tenía un novio, iniciaba una relación estable, una relación tan formal que la propuesta me la hizo frente a sus padres, lo que me daba la certeza y la seguridad de que la cosa iba en serio.

Durante el siguiente mes Alejandro y yo nos vimos todos los días, casi siempre me iba a recoger a la escuela, lo acompañaba a hacer diligencias suyas o me llevaba a hacer compras para los eventos que me salían, como ya no trabajaba en la panadería había vuelto a lo mío y como la señora Blanca me lo había prometido, ellos se habían hecho cargo de los gastos de mi preparación, tres días a la semana debía asistir a clases de pasarela, oratoria, inglés y protocolo, empecé a ir al gimnasio y a un centro de medicina estética, donde con diferentes técnicas moldeaban mi figura, los cambios eran evidentes, sentía que estaba viviendo un cuento de hadas y que además tenía mi propio príncipe azul.

Pocos días antes de que Alejandro se fuera del país me dijo por teléfono que tenía noticias sobre mi hermano, de inmediato mi pasado se me vino encima, no sabía qué tipo de noticia iba a darme sobre Joaquín, solo me dijo que teníamos que vernos personalmente y que no podía darme por ahora ningún detalle.

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