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Evolución de la corsetería


¿Sabías que los primeros corsés datan del siglo XVI? Estoy hablando de los corsés como prenda femenina, esos que se utilizaban entre la aristocracia y la nobleza y que muchos hemos conocido a través del cine, con actrices como Gwyneth Paltrow en “Shakespeare in Love”, o Keira Knightley en “Piratas del Caribe”, o muchas otras películas de época en la que dicha prenda formaba parte habitual del vestuario de ciertas clases sociales. Pero dejando de lado el cine, lo cierto es que cuando yo personalmente escuchaba hace años la palabra “corsé”, no podía evitar darle una connotación negativa, eran una palabra y una prenda que me provocaban como primera reacción, una cierta angustia, pues se me venían a la imaginación esas mujeres de antaño que apenas podían moverse, a las que les costaba incluso respirar, y todo para cumplir con unos estándares de belleza y lucir un cuerpo estilizado ocultando tras esa prenda su verdadera figura.

Lo que está claro es que ya entonces se trataba de conseguir esa silueta perfecta a través de una prenda de vestir, que de aquella se valía de varillas metálicas para conseguirlo. Y si avanzamos en el tiempo y nos vamos al siglo XVIII, nos encontramos que lejos de convertirse en una prenda menos “agresiva”, se pone de moda apretarla cada vez más y más, hasta crear artificialmente cinturas estrechísimas, irreales, al tiempo que se conseguía alzar el pecho. Películas ambientadas en esta época como “Casanova”, “Dartagnan y los tres mosqueteros” o “Amadeus” siguen dando buena fe de ello ¿Os imagináis por un momento una vida entera teniendo que convivir con esa prenda tan incómoda y agobiante? Está claro que por esta y por muchas otras razones, ser mujer nunca ha sido fácil.

Pocos cambios hubo en el siglo XIX, y un claro ejemplo de ello lo tenemos en la escena más famosa de la historia del cine con un corsé como protagonista ¿Quién no recuerda a Mammy, la criada de los O’Hara, poniéndole el corsé a la “Señorita Escarlata”, y apretando más y más hasta conseguir esa “minicintura” acorde con los estándares de la alta sociedad de la época? Recordemos que la película está ambientada en plena guerra de Secesión americana, a mediados del siglo XIX.

Pero por suerte, todo evoluciona, la moda, la mentalidad, la búsqueda de una mayor adaptación y confort, y como consecuencia, incluso esta prenda que durante siglos mantuvo su carácter opresivo sobre la mujer ha dejado al fin de tenerlo. Y es así que en las postrimerías del siglo XIX, en 1876, se funda Chantelle, actual “Chantelle Lingerie”, que ya en 1902 fabricó su primer corsé, aunque en un principio, estaban dedicados a fines médicos.

Sin embargo, años después Chantelle se convirtió  oficialmente en tienda de lencería (1949) y se centró en la creación de prendas cada vez más ligeras, cómodas, que cumplen su objetivo de realzar la femineidad al tiempo que respetan el confort y el bienestar de la mujer, gracias a la utilización de tejidos elásticos cada vez más sofisticados. Empresas como Chantelle han contribuido a que la mujer no solo haya aprendido a luchar por todos sus derechos y a hacerse valer como pilar esencial de la sociedad moderna, sino que también ha aprendido a primar la comodidad e incluso la salud ante cualquier estándar de belleza, por demandado que éste sea. La mujer decide qué prenda desea usar y cuándo desea usarla. Y Chantelle ha contribuido a ello poniendo a su disposición productos de calidad que priman ante todo, esa comodidad que había sido secundaria durante siglos.

En este punto podemos hacer referencia a los famosos aros. Un buen producto, con aros debidamente formados, hechos con materiales adecuados, no tiene por qué ser incómodo u hacer daño. Lo fundamental es que la elección de la talla sea la correcta, por eso es tan importante probar las prendas y dejarse asesorar por la gente que trabaja a diario con esos productos. No olvidemos que Chantelle Lingerie y otras empresas del sector fabrican multitud de prendas diferentes para atender a las diversas morfologías de las usuarias. Una clienta que se siente especialmente cómoda con tu prenda, es una clienta que ganas para toda la vida, y eso prima a la hora de invertir tiempo y dinero en el desarrollo de tejidos, materiales y tecnologías de forma y sujeción cada vez más evolucionados, como viscoelástica (tal cual, como en los colchones), spacer (tejidos 3D)…

Finalmente, la evolución de una prenda que como dije al principio, tiene ya cinco siglos de historia, tiene su punto culminante en la aparición de las famosas tallas únicas, que hace tiempo serían impensables, pero que hoy en día son posibles gracias a la increíble elasticidad de las microfribras de última generación, que convierten las prendas en una especie de segunda piel, sin costuras, y con remates invisibles (ejemplo las braguitas soft stretch). Cuánto habrían pagado por prendas así las mujeres más pudientes de la sociedad de aquel lejano siglo XVI. Y es que la mujer actual cuenta con tecnología punta a su disposición para que la salud y comodidad de que gozan, conviertan aquellos tiempos en lejanos, muy lejanos. Por fortuna…

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