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El misticismo de lo femenino: la historia detrás de Flor de Venus, la colección de MAZ-Manuela Alvarez en el BFW

La diseñadora se inspiró en la forma que ofrece un fenómeno astronómico del planeta Venus, conocido como Flor de Venus —nombre su propuesta— para celebrar el regreso a sí misma. Descubre acá todos los detalles.

Las colecciones de Manuela Álvarez, directora creativa de MAZ, salen de lo más profundo de su ser. Su creación es un ejercicio de autoreflexión que encuentra eco en lo simbólico. De hecho, cada propuesta de la diseñadora incluye una representación de lo femenino.

En esta ocasión, encontró en la Flor de Venus, la excusa perfecta para expresar un profundo sentimiento. “Es un viaje introspectivo que comienza con una pérdida o un duelo transformador que abre las puertas a vernos por dentro sin filtros”. Según dice en las redes sociales de la marca, la colección es “una celebración de volver a nosotros mismos, la celebración de llegar a nuestro núcleo para sentirnos en paz con nuestras mentes, espíritus y cuerpos”. 

Desconozco cuál sea el origen de esta reflexión, pero en el desfile que presentó en el segundo día de pasarelas del BFW quedó claro que su estilo de diseño llegó al punto de maduración. Ese momento en el que se silencian las voces externas y solo se escucha la que surge de adentro.

Tampoco sé qué le haya dicho ese yo interno durante el ejercicio de construcción de esta propuesta, pero el resultado se siente como lo que expresó en la cuenta de Instagram de la marca: “en paz”.

En Flor de Venus, Manuela logra la articulación perfecta de todos los ingredientes que caracterizan a MAZ: por un lado, la moda lenta, que acoge lo artesanal, pero también un trabajo sostenido con las comunidades que mantienen los saberes ancestrales de nuestro país; por el otro, lo femenino, a lo que le rinde homenaje a través de lo simbólico, y, finalmente, la sastrería masculina, que complementa esa visión mística sobre lo que significa ser mujer.

Lo artesanal se refleja en las aplicaciones de chaquiras tejidas que realizó a vestidos, camisas, blusas y suéteres en partes específicas: los hombros, la pechera y los senos (lo femenino). En ellas, las comunidades indígenas que trabajan con la diseñadora recrearon la Flor de Venus, una fascinante rosa geométrica que teje la órbita del planeta del amor, la belleza y la feminidad en relación con la Tierra durante un tiempo específico, conocida como el “vals del universo”. 

Este mítico baile se recreó, así mismo, en el tejido en telar que le dio vida a abrigos de lana gruesa y en los chumbes, una faja, también tejida en telar (aunque diferente al de los abrigos), que se utiliza para ceñir la cintura y que es reflejo del ser femenino en las poblaciones indígenas del Putumayo, al sur del país. Además, en las siluetas sinuosas de los vestidos y suéteres tejidos que también son un atributo de lo femenino.

La sastrería estuvo presente, porque forma parte del origen de la marca y es algo que Manuela ha mantenido intacto desde el primer día. Blazer, chaquetas y camisas asimétricas de aire masculino se mezclaron con pantalones y faldas de cuero de diferentes siluetas, abrigos acolchados y tejidos de silueta oversized, y prendas de lana tejidas con hilos sin trabajar (tejer) para crear una sensación de volumen. 

“Flor de Venus es una colección compleja y versátil en la que encontramos lanas, algodones, cueros y telares hechos a mano, bordados de chaquira con técnicas ancestrales, tejidos de gran volumen y piezas arquitectónicas”, aseguró la creadora.

Más allá de compleja, creo que es honesta. Cero pretenciosa. Solo el juicioso ejercicio de una mujer que tiene mucho para decir y que lo hace en el tiempo justo.

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