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El top manta abre una cadena de tiendas para vender ropa de su propia marca

“Ropa legal hecha por gente ilegal”. Con esta frase, el Sindicato de Vendedores Ambulantes de Barcelona presentó su nueva marca de ropa, Top Manta en julio de 2017.. “Queríamos mejorar nuestras condiciones de vida y buscar alternativas a los productos de imitación”, explicaba un vídeo donde se presentan los distintos modelos de camisetas, sudaderas y bolsas disponibles. Para ello, se formaron en moda y tendencias, apoyados por la publicación PlayGround. Crearon varios diseños exclusivos en los que narraron su viaje desde Senegal hasta llegar a territorio español y la lucha por los derechos que emprendieron desde entonces, enfrentándose a redadas policiales y sanciones…

Foto Lluis Tudela

Por Eduardo Bayona

“A los manteros no les gusta hacer este trabajo en la calle. Son especialistas en otras cosas, algunos con carrera, y estamos intentando abrir una vía”, explica Idrissa Gueye, responsable de la asociación Ilumina Senegal y uno de los líderes del colectivo de manteros de Zaragoza, que este jueves abrirá la segunda tienda top manta del país en el número 37 de la calle San Lorenzo, en la replaceta donde esa vía confluye con Cortesías y Estudios.

La semana que viene le seguirá otra en Madrid y, pasadas las navidades, una más en Bilbao; todas ellas en una incipiente red comercial estructurada en torno a la Tienda Topmanta de Barcelona, que lleva cinco años vendiendo su propia marca de ropa y complementos (Topmanta) bajo el impulso del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de esa ciudad.

“Va a ser todo ropa de primera mano que viene de Barcelona, y nosotros vamos a añadir nuestras propias ideas y a incorporar lo que nosotros creamos aquí”, señala Idrissa. De hecho, el local que estos días están montando tiene reservados dos espacios para instalar máquinas de coser con las que los miembros del colectivo elaborarán prendas de vestir y bolsos de tela africana. También hay espacio reservado para los libros y para la artesanía.

Y perspectivas de crecimiento. “Tenemos proyectos para ampliar en Huesca y Teruel, y también en Zaragoza ciudad. Nuestra intención es llegar a más lugares en Aragón”, cuenta Idrissa. Los preparativos para saltar hacia el norte comenzarán después de las navidades, que es cuando puede comenzar a perfilarse el segundo local de la capital. “Si merece la pena, después de Reyes abriremos otra tienda en Zaragoza. Esperaremos hasta entonces para valorar si vale la pena ampliar”, añade.

“Son dos proyectos: la tienda y apoyar a los manteros”

La tienda es una parte del proyecto que impulsa Ilumina Senegal, o, mejor, uno de los proyectos que confluyen en el local. “Estamos intentando conectar las ideas que tenemos desde hace tiempo y montar un proyecto de ropa en conexión con el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona” (el mismo que en marzo transformó su taller de confección de Barcelona en una fábrica de mascarillas y batas para hospitales catalanes), indica, antes de desgranar algunas de esas ideas que lleva tiempo madurando el colectivo Ilumina Senegal.

Estas incluyen, entre otras, el asesoramiento para tramitar los papeles o iniciativas de inserción laboral para el medio centenar de manteros que antes de la pandemia se ganaban la vida en las calles de Zaragoza. “Ilumina Senegal desarrolla dos proyectos: la tienda y apoyar a los manteros”, resume.

El colectivo sufrió una sacudida con el estado de alarma, ya que su actividad se redujo a cero y el hecho de operar en la economía sumergida (el principal sector económico del país, con un 20% del PIB) les dejó al margen de las ayudas extraordinarias. Subsistieron gracias al apoyo de las redes informales de los barrios y a la que organizó el propio colectivo para distribuir alimentos y bienes de primera necesidad.

“Hemos aprendido bastante con la pandemia, que es una crisis peor que la de hace unos años. Hicimos una campaña para ayudar a los manteros, peros sabemos que eso no es suficiente”, anota Idrissa. “Buscamos una alternativa para intentar cambiar la imagen del grupo. Queremos crecer para ser un centro social y hacer en él asesoramiento jurídico para conseguir papeles y trabajo digno”, explica.

Pese a que la situación de la mayor parte del colectivo es cualquier cosa menos boyante, optaron por ponerse las pilas en lugar de instalarse en el lamento. Y entre confinamientos y restricciones han conseguido estar a punto de abrir las puertas del local.

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