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La onda de ser influencer: facturar a puro click

Los usuarios más populares de las redes sociales explican cómo es su trabajo cotidiano. Las estrategias.

Son los amos de la cultura like. Los influencers marcan tendencias y la agenda de los millennials y centennials. Viven a puro me gusta e inciden en el público.

Las redes sociales dinamizaron la comunicación y los usuarios populares encabezan un cambio disruptivo en el escenario digital. Divierten, tienen miles de seguidores, pero también imponen debates. Instagramers, youtubers o twitteros forman parte de un universo con alcance ilimitado y son codiciados por las grandes marcas.

“Ser influencer es lograr transmitir un mensaje, llegar con una idea, un concepto que le interese tanto que lo comparta o hasta que cambie ciertos hábitos y costumbres de su vida”, define Agustin Stegmann, uno de los artífices de @granberta, junto Guido Boetsch, quienes tiran magia en cada video con efectos especiales.

Juampi González, comediante y standapero con más de 647 mil followers entre todas sus redes sociales, considera que ese término “está definido por las marcas”. Las empresas “piensan que somos capaces de influenciar a las personas debido a que somos uno más de ellos”, reflexiona.

Los medios masivos impedían cumplir con un viejo axioma del marketing comunicacional: la mejor publicidad es el boca a boca. “Con la aparición de las redes sociales resurge ese enunciado y los mejores para realizarlo son los influencers. Son como los validadores”, cuenta Santiago Olivera, publicitario y CEO VMLY&R Argentina.

Un click, una visualización o un me gusta se refleja en el analityc de las redes y terminan incidiendo en los contenidos. “Me maquino mucho con los números. Le presto bastante atención porque veo la repercusión”, se sincera Chapu Martínez, el autor de los virales “traeme la Copa Messi” y “estoy saliendo”, quien además cuenta con más de un millón de seguidores ¡sólo en Instagram! Sin embargo, “hago lo que me gusta, pero realizo una evaluación constante”, aclara.

Ganar un like puede ser una obsesión. Lucas Lezin, comediante, actor y miembro del grupo Hecatombe!, desdramatiza ese concepto: “Miro el analityc por los horarios de publicación. Me interesa saber cuándo funciona mejor subir un video o historias, sobre todo si tengo que trabajar con una marca”. La estrategia es clave para traccionar likes pero en la previa lo “único que pienso es en algo que pueda empatizar”, advierte quien tiene más de un millón de seguidores en Instagram.

Improvisación versus planificación, esa parece la cuestión. “No pienso los contenidos. Surgen a partir de situaciones de la vida cotidiana que identifico. Se improvisan, aunque son pocos los que puedo llegar a guionar, pero todo en mi cabeza”, relata Belu Lucius, influencer y comediante con alrededor de ¡dos millones de seguidores entre todas sus redes sociales!

La experiencia también es un factor clave para romper con los métodos preestablecidos. “Antes escribía más, pero en las redes sociales trato hacer humor más universal, abarcativo e identificable para que pegue, pero también hay que estar más avispado de lo que se habla y está de moda”, comenta Juampi González.

La estrategia para subir contenidos no está librada al azar. “No me permito que pasen más de dos o tres días sin publicar un contenido porque sé que eso le da frescura y reactiva la cuenta. En cambio todos los días subo historias”, diferencia Martínez.

¿Se puede vivir de ser influencer? “Si querés, tranquilamente. Yo no lo elijo porque tengo otros trabajos, pero también podés usarlo como un trampolín para mostrarte al público. Cada uno busca su destino”, reflexiona Lucius, quien además de sus shows de Stand Up, trabaja en una fábrica de autopartes y tiene un emprendimiento de yogurt helado con su marido.

En tanto, para Stegmann “depende de muchísimas cosas”, pero por “sobre todo los costos”, plantea el co responsable de Gran Berta, quienes lograron facturar cinco millones de pesos en un año haciendo contenidos para sus redes sociales en donde también publicitan películas de Disney y planean armar “una serie para alguna OTT (Netflix/ Amazon/Movistar Play/ Flow) que han mostrado interés”, adelanta.

El canje o cobro por nombrar un producto es un recurso que cruza a instagramers, periodistas o actores. “El rango de precios es infinito. Si a una celebridad le vas a pedir que tuitee o que comente le tenés que pagar como si fuera una publicidad para televisión, o sea que es carísimo”, cuenta Olivera. La tarifa por mención, posteo o campaña “puede ir desde los cinco a cien mil pesos”, asegura.

Los influencers tienen una máxima que resume Lezin: “Si trabajo con una marca trato que a mis seguidores no les caiga mal ni que piensen que les estoy encajando ni vendiendo algo de prepo. No es ‘compre ya’”.

Los preconceptos también son una barrera para derrumbar, ya que “es un laburo que está re contra mal visto porque muchos consideran que hacés videítos Sí, los hago, pero lleva un mucho tiempo grabar, editar y tener reuniones con marcas”, afirma Martínez.

Ser influencer conlleva una gran responsabilidad porque “hay que ser cuidadoso con lo que se publica y transmite porque justamente influye a los pibes. Trato de dar mensajes positivos, de respeto, tolerancia e igualdad. Es mi bandera y sobre todo la de Hecatombe!”, cierra Lezin.

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