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El plástico, de incógnito

Con justa razón, piensa Maritornes, estamos poniendo ahora sí más atención en los plásticos de un solo uso y estamos intentado dejar de utilizarlos, o sacarles su máxima posible vida útil o sustituirlos por materiales biodegradables. Empero, el pitillo, la botella de plástico para el agua, la bolsa de plástico para la compra y el plato de poliestireno, fáciles de identificar como culpables de buena parte de la polución del mar y de la contaminación visual de los paisajes, tienen unos primos hermanos que pasan de agache.

            El poliéster, el nailon y el acrílico que han permitido a la industria de la moda fabricar prendas baratas de corta temporada, modelo en el cual se basa hoy en día el éxito de muchas de las grandes marcas de ropa, son, en esencia, plásticos. Es decir, mientras le decimos vade retro al tenedor de plástico, nos estamos vistiendo sin miramientos con sus parientes cercanos. Es cierto que la ropa se puede reutilizar, pero su eternidad ambiental y lo que suma en partículas de plástico a las aguas servidas que acaban en los mares y en los ríos, y en la cadena alimenticia, es un asunto menos visible.

            Toda esta ropa en abrumadoras cantidades para la temporada, y en sobrecogedor exceso en época de descuentos, en que hay que venderla a como dé lugar para poder llenar los ganchos de prendas nuevas, es un sinsentido ecológico sobre el que, si queremos ser de verdad comprometidos y consecuentes en nuestra postura frente al medio ambiente, tendremos que poner la mira. No se va a extinguir el planeta porque nos pongamos de vez en cuando una blusita de flores de nailon, pero sí es importante que sepamos que, en esencia, nos estamos vistiendo con una bolsa plástica que, al final de su vida útil, se comportará igual que la del supermercado, es decir, sobrevivirá cientos de años abultando un relleno sanitario, cuando no convertida en longevos jirones que afean playas y riberas de los ríos.

            Es sabido que muchas marcas queman los excedentes de inventario cuando no pueden venderlo ni siquiera en descuento. El asunto es que la forma como nos vestimos tiene un gran impacto en el medio ambiente. No parecería tener mucho sentido crear prendas baratas e imperecederas para tener que terminar quemándolas. Mucha de la moda efímera, que paradójicamente suele ser la más perdurable por los materiales sintéticos con los que está hecha, es posible porque se fabrica con derivados del petróleo.

            Lo que Maritornes quiere decir es que poco nos hemos detenido a pensar en que a veces la industria de la moda (es decir, nosotros que le hacemos el juego) pasa inadvertida como corresponsable de una forma de vida derrochadora e inconsciente. Nuestros abuelos se vestían de lana y de algodón perdurables y nobles, y la mayor garantía que se buscaba al comprar era que las prendas sirvieran sobre el cuerpo por muchos años, y no que sirvieran tres meses antes de proseguir su camino cierto hacia alguno de esos variados lugares donde mora eternamente lo no biodegradable.

Mayor información en:

 

https://www.vox.com/the-goods/2018/9/19/17800654/clothes-plastic-pollution-polyester-washing-machine

 

Part 3 | The Changing Face of Fashion: The Plastics Agenda

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