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El vestuario de las mujeres musulmanas en Europa, ¿religión o desigualdad?

por Catalina Martínez González

El tema de la mujer en el Islam es muy amplio, por esta razón, se hablará del vestuario utilizado por ellas, específicamente del velo usado en sus múltiples formas, tratando de responder si es un tema de subordinación por la religión o un tema de desigualdad en Europa.

El velo, específicamente el hiyab no es un símbolo exclusivo del Islam, pues según la historia su uso ha sido generalizado en el Mediterráneo. Antes del surgimiento del Islam, las mujeres ya se velaban los cabellos y gozaban de una condición social diferente a la actual. El velo se puede entender como identidad de la mujer, así como la visibilización hacia otros de sus inclinaciones religiosas. En cuanto al uso de las diferentes clases de velo o pañuelo islámico, se supone una manifestación externa de la libertad de creencias de las creyentes que lo portan en los distintos ámbitos en los que se proyecta su vida pública, el mismo posee un rico valor simbólico que lo asocia con el Islam (Llanos, 2015).

Alrededor del velo islámico y sus diferentes formas, se han presentado varios debates en Europa, pues se cree que el modo en que están “vestidas las mujeres musulmanas, se extrae una consecuencia clara: una mujer velada es una mujer sometida, sumisa y controlada en el marco de un modelo patriarcal especialmente duro” (Pascual, 2016). Así como para unos el velo es la representación de la sumisión y desigualdad, para otros es la representación del Islam, convirtiéndose así, en una discusión entre mujeres musulmanas y mujeres laicas.

En el libro sagrado del Corán, no existe distinción de sexo en el mismo plano ante Dios, pero se nota una preferencia hacia el hombre, situación que genera un grado de inferioridad en la mujer, lo que marca una dualidad entre la igualdad teológica y la desigualdad social, visibilizando la relación entre la esfera pública y privada. Se habla de una esfera pública cuando las mujeres no pueden acceder a sus derechos, por ejemplo, la educación. En 1987 en Francia, el colegio Gabriel-Havez, le prohibió el ingreso a niñas que se presentaron a clases con el velo islámico, recordándoles el carácter laico de la enseñanza pública en Francia (Llosa, 2003).  Igualmente, tanto niñas como mujeres son vistas como peligro para el estilo de vida y la democracia en occidente, por usar el velo en espacios públicos. En Francia, el velo se ha transformado en un campo de lucha para la sagrada laicidad constitucional, buscando leyes que prohíban los signos religiosos en la escuela, especialmente el velo. Pero la prohibición del velo no solo se ha visto en Francia, en Alemania, la cuestión del velo ha dado lugar a diversos pronunciamientos judiciales con repercusiones legislativas.

Pero, para la mujer musulmana, el pañuelo musulmán conocido también como el hiyab, representa un signo de modestia, el ocultamiento en el espacio público, por obligación religiosa o, en los casos en que a este elemento se le atribuye una dimensión política, de señal de identidad, de expresión visual de la sociedad y de la cultura a la que se pertenece (Motilla, 2009). Aunque tanto el hiyab, el chador o el burka, se consideran prendas de discriminación de la mujer musulmana, de su desplazamiento político y de su sumisión al hombre, el uso de estas prendas, se han convertido en obstáculo para la integración de las musulmanas en Europa, lo que evidencia tensiones y contradicciones en la sociedad occidental.

Las mujeres musulmanas se enfrentan a varios obstáculos, desde su relación con la religión, hasta la presión social ejercida por la sociedad y su misma familia, pues el primero le exige que olvide su tradición, se libere de la religión y se convierta en una mujer moderna, mientras el segundo, le exige que las defienda como mecanismo de autodefensa (Andujár, 2012). La necesidad de vestir el velo aparece en el Corán, lo que hace indiscutiblemente que su sentido sea religioso, igualmente es importante tener claro, que el velo es una costumbre de determinados países, incluso anteriores al Islam. El uso del velo también se asocia con la cultura y la moral, lo que en ocasiones no se logra determinar la protección que debe tener, pues es una línea muy delgada entre costumbre y práctica religiosa, considerándose esta última como un derecho fundamental, derecho que debe ser protegido, en caso de conflicto de derechos como ha sucedido en Francia y Alemania (López & López, 2004).

Desde la mirada de la Sociedad Occidental, el velo y sus diferentes formas, se consideran como un elemento de desigualdad, pues se establece como un símbolo de discriminación hacia la mujer. Se podría decir que la mujer porta el velo porque su religión lo determina, pero también se hace importante mencionar si ella cuenta con la libertad para portarlo, o si su grupo familiar ejerce alguna presión para que ella se oculte bajo el velo. Sin embargo, no se puede excluir que a menudo el velo convive con un espíritu independiente, estudios y autonomía económica. Es decir, se viste el velo, pero al mismo tiempo se está integrada dentro de la sociedad democrática, a todos los efectos (López & López, 2004). Las mujeres musulmanas, dentro del ámbito político han denunciado el exceso de preceptos coránicos en contra de su igualdad, y así mismo, han empezado a luchar por la reforma y modificación de los mismos.

Hoy en día, los movimientos islamistas representan un peligro para su misma comunidad, pues estos movimientos pretenden volver a la esencia del Islam, lo que ha dificultado el diálogo entre las mujeres feministas y las islamistas, éstas últimas, en el caso marroquí ocupan más escaños en el parlamento que las primeras, y suponen un nuevo obstáculo para el reconocimiento de la igualdad entre los sexos. En estos tiempos, las mujeres no deben estar sujetas al discurso masculino, pues ellas se han convertido en líderes de su propio discurso, trascendiendo de la esfera privada a la pública, donde su voz ha ganado fuerza y reconocimiento, aunque no se puede omitir las diferencias existentes entre los distintos estados islámicos e incluso dentro de un mismo país, así como la mirada que tiene la mujer creyente de la religión islámica, que vive por fuera de los países donde profesan esta religión, pues esto le permite tener una mirada diferente de los derechos humanos (Pérez Álvarez & Rebollo Ávalos, 2009)

De todo ello resulta, que no se puede afirmar que determinadas prácticas que simbolizan desigualdad, se utilicen como elemento de opresión de los derechos de las mujeres. Así como el Estado vela por sus principios religiosos, también está en la obligación de promover la igualdad de los mismos en la sociedad. Si bien es cierto que el velo y sus diferentes formas en Occidente es visto como desigualdad y discriminación de las mujeres, generando grandes debates, no se puede desconocer que la lucha contra estos ha sido notoria en los últimos tiempos, sin embargo, hay que tener claro que estas luchas no se pueden realizar sin la participación de las mismas mujeres musulmanas, pues aquí se hace importante conocer su percepción sobre los diferentes estereotipos que occidente ha construido de ella a partir de su religión. Esto no debería considerarse discriminación y desigualdad, porque entonces ¿en dónde queda la igualdad, la tolerancia hacia el otro y el respeto de los diferentes credos? Además, hoy se podría entender que el velo es una reinterpretación de lo que significa ser mujer en las sociedades musulmanas contemporáneas, pues en ocasiones sucede que lo que para unos es opresivo para otros no.

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