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La Filosofía ¿está de moda?

A medida que uno se va sumergiendo en sectores culturales interesados propia y casi exclusivamente por la Filosofía, puede experimentar el espejismo de que esta esté “de moda”. Según algunos la pesadez pandémica ha revitalizado la actividad analítica y crítica propia de los filósofos, y en consecuencia se ha recurrido a ellos para obtener respuestas ante la incertidumbre que nos asola.

Mas siento despertar del estado onírico a algunos para comunicarles que si algo no tiene la Filosofía es eso que, de forma brusca y forzada, se le está exigiendo: respuestas. Aún más, tengo la intuición de que lo que se está buscando son relatos esperanzadores, si puede ser, o consultando el oráculo de un dios que no se sabe dónde se halla -si así se hallase en lugar alguno- y atribuyendo a los filósofos la función que tenían las Pitonisas en el templo de Delfos, a saber, comunicar como mediadores la voluntad de los dioses o su sabiduría. Pero lejos de esas atribuciones, inconscientes y casi mágicas, que se deposita en los filósofos, nadie puede dejar de constatar que la diversidad de prospecciones que pueden llegar a obtenerse son tantas como sujetos sofós se consultan, ya que en lo que confluyen no es más que en lo que resulta obvio, ya que de facto ya está teniendo lugar.

La Filosofía puede contribuir a repensar en qué maraña o entramado sociopolítico y económico vivíamos inmersos cuando llegó la pandemia, y a raíz de esta indagación sugerir cambios que podrían resultar benéficos para el conjunto de las sociedades. Pero bien sabemos que dicho análisis de poco sirve, porque las modificaciones de la estructura social y económica no son el objeto de interés de los que poseen el poder de decidir -y me abstengo de identificarlos por confusos y diversos- Así que, aquello en lo que podría contribuir la reflexión filosófica no es lo que se demanda y lo que se demanda no puede llevarlo a cabo la porque no es ninguna actividad profética.

En conclusión, parece que surte efecto hacer creer que la filosofía está “de moda” porque puede transmitir una percepción de interés por encontrar mejores formas de vida; pero dar voz como diásporas aisladas a través de publicaciones o intervenciones puntuales en medios de comunicación es un ejercicio inútil. Quizás sirva para que algunos se cuestionen aspectos o formas de vida que hasta ahora constituían la normalidad, y que tal vez la pandemia puede haber puesto en crisis, como necesaria normalidad. Pero dudo que una sociedad tan científica y tecnológica -aunque el covid19 haya evidenciado toda su fragilidad- como la nuestra se deje interpelar, realmente, desde sus fundamentos por unos cuantos “iluminados” que están siendo usados, a mi entender como “monos de feria” y distractores. ¿Quién recordará, superada la pandemia, alguna acertada sugerencia, entre las voces alzadas? ¿No restarán en el olvido como una estrategia de consuelo y apaciguamiento para que los ciudadanos creyeran que había un auténtico interés por mejorar algo?

Soy escéptica, tal vez porque la naturaleza de lo filosófico es relevante y fructífera allí donde no se la espera, allí donde supone una ruptura de lo establecido sin que este desee cambio alguno. Si la Filosofía es considerada relevante cuando a los medios de comunicación les parece interesante, solo nos queda sospechar de que va a ser utilizada al servicio de voluntades que se nos escabullen.

Así es que, personalmente, prefiero que, viendo el tipo de sociedades en las que vivimos, la Filosofía permanezca ignorada y deba irrumpir cuestionando el orden establecido, si es necesario con el martillo nietzscheano, cuando no la reclame ni dios -valga la referencia-.

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