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El puño en alto, el poema de Juan Villoro que también movió a México

Ante el desastre. Hacen falta palabras de esperanza, de fuerza; porque la vida sigue, y como sociedad tenemos que seguir avanzando.

El viernes 22 de septiembre de 2017, pocos días después del sismo, amanecimos con un poema que conmovió a todas las redes sociales. Fueron las palabras del escritor y periodista Juan Villoro, publicadas en su columna del diario Reforma, las que nos llegaron profundo, en el alma, en el corazón.

Eres del lugar donde recoger la basura.

Donde dos rayos can en el mismo sitio.

Porque vista el primero, esperas el segundo.

Y aquí sigues.

Donde la tierra se abre y la gente se junta.

 

Otra vez llegaste tarde: estás vivo por impuntal,

Por no asistir a la cita

Que a las 13:14 te había dado la muerte,

Treinta y dos años después de la otra cita,

A la que tampoco llegaste a tiempo.

Eres la victima omitida.

El edificio se cimbró y no vista pasar la vida ante tus ojos,

Como sucede en las películas.

Te dolió una parte del cuerpo que no sabías que existía:

A piel de la memoria, que no traía escena de tu vida,

Sino del animal que oye crujir a la materia.

También el agua recordó lo que fue cuando era dueña de este sitio.

Tembló en los ríos.

Tembló en las casas que inventamos en los ríos.

Recogiste los libros de otro tiempo,

El que fuiste hace mucho ante esas páginas.
Llovió sobre mojado después de las fiestas de la patria,

Más cercanas al jolgorio que a la grandeza.

¿Queda cupo para los héroes en septiembre?

Tienes miedo. Tienes el valor de tener miedo.

No sabes qué hacer, pero haces algo.

No fundaste la ciudad ni la defendiste de invasores.
Eres, si acaso, un pordiosero de la historia

El que recoge desperdicios después de la tragedia.

El que acomoda ladrillos, junta piedras, encuentra un peine,

Dos zapatos que no hacen juego, una cartera con fotografías.

El que ordena partes sueltas, trozos de trozos, restos, sólo restos.

Lo que cabe en las manos.

El que no tiene guantes.

El que reparte agua.

El que regala sus medicinas porque ya sé curó de espanto.

El que vio la luna y soñó cosas raras, pero no supo interpretarlas.

El que oyó maullar a su gato media hora antes y solo lo entendió con la primera sacudida cuando el agua salía del excusado.

El que rezó en una lengua extraña porque olvidó cómo se reza.

El que recordó quién estaba en qué lugar.

El que fue por sus hijos a la escuela.

El que pensó en los que tenían hijos en la escuela.

El que se quedó sin pila.

El que salió a la calle a ofrecer su celular.

El que entró a robar a un comercio abandonado y se arrepintió en un centro de acopio.

El que supo que salía sobrando.

El que estuvo despierto para que los demás durmieran.

                                          

El que es de aquí.

El que acaba de llegar y ya es de aquí.

El que dice “ciudad” por decir tú y yo y Pedro y Marta y Francisco y Guadalupe.

El que lleva dos días sin luz ni agua.

El que todavía respira.

El que levantó un puño para pedir silencio.

Los que le hicieron caso.

Los que levantaron el puño.

Los que levantaron el puño para escuchar si alguien vivía.

Los que levantaron el puño para escuchar si alguien vivía y oyeron un murmullo.

Los que no dejan escuchar.

Con información de mexicodesconocido.com

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