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La moda de ser libre

Hace unos días, mientras hablaba con mis amigas (lo sé, dan mucho juego en este blog), surgió una idea interesante sobre la que reflexionar: la existencia de la moda (de vestir). Sé que esto daría para un debate sociológico que probablemente se ha iniciado cientos, miles de veces ya antes, pero no por ello deja de resultarme interesante.

Esta idea surgió porque compartí con ellas en nuestro grupo de WhatsApp una noticia sobre la vuelta al candelero de los pantalones de tiro bajo que todas llevamos en nuestra bendita adolescencia. Esta noticia, lejos de causar la controversia que yo esperaba, alegró bastante a mis amigas, que lloran a escondidas por la vuelta del bajo vientre al aire.

Yo, que me he vuelto una señora de bien que siente frío a la mínima de cambio en los riñones (¿en serio? ¿cómo te llamas y qué has hecho conmigo?) me mostré frontalmente en contra de la vuelta de esta moda, ¡prefiero llevar la cinturilla del pantalón a media altura! Ni que tape el ombligo, ni que baje cinco centímetros, no. En el centro. Ni pa’ ti ni pa’ mí. Nada de inclinar la balanza.

El caso es que, mientras debatíamos acaloradamente sobre las modas en los pantalones, mi amiga María soltó esta frase con la que no puedo estar más de acuerdo: “no deberían de existir las modas, cada una debería escoger el pantalón que más le guste y ponérselo, no importa si es “sobaquero” o de tiro bajo”. Ea. ¡Pues claro que sí! Las modas a veces nos esclavizan, nos hacen comprar o llevar cosas que juramos que nunca llevaríamos (algo que yo, personalmente, llevo muy mal, lo de desdecirme), y denostar otras que seguimos amando en secreto y que guardamos en un lugar oscuro del armario esperando a que vuelvan a llevarse. Hacen que gastemos más de lo que deberíamos y, lo que es peor, muchas veces nos hacen infelices, generan en nosotros necesidades que de otra forma no tendríamos.

¿Por qué, vamos a ver? La presión social, la industria textil, las redes sociales, lo que vemos en la televisión…todo nos lleva en la dirección del cambio y el consumo constantes. No os voy a aburrir con el debate eterno de la “fast fashion” y demás, porque no soy una experta en moda y hay mucha gente que sabe muchísimo más que yo sobre el tema. Un fenómeno que, dicho sea de paso, es algo mucho más grande y que afecta a muchos más aspectos sociales, aquí podríamos debatir sobre el propio estilo de vida y el consumo salvaje de toda la sociedad en su conjunto.

Pero, y aquí llegamos al quid de la cuestión, la vida cambia, los sucesos inesperados ocurren (¿o acaso tú sabías hace un año que en 2020 una pandemia iba a tenerte confinada?) y ahora se nos presenta una maravillosa oportunidad de cambio. Este año ya hemos parado las máquinas para todo. No hemos viajado ni hemos sido infelices por no hacerlo (espero); no hemos tenido que ir a la oficina, ni hemos tenido que maquillarnos como cada día. Tampoco hemos podido ir a todos los restaurantes de moda. Y, aunque el choque para toda la sociedad ha sido brutal, no ha pasado nada.

Pues bien, si no tienes que salir tanto de casa, al menos por ahora, ni vives la misma vida que antes…¿por qué no cambiar también la forma en la que consumes moda textil? Ya no te hace falta tanta ropa, puedes tener menos (seguramente no vayas todos los días a la oficina) y explotar más la que ya tenías. ¿Que te gustan los pantalones de pana? ¡Pues ponte aquél que todavía guardas en el armario (y te vale)! ¿Que prefieres los pantalones de tiro bien alto? Pues dale. ¿De tiro bajo? ¡También! (Ojo con llevarlos a trabajar, ¡¡no te vayas a acatarrar con la tripa al aire, por Dios, que ya tenemos bastante!!).

En fin…que solo quería reflexionar sobre las oportunidades que se nos presentan para ser un poquito más libres, esquivando la dictadura de las tendencias. Y si te gusta muchísimo seguir las tendencias, ¡pues fenomenal también! Pero no mires por encima del hombro a mis amigas cuando vayan por la calle con sus pantalones de tiro bajo y sus bandanas en la cabeza en pleno 2020, ¿vale? ;)

Foto de portada de Cristina Cifuentes.

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