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La industria de la moda 8 años después del derrumbe del Rana Plaza.

La confección de ropa es uno de los procesos más contaminantes y con peores condiciones laborales. A pesar de las iniciativas internacionales, los cambios se producen con lentitud.

El 24 de Abril de 2013 sucedía el desastre en Bangladesh. El edificio de ocho plantas Rana Plaza se colapsaba sobre más de 5.000 personas, matando a 1.134 e hiriendo a 2.437.

En el edificio trabajaban sobre todo mujeres, contratadas por cinco contratistas locales para manufacturar ropa para 30 marcas internacionales. Los trabajadores ya habían denunciado con anterioridad la precariedad del edificio. El 23 de abril, el día anterior al derrumbe, se detectaron grietas tan graves que aparecieron en varios canales de noticias locales.

La tragedia sirvió para destapar las pésimas condiciones de trabajo presentes en muchas fábricas textiles. Las grandes marcas se vieron forzadas a firmar acuerdos que mejorasen la seguridad laboral de sus trabajadores, lo cual se materializo en El Acuerdo de Bangladesh.

Este acuerdo ha impulsado inspecciones, cursos y reformas que permiten a más de 2 millones de personas trabajar en fabricas seguras. Sin embargo el Acuerdo de Bangladesh finaliza en mayo de 2021 y no hay señales de que se vaya a renovar.

A pesar del impacto inicial de la noticia, muchas de las personas que resultaron heridas no han tenido acceso a un tratamiento continuado de sus secuelas y en la actualidad tienen problemas para salir adelante.

Una industria sucia

La denominada como fast fashion, moda rápida, es un modelo de negocio basada en ropa barata y con bajos tiempo de producción. El modo de conseguir esto se basa en trasladar la producción a países donde las leyes laborales y ambientales son laxas.

La industria de la moda es la segunda industria más contaminate del mundo.

  • Es responsable de la contaminación del 20% del agua dulce por sus procesos de teñido y tratamiento de las telas.
  • Las fibras de los materiales sintéticos liberan microplásticos que acaban en los océanos y contaminan las cadenas tróficas.
  • El 87% de la ropa acaba en vertederos o es incinerada, mientras que el 30% de las prendas producidas no se venden y se tiran sin haber sido llevadas ni una sola vez.
  • Es la causante del 10% de las emisiones anuales globales de carbono.
  • Tiene un rol importante en la deforestación y la degradación del suelo por los procesos empleados para cultivar las materias primas.

Los químicos tóxicos y dañinos para el medio ambiente empleados en la fabricación de estas prendas a menudo sigue presente en el resultado final. Un estudio de Greenpeace encontró restos de estas sustancias en ropa de hasta 14 marcas internacionales.

Entre las sustancias detectadas se encontraban plomo, nonilfenoles, ftalatos, PFCs y formaldehído. Todos ellos son tóxicos para la salud humana y pueden causar disrupciones hormonales entre otros efectos.

El cambio

En 2018 se aprobó en el Parlamento Europeo la directiva sobre residuos, en la cual se establece que los países miembros deberán recoger los textiles por separado para 2025. De este modo se evita su acumulación en vertederos y se favorece la economía circular.

La Unión Europea también está implementando una etiqueta ecológica a la que pueden acedes los textiles que garanticen:

  • Uso limitado de sustancias dañinas para la salud o el medio ambiente.
  • Reducción de la contaminación de lagua y el aire.
  • Colores resistentes al lavado, la transpiración, los roces y la exposición a la luz.

Desde la Organización de las Naciones Unidas se ha impulsado la Alianza por una Moda Sostenible. Este proyecto pretende cambiar la dirección de la industria de la moda, reduciendo sus impactos ambientales y sociales negativos, convirtiéndola en un motor del desarrollo sostenible.

La moda sostenible se presenta como una de las principales alternativas a la fast fashion. También llamada slow fashion, o moda lenta, se basa en procesos de producción respetuosos con el medio ambiente llevados a cabo bajo buenas condiciones laborales y con tejidos de calidad a fin de conseguir prendas que duren más tiempo.

Las prendas de segunda mano son otra buena opción. Últimamente han proliferado las apps, los portales y las tiendas físicas especializadas en darles una nueva vida a la ropa que ya no nos ponemos pero que están en buen estado.

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