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Ella se vistió de esencia

Jazzy se pregunta mientras se encuentra en un café, con aire Francés, bebiendo un sorbo de su capuccino: ¿ser diferente o ser clon? ¿para qué tipo de mujer diseño? Después de observar durante toda su vida, personas que querían ser fotocopias. Un mismo peinado, mismo vestuario, los mismos hábitos, el mismo patrón de esas tendencias que iban y venían en un mundo repleto de clones que observan extrañados, a esas personas que se atreven a ser diferentes.

Para Jazzy ir a un Brunch (desayuno tardío) era un lujo que no se podía dar todos los días, debido a su estilo de vida tan inquieto como su mente imparable. Antes de seguir, quiero que conozcas un poco más de Jazzy:

Ella es una mujer que busca inspiración en cada rincón, en cada ambiente, es algo así como una cazadora de historias epifánicas. Ella decidió ser la mujer de sus sueños y por eso, estaba en busca de su propia conquista.

Una vez se dijo a sí misma que sus emociones positivas serían el velero de su vida. Su pasado ya no sería un ancla para su nuevo comienzo. Ahora ella sabe de qué está hecha. Es ella, tan ella, con sus delirios de diva, con un revoltijo de ideas, creaciones y sueños en su cabeza. Es ella hasta los huesos. Sí. Por fin se acepta como es. Pero todo no había sido siempre así.

Alguna vez se sintió minúscula, se sentía perdida en un mundo extraño, un mundo que ella sentía ajeno a sus comportamientos, a su personalidad, a su esencia. Pensaba que había nacido en una época equivocada, que era un alma vieja, por eso su peculiar atracción por las antigüedades, la música ochentera, las películas clásicas, el jazz era su catarsis y su forma de vestir, siempre tan atemporal, tan auténtica, tan dinámica y creativa. Ella no ha sido amiga de seguir tendencias, todo lo contrario, para Jazzy, es ley de oro seguir su esencia, sus gustos y su estilo propio. Siempre ha pensado que los guantes deberían volver a ser un “debo tenerlo en mi armario” o “must have” al igual que los sombreros, para tener un look muy al estilo Audrey Hepburn en Breakfast at Tifanny´s.

Mientras bebe un sorbo largo de su Capuccino sabor a vainilla, de repente siente una quemazón, estaba todavía caliente, ese acelere tuyo, se decía a si misma. Ahí está, te quemaste la lengua y ahora el Cheescake no te va a saber a nada. En ese momento, tiene un grato recuerdo de infancia, que confirma su gusto por la moda, por la esencia de la indumentaria en tiempos memorables. Venía de cuando era una chiquilla que soltaba frases sin filtro, cuya imaginación volaba sin malicia alguna. De aquella vez que se fue con su tío a un centro comercial y vio un vestido negro. Se quedó parada frente a la vitrina observando el tono del vestido, relacionando el significado del tono con una ocasión para lucirlo. Aquella niñita blanca, flaquísima, con ojos enormes que parecían un par de nueces, soltó una frase épica: ¡está divino para un luto! Su tío la observó asombrado y luego soltó a reír. Él entendió, finalmente, que para aquella chiquilla inquieta con locas ocurrencias de gran sentido, la moda era un lenguaje.

Así es como todo tiene un significado, muchas veces colectivo y, otras veces, tan particular como nuestras experiencias. Ese sentido individual es el que determina la esencia de cada persona, por eso Jazzy se inspira en elaborar diseños con un toque diferencial, que se expresen, que comuniquen. Es una receta que los hace orgullosamente auténticos, con un gran atractivo latente.

Ella cree en historias fuera de serie, en el amor como un motor de vida, en el arte como la mejor medicina, en la esencia como la razón de ser y en la pasión por vivir y descubrir el mundo con los sentidos y las emociones. También entiende, que llegarán a su vida personas y lugares que serán de inspiración para ella. Sin embargo, es consciente que en medio de todo, su mayor prioridad es conquistar su reino, un reino que solo puede conquistar por sí sola, o mejor dicho, con ella misma. Ella, tan ella, tan insistente, tan visionaria, tan llamativa, con ínfulas de actriz de los años 50s, ella tan ella, en el cuerpo de personajes que solo su loca cabeza puede maquinar. Ella es una constante lucha libre por su amor al arte y su obsesión por ser una niña buena.

Ahora, en aquel café, se encuentra Jazzy, leyendo un libro de Truman Capote y, al mismo tiempo, escribiendo sus pensamientos. Ella quiere todo a la vez. Aquel lugar la representa desde la frase del letrero que cada día dice algo distinto, hasta cada minúsculo espacio. Las tazas de café con azulejos y cerámica, en tonos que se adaptaban a la luz del lugar. Los asientos con un estilo Art Noveau, con detalles que la inspiran a comenzar un grandioso día y una gran historia. En ese momento le da una señal de pare a su mente inquieta y dispersa, que siempre está en función, maquinando e imaginando. Decide sentir la música. Es una combinación de Jazz y blues, con un toque sensual. De inmediato se siente como una diva en una de esas películas clásicas. Ese era su momento epifánico, así lo bautizó Jazzy. De repente, su realismo mágico se estrella con la voz del mesero que le dice: disculpe, la mesa está reservada. Hoy hay un Brunch y justo esta es la mesa elegida. Se me olvidó colocar el aviso. Ella tan gestual como siempre, arrugó su frente y mordió su labio inferior, recoge su libro, lapiceros, su agenda, su Cheescake a la mitad y sus infaltables post – its y se dirige a otra mesa, que justo le queda al lado de la ventana del lugar. Desde ahí observa a los transeúntes, mientras sigue pensando en sus diseños y en lo maravilloso de ser diferentes, en que vestirse de esencia es una tendencia que jamás pasará de moda.

La historia continuará…

Gracias por leerme y hasta pronto :).

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