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La era de los probadores inteligentes

Moda y tecnología cada vez van más de la mano. Los procesos de diseño y producción se modernizan continuamente gracias a la tecnología.

El consumo en tiendas físicas tiende a ser más experiencial. Las grandes marcas de moda buscan retener a sus consumidores en el punto de venta y ofrecerles una experiencia de consumo diferente y personalizada. Y en este momento clave del proceso de venta, la tecnología se vuelve un recurso muy interesante, además de convertirse en una valiosa herramienta para almacenar datos de consumo.

Esta tecnología podrá llegar a hacer mucho más rápidos los procesos de compra, y es que mientras el 36% de las personas que acuden a una tienda física acaban comprando, el 71% de los que se prueban una prenda en los probadores, acaban convirtiéndose en consumidores según Paco Underhill, autor del libro The Science of Shopping.

Pero no solo esto, sino que toda esta información obtenida acerca de las decisiones de compra de los clientes será de vital importancia para las marcas a la hora de identificar nuevas tendencias de consumo y tomar decisiones estratégicas de cara al futuro.

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¿Es este el primer paso para convertir las tiendas de moda en un autoservicio?

En el año 2015, Zara implementó cajas de autoservicio en una de sus tiendas de A Coruña. Con estas cajas, el cliente era el único implicado en la compra: desde coger la prenda, hasta meterla en la bolsa para salir de la tienda. Al estilo de los supermercados, lo único que teníamos que hacer era pasar la prenda por el lector, que a su vez anula la alarma, y pagar con tarjeta de crédito introduciendo el número PIN.

Esta es una forma de evitar acumulación excesiva de personas y reducir tiempos de espera, ideal para días señalados de ventas, como las rebajas. Pero también es una forma fría de tratar al cliente, convirtiendo la tienda en un simple almacén.

Lo que en un principio se denominó omnichannel, y ahora comercio integrado, supone una brecha con las formas tradicionales, como para la tercera edad, un peligro para ciertos segmentos de mercado. Eludir la parte humana puede suponer un peligro si se rompe por completo el trato con el cliente.

La compra online, por sí sola, tampoco es la solución: límites de talla, falta de comunicación, etcétera. Cuando compramos online no podemos tocar, sentir o probarnos la prenda y que, si después de recibirla no nos gusta, debemos rellenar formularios de devolución. La respuesta sigue estando en el producto. Los probadores inteligentes son ese crucial paso intermedio. Las tiendas del futuro parecen abocadas a ser simples escaparates, expositores para poder ver la ropa, probárnosla y comprarla o bien en el momento o vía online. Frente al sistema clásico, el probador inteligente marca la diferencia y es un gran atractivo para que las tiendas físicas puedan competir con el comercio electrónico. Olvidémonos de los “podría haberme probado otra talla” o “debería haber preguntado si lo tenían en rojo”.

La supervivencia del comercio tradicional pasa por readaptarse a favor de la comodidad, la inmediatez y la inclusión de servicios integrados, y todo esto beneficiándose de las ventajas del mundo físico y digital gracias a las nuevas tecnologías.

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