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LA MODA HOLDS HER HORSES

No quedaba otra. El ritmo que se llevaba en el mundo/circo de la moda pre-covid era enfermizo y poco sostenible no solo a nivel medioambiental, sino social, físico y psicológico para todos los que lo vivían (y lo sufrían).

¿8 colecciones al año? ¿Cruceros? ¿Pretemporadas? ¿Pa’ qué?

No nos daba tiempo de asimilar que los maxicinturones de piel de potro superpuestos en abrigos xxl de estampado tropical iban a ser lo más en la AW que ya estábamos viendo oooootra colección de Resort con mules de plataforma infumables.

Por eso ya han sido muchos los que han levantado la mano (unos más alto que otros) para decir que mira, que ya está bien, que si con esto del covid se va a parar la maquinaria, intentemos que cuando la pongamos en marcha de nuevo no lo haga para volver a petar.

Y eso pasa por reducir la producción, la conceptualización y el fashion show en general.

El primero al que escuché opinar al respecto fue a Marc Jacobs. En una de las Vogue conversations de la cuarentena, decía que ahora mismo no se planteaba siquiera cómo ni cuándo sería la vuelta, pero que debía reescribirse el sistema tal y como lo conocemos. Se lo tomaba como un periodo de reflexión e introspección en el que replantear el sistema.

Le siguió el señor Armani, que a sus 85 años denuncia una sobreexplotación del mundo del lujo que tiene un sentido más bien tendente a cero. Su reflexión es más vital que modil y traslada la experiencia del coronavirus a la UX del cliente que irá a las tiendas tras el confinamiento.

“Es posible que apreciemos más las cosas simples de la vida y, por lo tanto, cuando vayamos a comprar artículos, bien podemos hacerlo más cuidadosamente, con más consideración, y apreciarlos aún más por ello. Esta crisis es una oportunidad para desacelerar y realinear todo; para definir un paisaje más significativo.”

El último en unirse a la queja/reivindicación ha sido Alessandro Michele. El director creativo de Gucci ya demostró en la normalidad normal que es capaz de destacar como pocos, y en la nueva normalidad se propone seguir haciéndolo saliéndose del calendario habitual para pasar de las temporadas y de los cánones preestablecidos.

“Voy a abandonar el ritual agotado de las temporadas y los desfiles para recuperar una nueva cadencia, más cercana a mi forma de expresión. Nos reuniremos solo dos veces al año para compartir capítulos de una nueva historia. Capítulos irregulares, alegres y absolutamente libres que serán escritos difuminando las normas y los géneros, alimentándose de nuevos espacios, códigos lingüísticos y plataformas comunicativas“.

Siempre nos han dicho que Inditex tiene, en gran parte, la culpa de esa aceleración insana de la moda. Que nos hemos acostumbrado a que la oferta de nuevos modelitos se adelante a la demanda, haciendo de la compra por impulso la reina del fast-fashion.

Si esto ya tenía poco sentido con la moda a pie de calle, el hecho de que el diseño y el lujo en general se subiera a ese tren en marcha fue poco menos que un despropósito. Así que clap, clap, clap, por aquellos que se han plantado y que están haciendo que la moda recapacite.

Y la reflexión puede pasar de la moda a cualquier otro sector si nos fijamos en este más que acertado titular de eldiario.es: “No tienes síndrome de la cabaña, es que no quieres volver a la vida de mierda.” Así que, a riesgo de convertirme en Mrs. Wonderful, os lo suelto con la convicción de que es posible en el fondo: hagamos que este parón sirva para algo, por supermegautópico que suene. Joder.

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