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En el escritorio

En el escritorio

20190216_155931 Carolina no durmió esa noche pensando en Andrés. Ese hombre se había convertido en su obsesión desde el primer día que lo vio. Era percfecto, decía en cada pensamiento o ensoñación: inteligente, guapo, alto, elgante, caballeroso… Tenía 37 años. Todo eso pensaba. Y tal vez hasta buen amante, decía para sí, y eso quería comprobar. Andrés trabaja en un despacho de abogados; compartía oficina con su amigo Alex; este último llevaba casos familiares. Andrés se encargaba de casos inmobiliarios. Cuando Carolina vio el anuncio por internet se fijó en lo atractivo que era Andrés. De inmedito se comunicó a la oficina e hizo una cita. A las 8:00 de la mañana llegó al despacho. Pase señora, García, el doctor la está esperando. Había ido a resolver lo de su viejo apartamento. Quería venderlo y mudarse a una casa más amplia. Pensaba formar una familia algún día… Al llegar a la oficina de Andrés se quedó impactada; ese hombre era más atractivo de lo que imaginaba. Saludó y tomó asiento. -Buenas tardes, señora, García. Veo que quiere vender una propiedad. -Sí, quiero cambiarme a una casa más grande. Tal vez usted podría ayudarme en eso también. Aunque toda la coversación giró en torno al negocio, ella estaba más concentrada en ese hombre que le movió las sensasiones desde que lo vio en su red social. Tres semanas después… Desde que salió esa tarde del despacho de Andrés no dejó de fantasear con él. Mientras salía del baño sonó su móvil. Señora, Gracía, el señor Manzare le tiene noticias sobre la venta de su apartamento. Ella era una mujer de armas tomar y sin rodeos y llegó lo más pronto que pudo; más que por su apartamento por ver a Andrés. -Señora, García, conseguimos un interesado en su apartamento, solo unos papeleos y ya está. -Confío en usted. Comprobé que tiene buena recomendación. -Puede llamarme solo Carolina. -¿Qué le parece si celebramos? – dijo ella. Ella no era de las que aguardan para luego. Él había logrado la venta de la propiedad en tiempo récord. -No acostumbro a salir con mis clientes… -Ya zanjamos el negocio, por lo que no tiene de qué preocuparse -lo interrumpió. Llegaron al restaurante cerca de la oficina de Andrés. -Este lugar es maravilloso -dijo Andrés. Pidieron la orden y disfrutaron de un rico almuerzo. Hablaron de todo un poco. -Debemos irnos -apuntó él. -Debo entregarle unos documentos a mi secretaria y ya casi cerramos. Si deseas puedes acompañarme un café en mi despacho. Esa iniciativa le gustó mucho a Carolina. -Encantada. Terminó todo lo que tenía pendiente con Lory, su secretaria, y se despidió de Alex que ese día parecía que iba a ligar; era un seductor muy guapo. Hablaron una serie de trivialidades. Carolina rompió el silencio. -Muy bueno el café -dijo mirando a Andrés. -Me dijeron que era buena la máquina de café. Veo que tenían razón. Ambos rieron. -Eres un hombre muy elegante y atractivo, debes tener un montón de mujeres a tus pies -expresó ella curiosa. -Ja, ja, ja. No te creas. He vivido entre libros y no creo que me ayude mucho -dijo con una reluciente carcajada. Carolina rió satisfecha. -Yo enviudé hace dos años y aquí estoy tratando de empezar a reorganizarme, por eso quiero cambiarme de casa. -Por cierto, me gustaría solicitar de tus servicios. Quiero una nueva casa para cuando regrese de un viaje de negocios que haré a Centroamérica. -Estamos para servirte -dijo. -Creo que es hora de irnos, pero puedo acompañarte si quieres -dijo Andrés. -Me encantaría -dijo ella. -¿Tienes baño aquí? – preguntó Carolina. -Sí, en ese pasillo -señaló. Carolina se dirigió a retocarse y cuando llegó lo hizo con una fragancia que agradó a Andrés. -Rico perfume… – Es jazmín – dijo ella acercándose a su oído. Ese acercamiento fue electrizante y provocador para él. Carolina tomó la iniciativa y lo besó. Él no se negó y ella respiró aliviada por no hacer el ridículo. Carolina llevaba una falda, medias champagne y una blusa de satén que Andrés acarició hasta endurecerle los pezones. De prontro, la sentó en el escritorio y le levantó la falda besándola. Le quitó las medias como todo un “playboy” y ella sentía que moría. Deseaba a ese hombre que ya no era una fantasía. -Andrés se bajó los pantalones y volvió a acariciarla. -¿Espera, tienes preservativo? -preguntó ella. Andrés abrió el cajón, sacó uno y se lo mostró. Se colocó el preservativo. Le desabrochó la blusa, la besó en el hombro inspirando su aroma de jazmín y tomó uno de sus pechos con la boca. Ella echó la cabeza hacia atrás con las manos fijas en la hermosa cabellera de Andrés. Él la haló y la puso en la orilla del escritorio y de una embestida la penetró. -Ah -esbozó satisfecho por la suavidad vaginal de Carolina. Carolina se sentía en las nubes. Andrés dijo algo en francés y ella se excitó,  echó de nuevo la cabeza hacia atrás y con las piernas al aire afincó sus manos en el escritorio y movió las nalgas que él sostuvo hasta hacerla estallar. Luego él se entregó a Carolina, dejándolo todo en un rico orgasmo entre quejidos de voz grave y abrumador placer. Los jadeos de ese hombre fue la mejor melodía que escuchó en años. -Además de buen abogado, eres un buen amante – dijo Carolina exhausta. -No sabes nada -dijo Andrés y la besó, haciéndola vivir otra vez una experiencia suprema en el escritorio de su despacho de abogados. @letraspink  

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