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Fui de compras intentando, insisto intentando, ser un poco más sostenible

Últimamente me persigue un sentimiento de culpa cuando compro… No tanto por la compra en sí -que también-, si no por todo lo que conlleva para el medio ambiente: bolsas, paquetes (si lo compras online), plástico dentro de cajas, toneladas de papel dentro de los paquetes, y un sinfín de cosas superfluas que no se hasta que punto son necesarias (perdón por contradecir a Voltaire, del que una vez leí esta frase en una tienda: “Lo superfluo, algo muy necesario”). Claro que Voltaire no vivió en la época de la crisis climática.

Ir al supermercado sin gastar bolsas ni comprar cosas con plástico ya lo llevo tachando de la lista hace unos pocos años… Pero al comprar todo lo demás, se hace más difícil.  “No depende tanto de mi” dirás. Y yo creía lo mismo, pero hice un experimento para malgastar menos a la hora de comprar ropa (pero se puede aplicar a muchas otras cosas):

Para hacer la prueba, fui a una de las tiendas de un grupo multinacional español con sede(s) en Galicia cuyo nombre no voy a mencionar. Hay que decir que si lo intentas en una tienda vintage o en tiendas que se declaran ser de moda sostenible (que no te la cuelen), tienes mucho ganado, como explicaba en Latest Hunting la amiga Elena Mañas.

Lo primero que tienes que hacer es entrar en la tienda. Si no, mal. A partir de aquí:

  • Piensa bien si vienes en busca de algo en concreto que te hace falta o de lo que te has enamorado. Si tu intención es pasearte por la tienda “a ver si ves algo”, quiere decir que no necesitas esa prenda, y así, de primeras, ya estás evitando malgastar recursos del planeta.
  • Pruébate SIEMPRE la ropa antes de comprarla. Esto es importante para el punto 4. En mi caso era (soy) demasiado vaga para hacerlo y me iba a mi casa a probármelo cuando no me sintiera tan vaga. A veces devuelvo las cosas, a veces no.
  • En el momento de pagar, pide (si lo tienen disponible) el ticket electrónico. Te diría que no pidieras ticket de papel si ya te has probado la ropa, pero nunca se sabe si al ponértelo el día 1 se le va a caer un botón o vete a saber, porque  precisamente si por algo se caracterizan estas tiendas a las que me refiero es por producir en mega masa, con lo que a veces la calidad está en segundo plano.
  • ¡No pidas bolsa! Ni aunque sea de papel. NO la necesitas. Tráete esa de tela que tienes en casa, y si puede ser con un mensaje de esos con los que intentas cambiar el mundo, mejor. Aquí tiene la culpa la idea que tenemos por culpa de las películas de que cuanto más glamurosa sea la persona, más bolsas y de distintas tiendas llevará. Pues, hombre, tampoco hace falta.

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  • Si esta tienda te venía de paso para ir al trabajo, a casa, o a donde sea, genial. Pero tampoco es lo ideal que cojas el coche para ir a una tienda en concreto en el otro lado del país para una prenda.
  • Con las compras online, si te vienen en una caja que contiene plástico de burbujas, papel de seda, purpurina y hasta un pez en una bolsa de plástico, pues poco puedes hacer. No volver a comprar en esta tienda ficticia, por supuesto. Pero en los casos reales lo que sí puedes hacer es asegurarte de que todo ese embalaje va al contenedor de reciclaje y pedir recoger el pedido en la tienda, si te pilla cerca del trabajo o de camino a casa. Y escribir a la firma de ropa “que ya está bien de tanta parafernalia”. Igual con una persona alarmada no cambia la cosa, pero con un buen puñado de quejas seguro que se lo plantean.

PD: No nos vamos a engañar: lo que conseguirás con esto es bastante poco. Además, toda la contaminación y malgasto de recursos naturales que provocan estas fábricas al producir la ropa no lo podrías compensar ni en 2.000 vidas tuyas. Pero por lo menos de esta forma haces un poquito, aunque sea poquito, por el planeta . Y si quieres más consejos, ya habíamos pegado la chapa con esto en: “Cómo comprar menos para que la ropa te dure más“.

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